El sueco Markus Persson convirtió su idea en un entretenimiento global. Sin embargo, en el pico de su éxito decidió abandonar todo para volver a programar y disfrutar de su fortuna de US$ 1.400 millones.
Markus Persson prefiere llevar una vida alejada del corsé de las empresas y sus obligaciones. Por eso, cuando su emprendimiento se convirtió en un éxito extraordinario, decidió venderlo y regresar a su pasión -la programación-, aunque con US$ 1.400 millones en su cuenta bancaria, según estima hoy Forbes.
La creación de este sueco de 47 años es el popular videojuegoMinecraft, un título que hoy pertenece a Microsoft y que ha generado ingresos por US$ 4.200 millones por la venta de copias desde su aparición en 2009.
Persson -o Notch, su apodo en el mundo tecnológico- nació el 1 de junio de 1979 en Estocolmo, aunque creció junto a su familia en Edsbyn, un pequeño pueblo rural de 4.000 habitantes, ubicado al norte de la capital sueca. De niño, se fascinó con el mundo de los videojuegos, pero no solo como un jugador fanático, sino que también comenzó a interesarse en la construcción de ese tipo de mundos.
Alimentado por esa pasión, Persson comenzó a estudiar programación por su cuenta a los 7 años, con una computadora Commodre 128 que tenía en su casa. Un año después creó su primer prototipo de videojuego, un ejercicio que continuó desarrollando durante su adolescencia, etapa en la que también solía participar en concursos para jóvenes programadores.
Si bien no terminó la secundaria ni fue a la universidad, Notch tenía una sólida formación en informática -obtenida a través de foros, comunidades online y tutoriales- y eso le permitió conseguir su primer empleo como diseñador web en un estudio de diseño de Estocolmo.
En 2004 ingresó en King, la compañía detrás del famoso juego para celular, Candy Crush. Allí se desempeñaba como programador, hasta que renunció en 2009 debido a una rígida política de la empresa que impedía a sus empleados dedicarse a proyectos personales en paralelo. Por entonces, Persson había comenzado a desarrollar una idea propia: un juego ambientado en un mundo abierto y pixelado al que llamó Minecraft.
Tras su salida de King, el programador se dedicó definitivamente a su creación y comenzó a promocionarla en foros y comunidades online.
A diferencia de muchos videojuegos tradicionales, Minecraft no exigía completar una historia o vencer enemigos para pasar de nivel; simplemente los jugadores podían recolectar materiales y construir y modificar a su antojo el mundo hecho de cubos en el que se sumergían.
Venta sorpresiva
Con el tiempo, el juego fue incorporando mejoras y nuevas funcionalidades, y su popularidad explotó: en julio de 2010 tenía más de 100.000 jugadores; un año después eran 10 millones.
El proyecto permitió que Persson fundara su propio estudio de desarrollo, Majong. Para entonces, Minecraft era un éxito global multiplataforma.
Sin embargo, en 2014, Persson decidió -sorprendentemente- vender la empresa a Microsoft por US$ 2.500 millones.
«No es por el dinero. Es por mi salud», confesó Notch sobre la razón de la operación. El éxito descomunal del juego y las implicancias de ese resultado para la empresa le resultaron abrumadores, explicó el programador tras la confirmación de la venta en su blog personal.
Más allá del alejamiento de su creador, Minecraft continuó siendo un hit. Sus ventas superan los 300 millones de copias y se amplió al mundo audiovisual.
Por su parte, Notch se alejó de la industria para dedicarse a viajar y comprar propiedades, arte y equipos de informática con su fortuna. Es que, tras dejar Majong, volvió a experimentar con la programación de pequeños juegos. Sin embargo, según confesó en su blog, no está en sus planes ni sueña volver a repetir lo de Minecraft: «Si alguna vez accidentalmente hago algo que parece ganar tracción, probablemente lo abandonaré de inmediato».