IA, cuestión estratégica
Ha pasado a ser un punto central en la nueva guerra fría que libran Washington y Beijing.
Mientras el mundo occidental debate sobre el peligro de que la inteligencia artificial (IA) escape al control humano y ponga en juego el futuro de la especie, en China, el ministro de Seguridad del Estado, Chen Yixin, ha expresado otra preocupación: las amenazas que la IA puede representar para el dominio del Partido Comunista (PCCh). En un comentado artículo publicado en la revista China Cyberspace, Chen advirtió respecto de una serie de flancos que el desarrollo de la inteligencia artificial abre para la seguridad china, desde la generación y difusión de videos y audios falsos en una guerra de propaganda destinada a socavar la autoridad del PCCh, hasta el espionaje, la filtración de información confidencial y el ataque contra la infraestructura crítica.
El artículo es revelador de cómo el control de la IA ha pasado a ser un punto central en la nueva guerra fría que libran Washington y Beijing. Y en este sentido, las advertencias de Chen ayudan también a entender mejor los alcances de una reciente normativa sobre entrada y salida del país que, aprobada por el Consejo de Estado, acaba de entrar en vigor. Considerada la más profunda reforma en estas materias implementada en años, permite prohibir la salida del país a ciudadanos que hayan incurrido en actividades ilegales vinculadas a la exportación de tecnología que haya puesto en riesgo la seguridad industrial o tecnológica del país. Las nuevas disposiciones han sido presentadas como una forma de defender la soberanía y los intereses de desarrollo nacionales, pero también han recibido críticas de observadores extranjeros que han advertido los grados de discrecionalidad a que puede dar lugar su aplicación. Ello, aun cuando las autoridades aseguran que estas medidas no pretenden afectar a los ciudadanos comunes que viajen al exterior por causas legítimas, sino que impedir acciones criminales que pongan en riesgo la seguridad de la nación.
Y si a todo lo anterior se agrega lo ocurrido en abril, cuando Beijing bloqueó la venta de la empresa de inteligencia artificial Manus -instalada en Singapur pero fundada en China- a Meta, el gigante estadounidense, se hace aún más evidente hasta qué punto la carrera tecnológica ha pasado a ser una cuestión estratégica para el Partido Comunista. Lo que a su vez explica por qué el CEO de Anthropic, Dario Amodei, en el ya célebre ensayo en el que llamó a ralentizar el avance de la IA, incluyó también la advertencia de que esa reducción de velocidad no debe ser tanta como para poner en riesgo la ventaja que hoy tienen en este ámbito las empresas estadounidenses.