Viernes, 18 de Septiembre de 2026

Borges, Cortázar, Walsh y Ocampo: educar para la libertad

ArgentinaLa Nación, Argentina 17 de septiembre de 2026

Sarmiento sigue siendo, para la Argentina, un punto de partida obligado

Sarmiento sigue siendo, para la Argentina, un punto de partida obligado. Entendió algo que hoy parece obvio pero que en su momento no lo era: la educación no podía quedar librada a la buena voluntad de unos pocos ni funcionar como privilegio de clase. Tenía que ser una obligación del Estado. De ahí la escuela pública, la formación de maestros, las bibliotecas populares. Todo eso construyó ciudadanía. Pero ese piso, por sólido que sea, no responde a una pregunta que sigue abierta: educamos, ¿para qué? ¿Qué tipo de libertad tendría que salir de una buena educación?

Ahí es donde Borges y Cortázar todavía tienen algo para decir. Ninguno de los dos escribió una ley de educación ni dirigió un ministerio, pero los dos pensaron mucho sobre lo que pasa cuando alguien se topa de verdad con el conocimiento. Y hay dos nombres más que completan el cuadro: María Elena Walsh, con la imaginación y la libertad de expresión, y Victoria Ocampo, con la apertura cultural y la emancipación de las mujeres.

Para Borges, el libro y la biblioteca eran formas de una libertad sin límites geográficos ni temporales. Leer no era cumplir una tarea ni juntar datos, sino ponerse a conversar con otras épocas, otras lenguas, otras maneras de mirar. Un buen libro estira la vida de quien lo lee y le da acceso a experiencias que de otro modo jamás tendría.

Cuando daba clases de literatura inglesa en la UBA, insistía con que sus alumnos fueran directamente a los textos, sin quedar atrapados en bibliografías interminables ni en lecturas ya masticadas por otros. Quería una relación con la lectura que fuera personal, incluso placentera. Ahí hay una crítica de fondo a la enseñanza mecánica: cuando la escuela transforma el libro en un castigo, puede lograr que un chico aprenda a descifrar letras, pero al mismo tiempo lo aleja para siempre de la lectura.

Es curioso, pero en tiempos de redes, desinformación e inteligencia artificial, Borges vuelve a sonar actual. Nunca tuvimos tanta información disponible y sin embargo información no es lo mismo que conocimiento. Educar, hoy, tiene que ver con enseñar a leer con atención, a cruzar ideas, a notar matices, a distinguir un argumento sólido de una manipulación bien armada. La biblioteca infinita de Borges funciona como metáfora bastante exacta de internet: un espacio casi sin límites donde lo urgente es aprender a orientarse.

Cortázar aporta otra capa. Antes de ser el escritor que todos conocemos, fue maestro y profesor. En sus clases de Literatura en Berkeley describió lo que pasaba con sus alumnos como "un diálogo, un contacto", más que una simple materia dictada. Esa frase resume una pedagogía entera.

Cortázar no concebía la enseñanza como la transmisión de respuestas cerradas bajadas desde una autoridad que no se discute. Para él el conocimiento tenía que generar curiosidad, torcer la mirada, hacer que lo cotidiano se viera distinto. Sus propios cuentos hacen eso: rompen la normalidad, ponen en duda certezas, obligan al lector a involucrarse.

La imaginación, mirado así, deja de ser un adorno reservado a artistas y escritores. Es una herramienta central para aprender, investigar, resolver problemas. Un estudiante que imagina puede armar hipótesis, encontrar relaciones que no eran evidentes, pensar alternativas frente a algo que parecía fijo. Una escuela sin imaginación puede llenar cabezas de contenidos, pero difícilmente forme a alguien capaz de cambiar algo del mundo que le tocó.

María Elena Walsh cierra este recorrido de una manera muy propia. Su obra para chicos probó que la inteligencia infantil no necesita solemnidad ni versiones achicadas de las cosas. Con humor, poesía y absurdo armó un universo que enseñaba a jugar con el lenguaje y, de paso, a desconfiar de lo que se presenta como normal e indiscutible.

Walsh advirtió que la escuela podía apagar el instinto poético de un chico apenas convertía la palabra en rutina. Defendió la fantasía, el ritmo, el juego como parte central del aprendizaje, no como recreo. En Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes, publicado en plena dictadura, denunció la censura y reclamó algo que todavía golpea: nuestro "derecho a la imaginación, que debería ser constitucional".

Esa frase tiene una fuerza educativa enorme. La censura no arranca solo cuando se prohíbe un libro. También aparece cuando se desalienta una pregunta, se ridiculiza una idea, se enseña que pensar es repetir. Walsh unió la defensa de la infancia con la defensa de la libertad: una sociedad que no deja imaginar trata a sus ciudadanos como menores de edad, y eso debilita la democracia.

Victoria Ocampo suma la apertura al mundo y la emancipación intelectual. Desde la revista Sur, fundada en 1931, armó uno de los espacios de intercambio cultural más importantes de América Latina. Trajo autores y debates internacionales al público argentino y permitió que la cultura local dialogara con otras tradiciones sin complejos.

Ocampo también hizo de su propia vida una pelea contra los límites que se les imponían a las mujeres. En una sociedad que le negaba el acceso pleno a la educación formal y a la vida pública, se formó igual: con libros, idiomas, una curiosidad fuera de lo común. Su historia muestra el poder transformador del conocimiento, pero también deja ver cuántas capacidades se pierden cuando las oportunidades dependen del género, del origen social o de dónde a uno le tocó nacer.

Lo que dejaron todos ellos no funciona como una lista de nombres para cerrar con solemnidad, sino como una caja de herramientas todavía útil: el Estado que garantiza la escuela, la lectura que amplía el mundo propio, el diálogo que transforma la mirada, la infancia que tiene derecho a imaginar, la cultura que necesita fronteras abiertas. La Argentina no puede limitarse a recordar esa tradición con orgullo. Tiene que volver a hacerla política de Estado. Porque educar no es solamente preparar a alguien para un trabajo. Es darle herramientas para entender el mundo, discutirlo, y meterse de lleno en su transformación.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela