Viernes, 18 de Septiembre de 2026

¡Puede mejorar!

UruguayEl País, Uruguay 18 de septiembre de 2026

Nuestro drama no es el crecimiento de la economía sino la debilidad de las ideas y valores.

El Presidente Yamandú Orsi, los ex Julio María Sanguinetti y Luis Lacalle Herrera, el Secretario de Presidencia Alejandro Sánchez y el Ministro de Economía Gabriel Oddone, conmemoraron los 80 años de relaciones entre el Uruguay y el Banco Mundial.

Vino su Vicepresidenta para América Latina y El Caribe, Susana Cordeiro. Nos elogió el acierto de promover la limpidez de la energía. Y nos alabó por la estabilidad de nuestras instituciones y nuestra economía. Eso sí: después de las flores nos sacudió el guardapolvo, y en tono de reclamo nos anotó: "Hay que convertir la estabilidad en crecimiento".

Hace un mes y medio, nos pasó lo mismo con Krstalina Geogieva, Directora General del Fondo Monetario Internacional. Fue recibida bajo palio por los que hoy gobiernan, que políticamente son los mismos que desde el llano se aburrieron de pintarrajear "Fuera el FMI". Ante sus conversos anfitriones, Georgieva valoró nuestro equilibrio fiscal pero en seguida nos pidió más dinamismo, sacudiéndonos la mollera con una metáfora -"no puede ponerse la estabilidad en un refrigerador"- y espetándonos sin anestesia que se necesita más "más coraje" y más crecimiento.

En las mismas horas, Guillermo Tolosa, Presidente del BCU, en las Jornadas Anuales de Economía señaló que "Los uruguayos estamos tomando decisiones en piloto automático", con nuestra cotidianeidad manejada por una "trampa de conservadurismo y cautela".

En resumidas cuentas: nos estamos acostumbrando al elogio light, que nos devuelve colectivamente a los pupitres escolares, donde cada vez que en el carné nos estampaban "Puede mejorar", leíamos un apenas edulcorado reproche por alguna disconformidad, alguna carencia o algún resbalón.

Y bien. Habituarse a quedar debajo de lo que se puede y se debe hacer es una manera de rebanarse el futuro y, al final, quedar debajo de uno mismo. Al individuo lo deja permanente sucuchado debajo del proyecto de él mismo. Y a un país entero también.

La observación nos la hacen especialistas desde las más altas responsabilidades nacionales, regionales y mundiales. La dirigen no tanto al Estado y al gobierno como a las personas y las empresas privadas. En verdad, tienen razón.

Eso sí: aun cuando el reclamo proviene de economistas, lo que plantean no rige sólo para su disciplina, ya que el inmovilismo económico es grave y amenaza nuestro futuro, pero es tan sólo un capítulo de una parálisis y una caída que son culturales y generan un tipo humano que no sólo no se juega en emprendimientos materiales. Además, no abraza ideales, apuesta a caer parado, no defiende principios y tiene terror a definir una convicción y sostenerla.

Para peor, la ciudadanía se ha embretado en la grosera rigidez de ciertas militancias, por lo cual la vida pública se reduce a divagaciones con gesto adusto y epítetos gruesos, mientras lentamente se esclerosa el pensamiento, que nos hizo nación desde los albores de las Instrucciones del Año XIII y nos elevó a ejemplo en los buenos tramos del siglo XX: Nuestro drama no es el crecimiento de la economía sino la debilidad de las ideas y valores desde los cuales vivimos como pueblo azotado por el crimen, las drogas, las carencias de la voluntad y la parálisis de la imaginación.

Por todo lo cual, el despegue es plenamente posible, pero sólo como una aventura del pensamiento, la voluntad, la buena fe política y la acción personal y colectiva.


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