Educación media concentra el 37,1% de la fuerza laboral
El nivel educativo alcanzado por los colombianos definió en 2025 buena parte de sus posibilidades de conseguir empleo formal, mantenerse ocupados o caer en la desocupación, según el boletín técnico Fuerza laboral y educación, publicado por el Dane con base en la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH)
El nivel educativo alcanzado por los colombianos definió en 2025 buena parte de sus posibilidades de conseguir empleo formal, mantenerse ocupados o caer en la desocupación, según el boletín técnico Fuerza laboral y educación, publicado por el Dane con base en la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH). El documento muestra que la educación media es el nivel que más empleo genera y el que concentra más desempleo en el país. Para el total nacional, el 37,1% de la fuerza de trabajo colombiana alcanzó como máximo nivel educativo la educación media, la proporción más alta entre todas las categorías medidas por la GEIH. Le siguieron la educación básica primaria, con 17,9%, y la educación técnica profesional y tecnológica, con 13,0%. La educación universitaria representó el 12,1%, mientras que el 10,4% de la fuerza laboral no alcanzó ningún nivel educativo formal. En el otro extremo de la escala, apenas el 5,0% de la fuerza de trabajo alcanzó estudios de postgrado y el 4,6% completó la educación básica secundaria, las dos categorías con menor peso dentro del mercado laboral colombiano. Esa proporción tan baja evidencia que la educación posterior a la media, sea técnica o universitaria, sigue siendo minoritaria entre los trabajadores del país, pese a su relación directa con mejores condiciones laborales. Ese mismo nivel, sin embargo, también fue el que más peso tuvo dentro de la población desocupada del país. Según el boletín, el 43,5% de quienes se encontraban sin empleo en 2025 solo habían completado la educación media, muy por encima del segundo lugar, ocupado por la educación técnica profesional y tecnológica, con 15,5%. En contraste, la población con postgrado representó apenas el 2,5% de los desocupados, la proporción más baja de todas las categorías, muy por debajo del 5,4% registrado entre quienes no alcanzaron ningún nivel educativo. La distancia entre ambos extremos confirma que, a medida que sube el nivel educativo, se reduce la probabilidad de quedar sin empleo, aunque la educación media rompe parcialmente esa tendencia. Entre la población ocupada, el panorama se repite con menor intensidad. El 36,5% de quienes trabajaban en 2025 tenía educación media como nivel más alto, seguido por el 18,2% que solo alcanzó la educación básica primaria. La combinación de ambos indicadores, ocupación y desocupación, confirma que la educación media funciona como la puerta de entrada más frecuente al mercado laboral, pero también como la más vulnerable ante los ciclos de desempleo. Estudiar y trabajar El boletín también documentó lo que ocurre con la población en edad de trabajar que, además, asiste a una institución educativa. De ese grupo, el 70,8% permanecía fuera de la fuerza de trabajo, el 25,3% estaba ocupado y el 3,9% se encontraba desocupado, una distribución que refleja el peso que tiene el estudio como actividad principal entre los más jóvenes del país. Las cifras se vuelven más reveladoras al comparar los indicadores laborales entre quienes estudian y quienes no lo hacen. La tasa de desocupación de la población que asiste a un plantel educativo llegó a 13,3%, casi el doble del 8,6% de quienes no estudian. La tasa de ocupación también fue menor entre los estudiantes, con 25,3%, frente a 63,1% de quienes no asisten a ninguna institución. La tasa global de participación confirma el mismo patrón: 29,2% entre quienes estudian, frente a 69,0% entre quienes no lo hacen. El Dane define a la población desocupada como aquella que se encuentra simultáneamente ‘sin empleo’, ‘buscando empleo’ y ‘actualmente disponible para trabajar’. Bajo ese criterio, compaginar estudio y trabajo eleva de forma considerable el riesgo de caer en esa categoría. El nivel educativo determinó el tipo de vínculo laboral que tienen los colombianos ocupados. Entre quienes completaron la educación técnica profesional y tecnológica, el 68,1% trabajaba como asalariado, mientras que la misma proporción, 68,1%, se registró entre los ocupados con educación universitaria y/o postgrado. En ese grupo, apenas el 31,5% manifestó trabajar como independiente. La educación básica primaria y la secundaria se ubicaron en un punto intermedio de esa escala: 39,7% y 46,0% de sus ocupados, respectivamente, trabajaban como asalariados, mientras que 57,7% y 50,3% lo hacían como independientes. La educación media, por su parte, alcanzó una posición más equilibrada, con 58,7% de asalariados frente a 39,4% de independientes.