Servier avanza en su apuesta por la innovación en oncología en Colombia
¿Por qué la oncología es hoy una prioridad para Servier? Para Servier, la oncología es una prioridad porque el cáncer continúa siendo uno de los desafíos más apremiantes y complejos de la salud global
¿Por qué la oncología es hoy una prioridad para Servier? Para Servier, la oncología es una prioridad porque el cáncer continúa siendo uno de los desafíos más apremiantes y complejos de la salud global. La incidencia y la mortalidad siguen aumentando, impactando a millones de personas y familias en todo el mundo. Este comportamiento está relacionado con factores como el envejecimiento de la población, los cambios en los estilos de vida y la exposición a diversos carcinógenos. En este contexto, como grupo farmacéutico independiente francés, hemos fortalecido nuestro interés en la oncología y hemos logrado avances importantes, especialmente en el área del cáncer colorrectal. Tras 12 años de presencia en Colombia, donde contamos con un amplio portafolio y una trayectoria en salud cardiovascular y metabólica, estamos avanzando en nuestra apuesta global por la oncología mediante el desarrollo de terapias innovadoras. Nuestro objetivo es investigar y desarrollar soluciones para necesidades médicas no cubiertas, en línea con las guías internacionales y con las particularidades de cada sistema de salud. Somos optimistas frente a los avances que hemos alcanzado y creemos que pueden contribuir a transformar la manera en que entendemos y abordamos el cáncer, particularmente el colorrectal en esta etapa. ¿Qué hay detrás de esa apuesta por la innovación? Nuestra apuesta está respaldada por una inversión significativa en investigación y desarrollo. Para mayo de este año, el grupo Servier contaba con 26 proyectos en desarrollo clínico y 23 en investigación. Esto es posible porque destinamos 20 % de nuestros ingresos a investigación y desarrollo, y cerca del 70 % de esa inversión se dirige específicamente a la oncología. Para nosotros es motivo de orgullo haber alcanzado, en poco más de 10 años, un papel relevante a nivel internacional en este campo. Queremos brindar un apoyo esencial a los profesionales de la salud y a los pacientes que viven con cáncer, no solo a través de nuevas terapias, sino también mediante conocimiento, educación y colaboración. Nuestra llegada a Colombia representa una nueva etapa para ampliar nuestro impacto y llevar nuestra experiencia en innovación a un contexto que tiene retos particulares. Buscamos que ese conocimiento se traduzca en acciones concretas y en mejores oportunidades para los pacientes. ¿Cómo aterriza esta apuesta en Colombia? En Colombia estamos trabajando para comprender mejor la complejidad de las patologías oncológicas y las necesidades relacionadas con su diagnóstico y abordaje clínico. Por eso, estamos articulando a diferentes actores del panorama sanitario y científico colombiano mediante iniciativas de educación médica continua. Queremos promover una mejor comprensión de estas enfermedades y adaptar nuestro abordaje a las condiciones y necesidades del país. Esta labor requiere colaboración entre la industria, las sociedades científicas, las instituciones de salud, los profesionales y las organizaciones de pacientes. Solo mediante ese trabajo conjunto podremos fortalecer la capacidad de respuesta frente a los retos que plantea el cáncer. ¿Qué revela el cáncer colorrectal sobre este desafío? El cáncer colorrectal es una enfermedad de alta prevalencia que se origina en las células que recubren el interior del colon y el recto. En la mayoría de los casos, comienza como un tumor benigno que crece lentamente y que, con el tiempo, puede volverse canceroso. Cuando la enfermedad se disemina a otras partes del cuerpo, se considera metastásica. Esto representa un reto clínico y suele diagnosticarse alrededor de los 70 años, aunque también estamos observando casos en personas más jóvenes. En Colombia se estiman aproximadamente 52.000 casos y solo cerca de 30 % se identifica de manera temprana. A nivel mundial, más de 900.000 personas mueren cada año por cáncer colorrectal y se anticipa un aumento de 60 % en los casos hacia 2030. Según cifras recolectadas por Sectorial, el total de personas atendidas por cáncer colorrectal metastásico en Colombia fue de 8.763 pacientes en 2025. De ese total, 23,55 % correspondió a Bogotá y 18,84 % a Antioquia. El panorama sigue siendo retador, pero también demuestra la importancia de unir esfuerzos para mejorar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento. Desde Servier queremos contribuir a que se den pasos concretos en cada una de estas áreas. ¿Qué impacto tiene la enfermedad más allá de lo clínico? El colorrectal es el tercer tipo de cáncer más frecuente y el segundo más letal. Pero esta enfermedad tiene consecuencias que van más allá de la salud de cada paciente. También genera impactos familiares, sociales y económicos. Los costos asociados con su tratamiento varían de manera significativa según la etapa en la que se diagnostique y las intervenciones que requiera. Por eso, los avances científicos son tan relevantes: pueden contribuir a mitigar la progresión de la enfermedad, mejorar los resultados en salud y favorecer la sostenibilidad de los sistemas sanitarios. A nivel global, se estima que el cáncer colorrectal es el segundo tipo de cáncer más costoso y que representa aproximadamente 11 % del gasto total en oncología. Estas cifras muestran la necesidad de fortalecer la detección temprana, optimizar las rutas de atención y desarrollar alternativas que respondan a las necesidades de los pacientes y de los sistemas de salud. ¿Qué tan importante es detectar la enfermedad a tiempo? La detección temprana es fundamental porque permite identificar la enfermedad en etapas en las que las opciones de tratamiento pueden ser más amplias y los resultados, más favorables. Aunque la edad promedio de diagnóstico ronda los 70 años, las sociedades médicas especializadas recomiendan realizar revisiones periódicas desde los 45 años. Además, actualmente se estima que uno de cada cinco casos ocurre en personas menores de 55 años. Esto demuestra que no debemos asociar la enfermedad únicamente con edades avanzadas. La ausencia de síntomas también puede dificultar la identificación oportuna. Por eso, recomendamos asistir a controles preventivos y periódicos, siempre con la orientación de un profesional de la salud.