John Connolly: "En la vida, el miedo es siempre nuestro compañero"
La primera vez que vino a Chile, en 2015, el escritor irlandés John Connolly solo pudo visitar Santiago
La primera vez que vino a Chile, en 2015, el escritor irlandés John Connolly solo pudo visitar Santiago. En esta segunda visita, tiene planeado ir a Puerto Montt y Valparaíso. Además, viene más preparado para empaparse de nuestra cultura: para leer en el avión ha dispuesto dos libros, uno de Ramón Díaz Eterovic y otro de Roberto Ampuero. Y ya ha leído otros que le han interesado especialmente: "Las homicidas", de Alia Trabucco Zerán; "El vasto territorio", de Simón López Trujillo; "La sombra de lo que fuimos", de Luis Sepúlveda, "y posiblemente mi favorita hasta ahora, 'Piñén', de Daniela Catrileo".
Acaso en esas lecturas se pueda rastrear el tipo de escritor que es Connolly: es un nombre clásico del policial contemporáneo, pero también cruza los límites del género para ubicarse en lugares inesperados. La fantasía ha sido una tentación usual en sus 25 años de carrera: el protagonista de sus novelas, el detective Charlie Parker, suele tener comunicación con el mundo de los muertos, ya sea porque su hija está "allá" y no puede dejar de hablar con ella, o porque los crímenes que debe resolver muchas veces no tienen explicaciones racionales. En su último libro en español, "Las hijas de Eva", Parker investiga el caso de un secuestro de niños ligado al narcotráfico en México, que lo lleva al tráfico de antigüedades y de ahí hasta zonas misteriosas.
-Lleva más de 25 años escribiendo sobre Charlie Parker, en un total de 23 novelas. ¿En qué aspectos es hoy un personaje diferente al que aparecía en "Todo lo que muere"?
"Hay menos violencia en las novelas ahora que en el pasado, o menos violencia explícita. Espero ser hoy un escritor más sutil, incluso un escritor mejor, después de treinta años, aunque es posible que no lo sea. Al principio de la serie, Parker es un ser de rabia, de dolor, pero gradualmente se convierte más en un ser de más empatía, con la expectativa de una reunión con Jennifer, su hija muerta, en el próximo mundo. Sin embargo, mis novelas más recientes, especialmente la nueva novela en inglés, 'Un río rojo de sangre', sugieren que la redención podría ser negada a Parker. Su relación con el Señor es muy complicada y, quizás, hostil, y su hija Jennifer comparte esta hostilidad con su padre".
-El tema subyacente de la serie -quién es realmente Parker y por qué su hija asesinada sigue teniendo "un pie en el mundo de los vivos"- se ha ido desvelando muy poco a poco. ¿Ya sabe cómo y cuándo va a cerrar esa historia o prefiere dejarla abierta?
"Estoy preparando a los lectores para una conclusión de la historia de Parker. Típicamente, los escritores de las series detectivescas simplemente mueren, las historias y futuros de sus personajes permanecen inconclusos. Alternativamente, si el narrador tiene mucho éxito con la serie, su editora, después de su muerte, podría emplear otro autor para continuar con los personajes. Es difícil terminar una serie sin enojar o decepcionar a sus lectores, pero me gustaría intentarlo. Conozco el destino, y el título del libro final en la serie, pero no conozco la ruta".
-En su última novela en español, "Las hijas de Eva", nuevamente sitúa a los niños y el miedo en el lugar protagónico. ¿Por qué esa combinación de temas ha sido tan importante en sus libros?
"Siempre tenemos miedo, pero las razones del miedo cambian durante nuestra vida. En la infancia y la adolescencia, tenemos miedo al mundo adulto o a la posibilidad de que vayamos a perder a nuestros padres. En nuestros años intermedios, como padres nosotros mismos, tenemos miedo por nuestros hijos, por los padres ya mayores y por nuestra salud. Al final de nuestras vidas, tememos a la enfermedad y la muerte. Entonces, el miedo es siempre nuestro compañero. Tal vez, para los niños, el miedo es más real que para los adultos, a causa de la vulnerabilidad infantil. En mi opinión, no tenemos que protegerlos de la oscuridad, sino darles las capacidades para afrontarla. La ficción ofrece una manera de aprender cómo afrontar las dificultades y la oscuridad de la vida. Este fue el tema de 'El libro de las cosas perdidas'".
-Ha dicho que no se considera un "escritor de novelas policíacas" en el sentido estricto. ¿Dónde traza la línea divisoria entre lo que escribe y su categorización?
"Nunca he dicho que no soy un escritor de novelas de crimen, o novelas misteriosas, pero no soy un escritor de novelas negras. Para mí, la novela negra es un subgénero muy específico, con una posición filosófica muy particular sobre la existencia: no hay esperanza en la novela negra, y al final, todos los personajes son infelices o están muertos. No puedo escribir una novela como esa. No me interesa. En la novela negra pura los buenos no pueden tener mucho éxito. El mal continúa y la intervención de los buenos está destinada a fracasar. Eso no lo creo, en mi ficción o en mi vida. Prefiero la descripción de 'detective gótico'. Pienso que es más precisa".
-Ha descrito su escritura como una mezcla entre Cristo y Drácula: raíces católicas irlandesas y tradición gótica. ¿Cómo conviven esas dos fuerzas en una escena concreta?
"He descrito mi obra como una combinación entre la novela detectivesca y la novela gótica, tal vez. Pero no he ocupado la referencia de Drácula, aunque me encanta el libro. Mi educación fue católica, y esto se refleja en los temas sobre la expiación y la redención en mis novelas. Es muy difícil ser católico y también ser completamente racionalista. Además, soy irlandés, y en mi país siempre hemos estado cómodos con el antirracionalismo: hemos escrito varias de las mejores novelas góticas, como 'Drácula', 'El tío Silas' y 'El retrato de Dorian Gray'. Ese fue nuestro principal género de ficción en el siglo diecinueve. En este contexto, no estaba destinado a ser racionalista. Mis raíces culturales y religiosas, en común con mi fascinación por los cuentos de hadas y de fantasmas, siempre van a influir mis libros".