Jueves, 24 de Septiembre de 2026

Ver más allá de la incertidumbre

ColombiaEl Tiempo, Colombia 24 de septiembre de 2026

"El Niño 2026-2027 podría desproporcionalmente afectar el empleo, los ingresos y las condiciones de trabajo en América Latina y el Caribe"

"El Niño 2026-2027 podría desproporcionalmente afectar el empleo, los ingresos y las condiciones de trabajo en América Latina y el Caribe". Esta es una de las conclusiones de una reciente publicación de la OIT, que se suma a un coro de voces que en los últimos meses viene advirtiendo sobre el impacto que el fenómeno tendría en la región. Desde México hasta Argentina y desde Haití hasta Brasil. Un impacto que se manifestará de distintas formas: con sequías prolongadas en Centroamérica, incendios forestales en Brasil y Bolivia, inundaciones en Ecuador y el Perú, y alteraciones en actividades económicas como la pesca, la agricultura y la energía eléctrica, que en un continente en el que uno de cada dos empleos es informal tendrá repercusiones bastante negativas. En algunos países, de hecho, ya han empezado a calcular cuánto les "costará" El Niño. En Colombia, por ejemplo, el Consejo Colombiano de Seguridad estima que el país dejaría de percibir unos 10,69 billones de pesos entre junio del 2026 y febrero del 2027. Esto es, el 0,57% del PBI nacional. Y en el Perú, donde prácticamente todas las generaciones tenemos algún recuerdo trágico del fenómeno, el Instituto Peruano de Economía pronostica que perderemos 0,8 puntos de crecimiento entre este año y el próximo. Quizás "0,8" parezca una cifra insignificante, pero hablamos de unos 300 mil empleos que dejarían de crearse, con lo que eso significa para todas esas familias que se beneficiarían de ellos. En esta coyuntura, he leído -y oído- muchos anuncios que recomiendan paralizar o posponer decisiones de todo tipo, al menos hasta que El Niño pase. Entiendo de dónde nace esa cautela y creo que estamos ante una amenaza que no se debe minimizar. Pero también pienso que quienes vivimos y trabajamos en América Latina sabemos que la incertidumbre es parte fundamental de las dinámicas de esta región, tan habituada a los cambios políticos bruscos, la conflictividad social y el impacto de la naturaleza. En Colombia, por ejemplo, acabamos de ver las dolorosas imágenes de un terremoto que dejó 331 fallecidos y que habría tenido un costo económico de cerca del 2,3% del PBI del país. Y en el Perú, llevamos un buen tiempo calculando el impacto que un terremoto de magnitud 8,8 -como el que golpeó Lima en 1746- tendría hoy, con una capital bastante más poblada y con un mercado interno muchísimo más integrado. Me pregunto entonces si lo que realmente ha limitado nuestro desarrollo en las últimas décadas en la región no ha sido tanto la presencia de la incertidumbre, sino más bien nuestra incapacidad para ver más allá de ella. Como si esta nos paralizara y definiera. Esto es particularmente importante hoy, cuando América Latina cuenta con una serie de condiciones únicas que podrían apalancar su desarrollo. Según el FMI, la región cuenta con minerales críticos para la revolución tecnología como el cobre (México, Chile y el Perú concentran cerca del 37% de su producción global) y el litio (Argentina, Bolivia y Chile poseen casi la mitad de las reservas globales). Además, genera el 69% de su energía eléctrica de fuentes renovables en un momento en el que muchas industrias buscan dejar atrás los combustibles fósiles. Y no olvidemos que su cercanía con Estados Unidos lo coloca en una situación de privilegio para beneficiarse del ‘nearshoring’, en momentos en los que la pandemia y las guerras en Oriente Medio activaron la importancia de contar con redes logísticas cercanas y husos horarios similares. En Credicorp, hemos acompañado durante más de tres décadas el desarrollo de distintos mercados de la región y esa experiencia nos ha permitido apreciar algo que a veces se pierde de vista cuando solo se mira la coyuntura: que las economías que progresan de manera sostenida no son necesariamente las que enfrentan menos incertidumbre, sino aquellas que logran preservar la confianza suficiente para seguir invirtiendo, innovando y construyendo en medio de ella. La confianza no elimina los riesgos, es cierto; tampoco reemplaza las buenas políticas públicas. Pero permite que el talento, el emprendimiento y el capital encuentren un propósito común. Ahora que El Niño regresa y que la conversación en nuestros países viene girando en torno de los riesgos de la naturaleza, quizá sea bueno que recordemos que el riesgo siempre nos acompañará como región. Y que lo que realmente definirá el futuro de América Latina no será la ausencia de incertidumbre, sino las decisiones que tomemos mientras la atravesamos.
Gianfranco Ferrari
CEO de Credicorp.
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