Viernes, 18 de Septiembre de 2026

Macerado de Algarrobo Panorama de finde

ChileEl Mercurio, Chile 18 de septiembre de 2026

BUSCAR DÓNDE COMER en lugares que no se conocen es un albur

BUSCAR DÓNDE COMER en lugares que no se conocen es un albur. A veces uno salva el día del restaurante, usualmente vacío, sintiendo el arrepentimiento en el instante mismo en que ve llegar el primer plato. O se siente muy afortunado cuando muchos clientes aparecen apenas abre, con personal diligente en la atención, moviéndose al ritmo de la música de los platos y los cubiertos y copas (y a veces, música de verdad). Así fue con el Macerado de Algarrobo (no olvidemos que hay otro en Casablanca), el que cumple una década, dicen, y que se siente tan experimentado como experimentador. Buena cosa.
Al comienzo, eso sí, un anticlímax: ofrecían un mix mayúsculo de mariscos y pescados titulado "A-mar Macerado", pero fue un amor imposible. Digámoslo entonces: fue sentir un escalofrío de esos, anunciando que la experiencia iba a ser más de carencia que de abundancia. Pero no. Las dos entradas pedidas a continuación fueron tan sorprendentes como logradas.
Primero, unos locos muy blandos pasados por el grill ($24.000), acompañados de cualesquiera elementos favorecedores del sabor: mayo de cilantro, salsa verde, unas papitas en cubos, cebolla asada. O sea, el clásico de caleta reversionado. Amamos, lo mismo que unas machas a la parmesana (con queso procesado, lo que le dio ligereza) y ostiones con chimichurri ($19.800), algo más intenso, aunque en cooperación con el sabor principal.
Hay platos principales, pero las entradas se veían tan atractivas (lo mismo que los postres, y la idea era poder llegar hasta ellos), que se procedió a seguir entrando. Un acierto. Un pulpo grillado y dispuesto sobre chupe del mismo ser ($18.500), acompañado de choritos, almejitas y un gran ostión, grillados. Hay genialidad aquí, mientras un cebiche de corvina ($17.500), acompañado de unos churritos, cortado en trozos más pequeños que el habitual tamaño a la peruana, nos recordó lo que puede ser también un almuerzo sin sorpresas.
Los postres no defraudaron para nada. Una pequeña torta de queso vasca con manzanas al vino tinto y uvas grilladas ($8.800) y una experimentación que fue osada y que casi lo logró: la conjunción de leche asada (demasiado sólida) y leche nevada (con las islas no tan frágiles) que terminó siendo un gran postre lácteo, si uno no se pone exigente con la fidelidad a las referencias.
En resumen: sabor impecable. Atención: perfecta. Experimentación: sana y a ratos superior.
Las Tinajas 2678. Algarrobo.
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