Los excesos del "18" afectan la calidad del sueño y el efecto puede durar varios días
Comer productos ricos en grasas, beber alcohol y trasnochar forman una combinación que altera la arquitectura del dormir y puede aumentar los ronquidos, las apneas y el reflujo.
Empanadas, choripanes, asado, vino, terremotos y celebraciones que se prolongan hasta la madrugada. Durante Fiestas Patrias no solo cambia lo que se come y se bebe, sino también cuánto y en qué momento se hace.
Según la más reciente versión de la Radiografía del Consumo de Alcohol en Fiestas Patrias, por Cadem y Aprocor (Asociación Pro Consumo Responsable), cuando se les pregunta a los encuestados qué esperan consumir estas Fiestas Patrias, el alcohol llega al 17%, mientras las empanadas (66%) y los asados (51%) se consolidan como los grandes protagonistas de la mesa. El choripán se cuela como favorito entre los más jóvenes.
A esto hay que sumar bebidas ricas en azúcares, postres y sopaipillas, entre otras ingestas típicas de estas fechas.
Esta combinación de alcohol y comidas pesadas puede llevar a que la somnolencia llegue rápido. Pero dormirse fácilmente no significa necesariamente dormir bien.
"Aunque sean pocos días, este cambio en la rutina sí produce alteraciones en la calidad del sueño", explica Mérida Terán, académica de la U. de Santiago y coordinadora del Programa de Formación de Neurología de Adultos.
El problema, advierte, no está necesariamente en la empanada, el choripán o el asado por sí solos. "Más que lo que se come, para no demonizar las comidas típicas, es cuánto se come, a qué hora se come y con qué se acompaña la comida", precisa.
La combinación de una comida abundante y rica en grasas con alcohol es particularmente poco amigable con el descanso. "Puede ser que se concilie el sueño. De hecho, el alcohol da más somnolencia, pero eso no quiere decir que mi calidad de sueño vaya a ser mejor", explica Terán.
Descanso fragmentado
Uno de los efectos, explica la neuróloga, es que el descanso se vuelve fragmentado. "Se tiende a tener más ronquidos, a hacer más apneas. Y el sueño se fragmenta con este exceso de comida, sobre todo cuando uno come y se acuesta enseguida, porque no da tiempo para el proceso digestivo".
Esas interrupciones pueden ser breves y la persona no darse cuenta de ellas, pero afectan la arquitectura del sueño y dificultan alcanzar o mantener adecuadamente sus distintas etapas.
"Tenemos una fase de sueño ligero y una fase de sueño profundo. Y si yo no alcanzo mi sueño profundo, no he consolidado mi memoria, por ejemplo. No tengo un buen descanso. Entonces, esta fragmentación afecta lo que llamamos la arquitectura del sueño", explica Terán.
Christian von Mühlenbrock, gastroenterólogo de Clínica U. de los Andes, agrega otro punto: "La comida se demora en promedio unas cuatro horas en procesarse en el estómago antes de continuar su tránsito digestivo".
Así, si la persona se acuesta inmediatamente después de una comida abundante, parte de esos alimentos todavía estará en el estómago. "El alcohol y las grasas, como las que se consumen en esta época, hacen que la comida se vacíe más lento", agrega Von Mühlenbrock.
"El alcohol puede generar irritación estomacal, lo cual puede favorecer la aparición de acidez y reflujo. Por otro lado, su consumo en exceso puede contribuir a una deshidratación, generando en las personas dolor de cabeza sed, mareos y malestar general", dice Arnoldo Miranda, jefe de Carrera de Química y Farmacia de la U. Católica de la Santísima Concepción.
"Además del riesgo de reflujo, puedo tener la sensación de estómago pesado, llamada dispepsia", dice el doctor Von Mühlenbrock.
Otro factor es el trasnochar. Después de una celebración que termina a altas horas de la madrugada, parece existir una solución sencilla: levantarse más tarde y completar de todas maneras ocho horas de descanso.
Sin embargo, esa solución no es efectiva: "El ser humano está diseñado para dormir en la noche", explica Terán. Por eso, incluso después de completar varias horas de sueño durante la mañana, la persona puede despertar con sensación de fatiga.
Terán estima que después de varios días de celebración, las consecuencias pueden sentirse "un par de días más", especialmente porque cuesta recuperar el horario habitual.
Consejos de los expertosPaulina Mella, nutricionista de Clínica Dávila Vespucio, recomienda "evitar llegar con mucha hambre a los lugares a los que se va a asistir y tratar de mantener la rutina habitual de alimentación, sumando colaciones e hidratándose durante el día. Si se hará un asado, acompañarlo con ensaladas. También, si va a consumir bebidas alcohólicas, alternarlas con consumo de agua".
"Hay que ser mesurado", dice Terán. Por eso es clave "cuidarse en cómo, cuánto y a qué hora se come".
Von Mühlenbrock aconseja espaciar la última comida abundante y la hora de acostarse, entre dos y cuatro horas, especialmente en personas que habitualmente sufren reflujo u otras molestias digestivas.
"Lo otro que sirve es comer de forma porcionada, o sea, repartir la comida, que no sea algo muy pesado durante la noche", explica.