Sábado, 19 de Septiembre de 2026

Los Di Tella, una dinastía de esgrimistas que escribe la historia a punta de espadas y sables

ArgentinaLa Nación, Argentina 17 de septiembre de 2026

ROSARIO

ROSARIO.- La esgrima es un sello grabado a fuego en el ADN de la familia Di Tella. Pascual e Isabel crecieron rodeados de historias de competencias, relatos de viajes, sueños olímpicos y... algunas anécdotas más cercanas a las fábulas que a lo real. Su padre, Rafael Matías Di Tella, representó a la Argentina en los Juegos de Seúl 1988 y Barcelona 1992, mientras que su madre, Astrid Steverlynck, compitió en esquí alpino en los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary 1988 y Albertville 1992. En ese contexto, el deporte apareció como una presencia omnipresente en la infancia de los dos hijos. Hasta hoy siguen compitiendo bajo los colores celeste y blanco con orgullo, transpiración y una sonrisa que jamás se les borra. Son apasionados arriba de una pedana y, superados los 30 años de edad, ambos continúan persiguiendo objetivos.

El brillo del oro iluminó a ambos en los Juegos Suramericanos 2026 que se desarrollan en estos días: Pascual (31 años) se consagró campeón de sable individual masculino y le dio a la delegación nacional la primera medalla dorada en la cita de Santa Fe 2026; Isabel (33), en tanto, fue la mejor en su especialidad: espada. Este jueves ella, además, se colgó el bronce en equipo y mostró su satisfacción porque cree que el futuro de este deporte ya le corresponde a sus compañeras. Después del oro, ella se impuso con la cábala de siempre: detrás del traje blanco de esgrimista, invariablemente luce la camiseta de Racing.

Pascual, en cambio, elige vestir debajo la casaca marrón de Platense, el club que lo desvela y que, dicen, eligió también como respuesta al inconformismo que su papá no lo haya llevado nunca a ver a Racing (y sí a otros). También por Isa, con la que compite en todo. Esta "infidencia" relató el jefe de equipo de la Argentina Sergio Turice: él se atribuye haberlos hechos de Racing. Es el padrino de Isa y uno de los mejores amigos de Rafa, con quien compartió esos Juegos de Seúl ‘88. Isa y Pascual, son como sus hijos. De todos modos, Pascual ya adoptó al Calamar y en cuanto puede lo alienta en Vicente López, barrio en el que vive la familia cuando no está en el exterior. Estos días, en la Villa Panamericana, estuvo a full tratando de seguir lo que pasaba en la serie de Copa Libertadores. Incluso en medio de una cena familiar.

La pasión es un rasgo indeleble en el perfil "multitasking" de los dos atletas. Indagan, luchan, se superan. Dos hermanos que en su árbol genealógico tienen a figuras públicas vinculadas con la política y el empresariado argentino: su abuelo fue Guido Di Tella, el excanciller durante la presidencia de Carlos Menem y su bisabuelo, Torcuato, que fundó SIAM, aquel imperio industrial que quebró en los ‘70. Además, son bisnietos de Don Julio Steverlynck, legendario emprendedor belga que fundó la Algodonera Flandria y que se destacó por haber sido el primer empresario en Argentina en introducir los avances que se daban en Europa en el área de la seguridad social.

Ambos terminaron destacándose en la esgrima e Isabel fue la primera en dar el paso. Comenzó cerca de los diez años con florete antes de pasarse a la espada, y su ejemplo terminó influyendo en su hermano menor. "De chicos, nos poníamos el equipo de mi viejo como disfraz (...) Empecé con la esgrima porque mi papá la practicaba y mi hermana había empezado. En todo momento quería copiarla a ella, así que arranqué… y quedé", recordó Pascual, el especialista en sable.

Rafa es más contundente: "Yo los obligué", dijo y se rió después de sufrir en lo alto de la tribuna del Club Provincial, sede de este deporte en los Juegos Suramericanos y luego de que LA NACION lo despertó de la "siesta" que estaba tomando ahí mismo en los escalones de cemento tras ver a Isabel competir. Divertido, agregó algo más: "Intenté que hagan esgrima desde chicos. Cuando Isa nació yo todavía competía. Hay una foto de ella, con un año, vestida de esgrima. Así que hice lo que pude. Por supuesto que los dos abandonaron. Ella se dedicó al vóley y Pascual al básquet. Aunque después, gracias a Dios, dejaron también. A ella le fue bien en vóley, fue campeona de primera (con Banco Nación) y llegó a estar preseleccionada, era buena".

Los viajes de Rafa jugaron a su favor: "Cuando nos fuimos a Inglaterra ella jugaba un tiempo acá y luego dejaba, en ese sentido era mejor un deporte individual. La pasamos a espada, le fue bien en un par de torneos y se entusiasmó".

Unos minutos después, ella relató: "La esgrima siempre estuvo presente en casa, nunca fue como una obligación, pero sí nos inculcaron mucho el valor del deporte, la importancia de hacerlo. Hicimos otros deportes, pero la esgrima siempre estuvo presente y finalmente terminó siendo a lo que nos dedicamos todos". La particularidad, se sintió desde chicos. En el caso de los juegos, por ejemplo: "Se mataban con las espadas. Había unas de goma espuma que comprabas acá en la juguetería, así que era divertido", agregó Rafa. Isa dio fe: "Hace poco me preguntaron si en casa se jugaba con los "palitos". Y sí, literalmente, tenemos como unos palos con telgopor que usamos para jugar en casa, que nos pegamos. O sea también hacemos eso de jugar con una pelota, como cualquiera, y tenemos esos palos con los que hacemos esgrima en casa jugando. De hecho tengo un video con mi hermano muy divertido".

La relación entre los hermanos estuvo marcada por la admiración mutua y una formación compartida. Al tiempo que su padre les transmitía conocimientos técnicos y relatos de una carrera construida en otra época, ellos emprendían sus propias experiencias en un deporte exigente y poco masivo. Durante años, los combates en la pedana convivieron con una intensa vida académica y familiar, en una dinámica de viajes permanentes entre la Argentina y el exterior.

Con su 1,83m de estatura y tras un paso por el voleibol en la adolescencia, Isabel consumó una consagración histórica como esgrimista. En los Juegos Panamericanos de Santiago 2023 conquistó la medalla dorada en espada tras derrotar a la peruana María Luisa Doig Calderón por 15-9 en la final. Aquel triunfo significó el primer oro de la esgrima argentina en unos Panamericanos en 44 años y la convirtió además en la primera mujer del país en lograrlo desde Elsa Irigoyen en Buenos Aires 1951.

Tras la conquista, la emoción la desbordó. "Estoy en otro planeta, todavía no bajé. Estoy viviendo una realidad paralela", confesó. Para ella, la medalla representó mucho más que un resultado deportivo: fue una confirmación de años de esfuerzo y disciplina. "Esta es una forma de validarme. Es saber algo así como ‘Che, estás bien, vas por el buen camino’", explicó.

Este jueves, en Rosario, contó: "Siempre es un esfuerzo coordinar ambas cosas. Siempre una está cansada, las exigencias del día a día son muchísimas, pero es como un hábito. Yo no me cuestiono si salgo de trabajar y voy a entrenar. Voy, no me lo pregunto. Y no soy la única que lo hace, todos los deportistas de acá somos amateurs que tenemos otras carreras, que tenemos que manejar le trabajo y el deporte. La Peque (Paula) Pareto es el mejor ejemplo que todos conocemos. Es difícil, sí, pero hay que pensar para adelante, decidir a qué competencia ir y a partir de eso decidir cómo quiero llegar. Y saber que el esfuerzo que uno hace a diario es lo que vas construyendo para llegar a este momento. Y yo hoy estoy agradecida con la Isabel de hace dos meses que decidió ir a entrenar".

En este sentido, Pascual coincidió: "Los dos tenemos trabajos bastante exigentes, de mi lado, yo soy agente de Booking de músicos y les armo giras, Isabel trabaja en un fondo de inversiones. Por suerte en un deporte individual. Tenés bastante flexibilidad de cuándo, cómo y dónde entrenar. Sin eso sería imposible".

Su papá reconoció que él tuvo un camino diferente, que al principio, sus padres no lo entendían: "Yo hacía más esgrima que lo que estudiaba, tardé nueve años en recibirme. A mí no me interesaba tanto la economía y mis viejos, que no comprendían, les parecía una excentricidad. De vago. Me apoyaron siempre, eran divinos, pero no entendían qué es una carrera deportiva. Finalmente llegamos a los Juegos Olímpicos del ’88, Seúl (señala a su amigo Turice, a su lado). Después me pude recibir y me fui a hacer el doctorado a Inglaterra para estar cerca de Europa para competir. La esgrima me sigue divirtiendo bastante más que la economía".

Mientras Isabel escribía una página dorada en los Juegos Panamericanos de 2023, Pascual trazaba su propio recorrido. Uno de los puntos más altos de su palmarés resultó el pasaje a París 2024, una cita solo para elegidos. Clasificado por ranking mundial en sable, se convirtió en el único representante nacional de la disciplina en los Juegos Olímpicos franceses. La clasificación llegó después de meses de tensión e incertidumbre. "La viví como un alivio", reconoció, al recordar la presión acumulada durante toda la temporada para sostener su posición entre los mejores del mundo. Finalmente, ganó en el debut y se despidió al perder ante el N° 1 del ranking, Ziad Elsissy, en los 16avos de final.

Entre bromas y muy buena vibra, Rafa, que en general esquiva a los medios pero esta vez se ilusionó ante la propuesta de contar la historia familiar, se llenó de brillo al hablar de Isa y Pascual: "Ellos son macanudos. Ásperos, porque compiten entre ellos, pero en el fondo se apoyan mucho y están muy orgullosos (Ulises y Blas, los hijos mejores, también integran los equipos nacionales). Se llevan super bien. Pero son de armas distintas, entonces cada cual tiene su espacio y aprenden de las dificultades de cada uno".

Papá, dos veces olímpico, se animó a describirlos en sus condiciones deportivas: "Ellos tienen sus peculiaridades: ella tiene resultados muy buenos, tiene una medalla de plata por un golpe en la Copa del Mundo del año olímpico (es como un subcampeonato de Grand Slam en tenis). Por la característica del arma que tiene, es candidata siempre a que le vaya bien. Pascual es muy talentoso, pero en sable hay una pequeñita ventaja para los buenos y esos tipos no pierden nunca. El tiene una ventaja y desventaja. Es talentoso, pero para ser de la élite total, aún no está. Ella sí".

¿Y las personalidades? En eso, Rafa tampoco dio vueltas, y se volvió a reír, mientras Isabel, a unos metros, estaba a punto de escucharlo: "Son el día y la noche, él armaba quilombos de chico, ella es muy racional, muy seria, muy trabajadora. Ella trabaja nueve horas por día, después se va a entrenar, es increíble lo esforzada que es y las notas que tenía al estudiar. Cuando de chicos él se metía en quilombos y lo querían rajar, ella siempre se reía y decía: "Mondo Pascuale", porque siempre el mundo de él era ese, colapsado con los quilombos, siempre está metido en un lío. Pero es un ser humano entrañable". Por suerte para todos, hay mediación de Astrid, la mamá, que mira todo desde un ángulo más contemplativo: "La mamá es muy competitiva y seria, muy exigente, es su manera. Pero da mucha más contención que yo, yo soy bastante más visceral", resumió Rafa.

Isabel, por su parte, contó: "Antes, con Pascual, hacíamos los dos florete y rápidamente nos pusieron a cada uno en un arma distinta para que no nos encontremos. Como cualquier hermano, tenés tus peleas pero al final del día somos hermanos y eso siempre va a ser así, siempre nos vamos a apoyar y querer lo mejor para el otro y hacer todo lo posible porque el otro esté mejor y esté bien". Y confesó que se trata de un vínculo "muy lindo". "Hay algo de comprensión que no hace falta decir en palabras. Pasó una vez que Pascual perdió en el Preolímpico de Tokio por un tocado la final y se quería morir, romper todo. Y yo lo entendía, porque yo ya había perdido también (risas). No hacía falta que me explique lo que sentía, yo sabía. Entender las victorias y las derrotas nos une más", relató la deportista más importante de este deporte en el país.

Después, habló de la cercanía, eso que desde hace años encuentran en los campeonatos que comparten con la selección argentina. Algo que para ellos es natural, pero que desde afuera llama la atención: "Durante muchísimos años vivimos en ciudades distintas, no teníamos tantas posibilidades de vernos. Los torneos son una oportunidad de estar en familia. Ahora vivimos los dos en Nueva York, pero eso es algo reciente, hace dos meses. Vamos a ver si nos vemos más seguido".

Esta semana, cuando ganó su oro en Rosario, Pascual le dijo a la prensa que la "verdaderamente buena" de los dos, es su hermana. Con LA NACION amplió esos elogios: "Isabel tiene los logros más impresionantes de la historia de nuestro deporte en Argentina. Salió segunda en un gran Gran Premio, tiene varias medallas en copa del mundo. Es campeona de los Juegos Panamericanos y también ganó un campeonato panamericano. Además, tiene la única medalla de la historia en un Mundial (Sub 21). A la hora de competir, ella es mucho más fría que yo. Yo soy un poco más agresivo. Tengo muchísima admiración por el talento de Isabel".

Sobre los elogios de su hermano, Isa respondió: "El es muy bueno, pero no lo dice, así que no dejen que mienta (risas). Estoy feliz, cada vez estoy más grande, tengo 33 años, y sé que no me quedan tantos torneos por delante. No sé cuántos, no tengo una fecha en mente, pero sí reconozco que mi cuerpo no responde igual. Entonces, estoy disfrutando cada momento como si fuera el último y feliz de que pudimos cerrar esta experiencia en Santa Fe de esta manera (con dos medallas).

Los caminos de ambos tienen similitudes llamativas. Además de la esgrima, desarrollaron carreras académicas de alto nivel. Isabel se graduó en Matemáticas en Harvard y continuó su formación con un doctorado en Economía en el MIT (Massachusetts Institute of Technology). Pascual estudió Filosofía y Ciencias Políticas.

Sin embargo, la forma en que cada uno se relaciona con el deporte tiene matices distintos. Para Isabel, la esgrima comenzó como un juego en el living familiar y terminó convirtiéndose en un estilo de vida que ya supera las dos décadas. Pascual, en cambio, encontró en el sable una actividad que podía compatibilizar mejor con los estudios, el trabajo y sus inquietudes artísticas. Incluso desarrolló un proyecto musical bajo el seudónimo "ex.reii", una vía de escape frente a las exigencias del alto rendimiento.

Más allá de los logros individuales, ambos comparten una misma identidad forjada alrededor del esfuerzo y la curiosidad intelectual. En su casa, según contó Pascual hace unos años, las conversaciones familiares suelen girar alrededor de la economía, la política y los temas académicos. No es casualidad: mientras Isabel siempre se movió en el mundo universitario, su padre es profesor de Economía en Harvard. La excelencia deportiva y la actividad intelectual conviven de manera natural dentro de la familia Di Tella.
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