El presidente del Frente Amplio reconoció a la derecha uruguaya y la diferenció de otras expresiones que se han impuesto en la región. "En Uruguay hay una derecha que respetamos", dijo.
Para el
Frente Amplio (FA), a medida que se acercan
las elecciones presidenciales en
Brasil que tendrán lugar en menos de dos semanas, la importancia de que
Luiz Inácio Lula da Silva logre imponerse en las urnas y alcance un cuarto mandato al frente del país norteño se ha convertido en uno de los temas centrales de las últimas semanas. Y el partido de gobierno realizó esta semana una primera actividad en apoyo al líder del Partido de los Trabajadores (PT).
La preocupación por el futuro electoral de Lula atraviesa de forma constante las convocatorias de la
coalición de izquierda. También está presente en el gobierno de
Yamandú Orsi, que considera
estratégica la reelección del líder del PT: una eventual derrota podría dejar a Uruguay como la única fuerza política de izquierda en el gobierno de toda Sudamérica. En los partidos de la oposición, en cambio, el tema ocupa un lugar mucho más lateral.
En ese marco, este lunes el presidente del FA,
Fernando Pereira, participó de una mesa de intercambio con el secretario sindical nacional del
PT,
Ariovaldo de Camargo. El eje de la conversación estuvo puesto en los riesgos que, a juicio de los participantes, supondría para la
izquierda regional un eventual regreso del bolsonarismo al gobierno de
Brasil, esta vez de la mano de
Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente
Jair Bolsonaro y principal rival de Lula.
Tampoco faltaron las críticas al presidente de
Estados Unidos,
Donald Trump, por su "injerencia" en las elecciones y más allá de ellas, como en V
enezuela de varios
países de la región.
Para Pereira, luego de la alusión de Camargo de que "Brasil no aceptará la interferencia de
Estados Unidos en la elección", "nunca hubo tanta franqueza de los
norteamericanos desde el 3 de enero hasta el presente".
"Plantearon que en
Venezuela no era un tema democrático, sino de
petróleo, y lo vemos en el acuerdo que se acaba de firmar. Los vimos interferir con la
Justicia brasileña en el proceso de Bolsonaro. Los vimos intervenir durante en la elección de
Honduras. En
Colombia, los compañeros también están convencidos de que hubo intervención, por distintas vías, pero sobre todo a través de la
tecnología", comenzó el
dirigente uruguayo.
En esta línea, el presidente del FA manifestó que lo mínimo que puede hacer una fuerza de izquierda "es protestar", pero que "luego hay que defenderse con la
gente organizada" ante la nueva
coyuntura política continental, en la que las fuerzas denominadas
progresistas perdieron ocho de las últimas
elecciones regionales.
"Naturalmente no somos independiente de este proceso. No vamos a mirar una elección a ver si gana
Lula o Bolsonaro.
Estamos decididamente jugados a que gane Lula. Yo si fuera brasileño no tendría dudas, votaría a Lula. No por
Uruguay, por A
mérica Latina. Cada derrota la hemos sufrido como si fuera nuestra. Hay un Brasil con la izquierda en el
gobierno y hay un
Brasil sin ella. Cuenten con nosotros para esa pelea. No para
intervenir, interferir: para que nuestro corazón esté con ustedes en una batalla tan
desigual", reafirmó Pereira, dirigiéndose a integrantes del
Comité Popular de Lucha Aguante a Lula en Uruguay (militantes brasileñas, residentes en Uruguay, presentes ayer en la
Huella de Seregni que también hicieron uso de la palabra).
Posteriormente, el presidente del FA diferenció la realidad política que se vive en Uruguay con respecto a otros países de América Latina, incluso reconociendo a los
partidos de oposición."En
Colombia, en
Perú, en
Bolivia, en
Chile fuimos derrotados por la
ultraderecha. Y tal vez haya que hacer una aclaración: en Uruguay hay un fuerte enfrentamiento entre
izquierda y
derecha, pero es entre la izquierda y la derecha
institucional. Una derecha que respetamos, aunque no compartimos ideas y valores. Funcionan dentro de la i
nstitucionalidad, son partidos de 190 años que han dado pruebas
democráticas. Habrá alguna persona aislada con discurso de odio, pero no hay extrema derecha en Uruguay. Ustedes se enfrentan a esa extrema derecha que cuando llega arrasa con
derechos. Ya lo vimos en Brasil y lo estamos viendo en Colombia, en Bolivia, en Chile. No lo queremos ver en Brasil. La lucha de ustedes es entre
democracia y
barbarie", diferenció Pereira, que mencionó al "tecno-feudalismo y a las
iglesias pentecostales" como herramientas utilizadas por ese tipo de corrientes políticas.
En la previa de las elecciones en Brasil, Orsi y Lula mantuvieron un encuentro bilateral en
Nueva York, en el marco de una nueva
Asamblea General de las Naciones Unidas. La cercanía entre ambos mandatarios ha sido evidente desde la asunción de Orsi, quien incluso viajó a Brasil pocos días después de haber sido electo, en noviembre de 2024, para reunirse con el mandatario brasileño.
Como informó El País este lunes, allí se acordó que Brasil utilizaría, si China da su autorización, parte de las cuotas de carne que tienen ingreso con arancel preferencial en el gigante asiático y de las que Uruguay no hará uso este año. Asimismo, la delegación uruguaya resaltó la evidente "sintonía" que tiene la administración de Orsi con el actual de gobierno de Brasil, que tiene a Lula al que Orsi, por si hacía falta, se refirió como "querido amigo" en su cuenta de X buscando su segunda relección.
Partido "hermano"
Por su parte, el director de la
Fundación Líber Seregni,
Agustín Canzani, recordó en diálogo con El País que el PT es un partido "hermano" del FA, con el que mantiene múltiples vínculos y
vasos comunicantes.
Entre ellos, mencionó la cercanía
más histórica y visible en el PT con los
movimientos sindicales y con dirigentes de la
fuerza política que surgieron de la
militancia organizada por los derechos laborales, como
Ernesto Murro,
Eduardo Bonomi, Ivonne Passada y
Víctor Rossi, entre otros que mantenían vínculos con el PT incluso antes de que el FA llegara por primera vez al gobierno.
Sobre las posibilidades de Lula, el analista de
opinión pública consideró que la mayor diferencia que tenía el actual presidente de cara a la primera vuelta ha tendido a achicarse, mientras que la pequeña para la segunda vuelta está tendiendo a desaparecer.
"Lo que suele pasar en Brasil es que hay movimientos rápidos en períodos cortos, más frecuentes que en Uruguay. No es extraño en Brasil que la
intención de voto se mueva muy rápidamente. En Brasil, desapareció lo que se podía llamar centro o
centro-derecha, como ocurrió con el
Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), de Fernando Henrique Cardoso. Hoy, el vicepresidente de Lula es un dirigente con el que compitió: Geraldo Alckmin", reflexionó.
"Lo que ocurrió después de Bolsonaro, o durante su gobierno, fue que se armó una especie de bibloquismo: uno que articula al PT con sus aliados, que incluye a toda la izquierda, pero también a la centro-derecha; y otro en el que se ubica la derecha o la extrema derecha".
De hecho, graficó que el PT no presenta candidato a gobernador en la mitad de los estados de Brasil, sino que "lo que hace es apoyar
candidaturas de centro o centro-derecha".
"Sin embargo, lo que puede ocurrir es que, dado que en Brasil también hay segunda vuelta para los gobernadores, es razonable pensar que los candidatos con los que el PT hizo alianzas para que apoyen a Lula de cara al 4 de octubre, en caso de no ser electos, tendrán que salir a buscar a los votantes de centro-derecha. La interrogante es cuánto van a hacer campaña por Lula en la segunda vuelta. A ese mapa político hay que agregar que en caso de que la derecha crezca en el Congreso podría llegar a tener una mayoría que le permitiría quórum para el impeachment e incluso para remover a los jueces de la
Suprema Tribunal Federal. Es un paquete complejo aunque de gestionar para Lula", advirtió.
Lula en la ONU
Después de mantener una reunión con el presidente de la República,
Yamandú Orsi, Lula pronunció su discurso este martes ante la
Asamblea General de las Naciones Unidas, en el que reivindicó la
soberanía de su país, alertó sobre la injerencia en los
procesos electorales y afirmó que "Brasil no cabe en el patio trasero de nadie".
En línea con el centro de la disertación de
De Camargo que defendió los logros durante las presidencias de Lula, con especial énfasis en la cantidad de
brasileños que salieron de la pobreza en Uruguay, el
presidente brasileño envió un mensaje directo a la
Casa Blanca.
"Para América Latina y el
Caribe su proximidad geográfica a la mayor potencia militar del mundo es inescapable. Sobre todo en un contexto de recrudecimiento de tentaciones hegemónicas. Brasil no cabe en el patio trasero de nadie. Precisamos de socios con una agenda positiva que impulse el desarrollo. Las
diferencias ideológicas no deben ser un obstáculo para la mayor integración entre vecinos. Los países de la región reconocieron los horrores de los regímenes de excepción y recorrimos un largo camino para restaurar la
voluntad popular. Pero la
democracia está nuevamente en jaque. Volvemos a presenciar la injerencia externa en los procesos electorales", lanzó el líder histórico del PT.
En otro extracto de su discurso, agregó: "El 4 de octubre millones de
brasileños van a ir a las urnas para definir su destino. No solo van a elegir un presidente,
gobernadores estaduales y representantes del
Poder Legislativo. Van a decidir entre
democracia y negacionismo. Si
Brasil va a avanzar a un futuro de oportunidades o va a regresar a un pasado de exclusión. Tenemos un pleito transparente y competitivo en el que todos los candidatos disfrutan de la libertad de expresión. Sabemos que algunos aprovechan esa libertad para alinearse con intereses extranjeros contrarios a los del país. Construimos un
sistema electoral moderno y
robusto. Bajo la mirada atenta de una ciudadanía plural y una prensa libre no vamos a permitir que los enemigos de la democracia, internos y externos, atenten contra la
voluntad popular".
"La democracia brasilera pertenece a los brasileros y Brasil continuará siendo un país soberano. Nadie, nadie nos apartará de ese camino", lanzó el tres veces presidente.