Una celebración
Hay una buena excusa para hablar hoy de "Dazed and Confused", la extraordinaria cinta de Richard Linklater de 1993
Hay una buena excusa para hablar hoy de "Dazed and Confused", la extraordinaria cinta de Richard Linklater de 1993. Y no es solo que ella sea fácilmente encontrable hoy en el streaming , sino que está ambientada el 28 de mayo de 1976, cuando Estados Unidos casi cumplía 200 años desde su Declaración de Independencia. Este año, 2026, se celebraron los 250 años. Por razones más o menos obvias para quien lee la prensa, no ha sido una celebración especialmente edificante. Pero, si se mira la cinta de Linklater de cerca, tampoco lo parecía entonces. ¿O sí?
Los personajes de "Dazed", adolescentes de tercero medio en su último día de clases en una ciudad pequeña de Texas, no aparecen especialmente preocupados del asunto, pero la cinta sí: se ven carteles conmemorativos; una estatua con dos padres fundadores es robada por unos estudiantes y va de allá para acá, para terminar pintada como dos cantantes de Kiss; Tony Olson (Anthony Rapp) cuenta que soñó con una mujer de cuerpo perfecto que, vaya, tenía el rostro de Abraham Lincoln; una profesora de Historia le dice a sus alumnos que no se compren la fiebre conmemorativa, porque la independencia solo se trató de terratenientes que no querían pagar impuestos; y George y Martha Washington hacen una larga aparición cuando el volado de Ron Slater (Rory Cochrane) asegura que los Washingtons cultivaban marihuana en su hacienda (además de tener un culto en torno a extraterrestres). Ambientar la cinta en el verano de 1976, entonces, no pareció un acto casual.
A su manera, la película sí es una celebración. Es insolente quizá con algunos símbolos patrios, pero celebra intensamente la cultura de Estados Unidos. No se detiene en su política, pero sí en su música, los autos, los salones de pool , los ritos, las posibilidades que cada uno tiene de expresarse a su gusto y de encontrar la gente que te entiende. No escabulle que hay algo muy salvaje aún: los que pasan a cuarto medio persiguen a los que van a entrar al highschool , para someterlos a humillantes ritos de iniciación, idénticos a los que les tocaron a ellos en su momento; rompen buzones de cartas por diversión; se arman peleas solo por un comentario que cayó mal; aquí y allá aparece un arma. Nadie corre auténtico peligro, sin embargo. Es parte del paisaje, del encuentro de libertades y de personalidades, de rituales y de cuestionamiento a esos rituales. Por ejemplo, Pink (Jason London), uno de los personajes centrales, quarterback en el equipo de football , pasa toda la cinta debatiendo si debe firmar la declaración que le exigen sus entrenadores, donde prometería renunciar al alcohol, las drogas y las malas juntas o, en cambio, renunciar al equipo. En cualquier caso, se niega a firmarla hipócritamente, como un simple trámite: sus principios están en juego: se somete al puritanismo o defiende su derecho a la autonomía moral -un dilema, por lo pronto, también muy americano.
Como es bien sabido, la cinta no relata una historia en el sentido convencional. Sigue a este grupo de estudiantes en su último día de clases, pero no hay una trama: deambulan de aquí para allá, se detienen en un local de hamburguesas, hay conversaciones en el baño, dan vueltas en el auto fumando pitos o tomando cerveza, juegan pool , hasta que todos convergen en la fiesta nocturna del parque. No parece mucho, pero Linklater logra que cada secuencia esté llena de carácter, de especulaciones, de detalles. Mucho se ha dicho que el director logra reproducir un trozo de vida, pero como bien apunta Chuck Klosterman en un pequeño ensayo, lo que Linklater hace más bien es filmar cómo se recuerda el pasado personal. En ese sentido "Dazed..." es realista, pero no con la realidad propiamente tal, sino con la naturaleza de la memoria personal, que al recordar elimina casi todo, pero lo que deja queda fijado y es intensamente vívido.
Cuesta creer que este sea solo el tercer largometraje de Linklater. El tono, la música, la dirección de arte, las actuaciones y la puesta en escena, todo funciona en perfecta armonía. Ya es un director que domina su oficio como pocos. La cinta fluye con la misma cadencia relajada de algunos de sus mejores personajes, como una extensión larga del famoso "allright, allright, allright" que Matthew McConaughey inventa para su Wooderson (y que se convertiría en la marca registrada del actor). Después sabremos que las mejores cintas de Linklater se atienen a unidades de tiempo acotadas, después sabremos que logra crear personajes queribles, creíbles, finos, con pocos trazos muy bien dispuestos, después sabremos que el problema del paso del tiempo y la imposibilidad de detenerlo será uno de los ejes centrales de su cine, después sabremos que se convertirá en uno de los mejores directores de su generación. Pero cuando hoy volvemos a ver "Dazed and Confused" nos damos cuenta de que, en rigor, todo eso ya estaba allí.
"DAZED AND CONFUSED"
Dirigida por Richard Linklater. Con Jason London, Wiley Wiggins y Matthew McConaughey. Estados Unidos, 1993. 103 minutos. En Mubi.com