Alerta en Alemania: cuando los liberales republicanos no hacen lo que deben
A la clase media local le pasa lo mismo que a la europea: no logra ahorrar para construir su futuro, mientras el debate público gira casi exclusivamente en torno a cómo seguir gravándola.
Las elecciones estatales en Sajonia-Anhalt terminaron con el triunfo arrollador de Alternativa por Alemania (44%) y un lejano segundo lugar de la CDU gobernante (17%), constituye un resultado que no se puede ignorar. Es una muestra elocuente de lo que ocurre cuando los liberales republicanos se dejan arrastrar por el discurso fácil "a favor del bien y en contra del mal", las regulaciones y la presencia estatal se multiplican, todo pasa a ser un derecho y nada una obligación, se relajan las exigencias para otorgar prestaciones y se castiga con exceso de impuestos a quienes generan riqueza trabajadores y empresas penalizando el ahorro y la acumulación de capital, esencial para el crecimiento y mejora del bienestar de la sociedad. En síntesis: se regula todo lo que se mueve hasta inmovilizarlo. "El Estado te cuida de todo" y, por eso mismo, termina no cuidando nada.
Sajonia-Anhalt es un estado pequeño y sin implicancias generales, pero el crecimiento de los extremos es muy fuerte. Fue por "derecha", en otros viene por "izquierda", es un síntoma que se repite. Se sabe que las diferencias reales entre ambos extremos no son tantas, siempre terminan tocándose.
El giro de Merz
Días después del resultado, el canciller Friedrich Merz (CDU), que en julio del año pasado ya se había pronunciado contra la permanencia de Alemania en el acuerdo de impuesto mínimo global impulsado por la OCDE [1], dio un discurso que busca mover el piso. Llamó a una "amplia desregulación", a hacer "borrón y cuenta nueva": "ya no alcanzan pequeñas correcciones legislativas, hay que desregular todos los sectores" y tildo de necesario "revisar sistemáticamente toda la legislación vigente en la Unión Europea".
Más claro, imposible. Alemania, como el resto de Europa, casi no crece desde hace dos décadas. Entre la caída del muro de Berlín y 2007 (17 años), el PIB per cápita de la zona euro se duplicaba cada 45 años; desde su piso de 2009 (otros 17 años), lo hace cada 94, apenas 0,74% anual. Estados Unidos, en cambio, pasó de duplicarlo cada 38 a cada 46 años, un 1,5% anual. Con una población que crece apenas 0,4% anual (0,7% en EUA), el PIB total europeo se expande 1,15% anual, la mitad que el estadounidense. Con estas cifras no puede sorprender el descontento social, así como tampoco que los europeos que viajaron al Mundial de Estados Unidos volvieran comentando, sorprendidos, lo bien que vive allí la clase media, aunque ello mayormente pueda ser cierto sólo en términos comparativos.
Las diferencias no eran tan marcadas antes de 2008. Tras la crisis de deuda, Europa salió a cazar contribuyentes dentro y fuera de sus fronteras: se endurecieron las "listas de colores" presentes desde los años ´90 mientras, puertas adentro, proliferan zonas y países con inventivos fiscales. Pregunte el lector qué sucede, por ejemplo, en Italia y Grecia. También en Suiza, pero ésta está fuera de la zona euro. Haz lo que yo digo, más no lo que hago.
La clase media, la gran perjudicada
La primera consecuencia es el descontento y desazón de la clase media. Es ésta, la que sostiene las economías, la más perjudicada. Paga la totalidad de los impuestos en especial sobre ingreso y ahorro sin concesiones particulares que suelen obtener otros sectores; no puede mudarse de jurisdicción para evitarlos, enfrenta todas las regulaciones sin excepción, no recibe transferencias y ve deteriorarse los servicios públicos. En las democracias, ese descontento se traduce en cambios de gobierno.
En casa
Aquí las cosas no son diferentes, comenzando por el bajo crecimiento y siguiendo por el empeño de hacer crecer el Estado y subir la carga tributaria.
Un informe reciente de la consultora Exante concluye que las empresas en Uruguay no ganan dinero, y que esa es la principal causa de la baja inversión. Nada sorprendente cuando hace años que invertir aquí solo resulta atractivo bajo regímenes promocionales, y que la reglamentación brinda más beneficio a mayor monto invertido. Los lectores de esta columna deben estar aburridos de leer algo similar.
A la clase media local le pasa lo mismo que a la europea: no logra ahorrar para construir su futuro, mientras el debate público gira casi exclusivamente en torno a cómo seguir gravándola.
Volver a las raíces lógicas
La realidad golpea la puerta. Antes de que el camino de vuelta sea demasiado doloroso, conviene recordar lo esencial: no hay mejor combinación que libertad real, la mínima regulación imprescindible, impuestos razonables y una asistencia que no destruya los incentivos ni la buena voluntad de la sociedad. Toda regulación o presencia estatal que pretenda controlar o moldear la conducta de la gente y sus incentivos implícitos que vaya en sentido contrario, termina mal. Sobran ejemplos; uno reciente el impulso a un mayor control estatal sobre el ejercicio médico, cuando en muchos casos alcanzaría con abrir a la competencia y no restringir la oferta. La ley de mejora de la competitividad alivia algunos trámites, pero otros también decididamente inútiles en el mejor de los casos apenas se agilizarán. Los ejemplos más claros son los sanitarios y alimentos envasados. Si el problema fuera la pasta de dientes, el jabón o el café, más de la mitad de la población tendría problemas de salud. Basta ir a una feria ni hablar fuera de Montevideo para ver el contrabando que genera la regulación, las demoras aduaneras y los impuestos, con su escandalosa brecha de precios.
El castigo al ahorro y al retorno de las empresas, implícito en los sistemas impositivos, y las transferencias sin contrapartida sustancia y regulaciones podrán mejorar una estadística de corto plazo, pero son el pasaporte seguro a un futuro peor.
[1] Al respecto lo discutió, tanto en público como puertas adentro con su Ministro de Finanzas. La resistencia del Ministro, no fue ideológica, de hecho el Canciller recibió otros apoyos, sino institucional porque se entiende se trata de una directiva comunitaria y Alemania no puede desactivarla por decisión unilateral.