El puerto en crisis
No es posible exagerar con los adjetivos respecto a lo dramático que es esta situación para el país.
La situación del puerto de Montevideo ya no admite otro calificativo. Para quienes trabajan en el puerto y para una gran cantidad de sectores de actividad que también dependen de la operativa portuaria la situación ya es directamente una catástrofe. Pradera, frontera y puerto nos definieron desde nuestros orígenes coloniales según el clásico libro de Washington Reyes Abadie, Oscar Bruschera y Tabaré Melogno, pues bien, hoy el puerto está siendo saboteado y con él buena parte de la suerte de nuestro país en su indispensable apertura comercial.
En lo que va del año se llevan más de 40 días en que el puerto ha tenido a sus servicios afectados. Según informó nuestro diario ayer: "Las medidas provocaron las pérdidas para Terminal Cuenca del Plata de 371,5 horas, que afectaron 45 días de trabajo." Ayer mismo el puerto (de hecho, todos los puertos del país) sufrieron un nuevo paro de 24 hs. y para el jueves se anuncia otra movilización.
De acuerdo a lo informado en la misma nota, 7 buques decidieron saltearse el puerto de Montevideo y varios exportadores están enviando su mercadería en camiones a puertos de Río Grande debido al conflicto. Las pérdidas de exportadores son millonarias en un país que ya parte de una situación estructural de altos costos y márgenes estrechos. Con todas las enormes dificultades y costos que han debido afrontar cientos de empresas, el tema más importante es la credibilidad del puerto de Montevideo como un hub logístico. Como han declarado varios operadores y clientes en los últimos días ese destino natural para el que se trabajó mucho durante décadas se está desmoronando.
Desde que el puerto de Montevideo revivió a partir de la ley de puertos de 1992 no habíamos atravesado una situación tan crítica. El conflicto actualmente está fuera de control al punto de que varias empresas ya están empleando rutas alternativas y otras tantas más lo empezarán a hacer esta semana.
No es posible exagerar con los adjetivos respecto a lo dramático que es esta situación para un país que depende crucialmente del puerto para su comercio exterior y, lo más lamentable, es que estamos muriendo con los ojos abiertos.
El desborde sindical es un problema que afecta a diversas actividades en el país, sin irse muy lejos del puerto, es notorio el ejemplo de la industria pesquera, reducida a su mínima expresión por un sindicato suicida. El gobierno en general y el Ministerio de Trabajo en particular es responsable por eludir sus responsabilidades más elementales. El decreto "light" sobre prestaciones mínimas es un ejemplo de manual de una medida timorata que no le sirvió a nadie. Es necesario entender que buena parte de nuestra economía depende del buen funcionamiento del puerto para tomar medidas claras que permitan el retorno a la normalidad y, sobre todo, brindar un horizonte de previsibilidad razonable para que no se sigan yendo empresas a operar por tierra o a otros puertos de la región.
La competitividad del país se juega en estos temas y no hay agenda procrecimiento posible si no se cuenta con las condiciones mínimas para poder trabajar. El tiempo se agota y la esencialidad real del servicio debe decretarse ya, antes de que la debacle del puerto sea mayor.
Seguir mirando para el costado es brutalmente irresponsable.