La biblioteca de Babel
Tras casi dos años de este gobierno se siguen haciendo anuncios y gastando recursos para la Biblioteca Nacional, que no parecen tener ningún elemento de seriedad o de realismo.
Parece haber algún punto de contacto entre la fantástica biblioteca imaginada por Borges en el cuento homónimo, y nuestra Biblioteca Nacional.
No porque esta contenga en forma caótica todos los libros posibles, proyectados al infinito, sino porque el procedimiento para concretar la famosa "biblioteca del futuro" a esta altura resulta tan caótico como eternizado.
Tal fue la sensación cuando escuchamos al ministro de Educación y Cultura José Carlos Mahía, el martes pasado, refiriéndose al postergadísimo y misterioso proyecto.
Consultado por la prensa luego de comparecer en el Parlamento para informar sobre la rendición de cuentas, el secretario de Estado declaró en forma textual que "yo siempre digo lo mismo. Estamos hablando de la Biblioteca Nacional, que primero era prácticamente en desuso del uso del ciudadano en general. ¿Por qué? Porque cambiaron las tecnologías, porque el acceso al conocimiento en el siglo XXI es bien distinto a lo que era hace 30, 40 años atrás. Entonces, se trata de un bien patrimonial que el ejecutivo tiene que cuidar. Ahora, incluso en las acciones primeras de refacción que ya están en marcha, se encontró después de muchísimo tiempo la piedra fundacional. Entonces, estamos en esta etapa de elaboración del proyecto estratégico, junto con el MTOP, y yo aspiro el próximo mes ya a tener pronto ese proyecto. Pero vamos a hablar, por supuesto, con los actores incluidos, los funcionarios de la Biblioteca, el público en general. Yo diría que por primera vez en décadas la Biblioteca Nacional no administra un deterioro que venía sostenido, por distintas razones, y empieza a presentar una propuesta de proyección hacia el futuro".
Pasando en limpio, aparentemente la única novedad es que encontraron la piedra fundacional. Todo lo demás es más o menos lo mismo que vienen diciendo desde el 26 de mayo de 2025 (¡hace ya un año y medio!), cuando aprovecharon el Día del Libro para cerrarla por tiempo indeterminado. Fue una medida intempestiva que sorprendió a propios y ajenos; la administración Orsi recién arrancaba; nadie entendió muy bien qué razón había para privar al público del servicio, y así lo expresaron contundentemente tanto el Pen Club Uruguay como la Casa de Escritores. El argumento de que la biblioteca es un bien poco menos que obsoleto, porque "el acceso al conocimiento es bien distinto a lo que era antes", no es de recibo.
El valioso acervo bibliográfico y documental que conserva la institución no se sustituye por una mera consulta a ChatGPT. Las excusas de que la infraestructura estaba deteriorada, tampoco. En aquella oportunidad, el exdirector Valentín Trujillo aclaró que durante su gestión se realizaron las obras de mantenimiento necesarias y que ninguna debilidad parcial justificaba el cierre. Tampoco era cierto entonces, ni ahora, que no hubiera demanda, como si no existieran estudiantes e investigadores que la necesitaran ni escolares que la visitaran regularmente.
Lo cierto es que, pasado aquel penoso anuncio, las autoridades demoraron siete meses en reabrirla y nadie percibió cambio alguno en el medio. Irónicamente, un año después, el presidente Orsi brindó una conferencia de prensa anunciando otra vez una "biblioteca del futuro", para la que la OPP había contratado a un numeroso equipo.
Se siguieron prometiendo cosas (una cafetería y hasta la apertura de un insólito acceso por el pasaje del costado), pero no se mostró ni un solo plano, ni un solo render. Dijeron que la obra costaría entre 20 y 30 millones de dólares y que en este período se invertirían los primeros 6 millones, pero al día siguiente, ¡al día siguiente!, las mismas autoridades salieron a aclarar que ese rubro no estaba previsto.
Cuatro meses después, el ministro sigue hablando de que "estamos en la etapa de elaboración del proyecto estratégico", mientras el sindicato de funcionarios se queja de una dotación de recursos y personal insuficientes para un servicio medianamente normal. Mientras tanto, nos aclaran que ahora sí hay una propuesta de futuro, "por primera vez en décadas".
¿Dónde está? ¿En qué consiste exactamente? ¿Cuántos contratos está pagando la OPP desde hace un año y medio con dinero del contribuyente, para hacer qué? ¿De verdad sabremos todo esto "el próximo mes", como promete el ministro?
Este gobierno parece experto en lanzar ideas improvisadas y después no saber qué hacer con ellas.
Las excusas son infinitas, como los libros de la biblioteca imaginada por Borges.