Un paisaje donde la arqueología y el turismo se unen
A 100 kilómetros de la ciudad de Arica se ubica la desembocadura del río Camarones, un lugar que se caracteriza por un paisaje que combina el ecosistema terrestre con el marino. Ahí se asentaron poblaciones desde hace más de 7.000 años. Sus ocupaciones se conocen como Cultura Chinchorro, una sociedad de cazadores-pescadores y recolectores que habitó el litoral viviendo de lo que el mar y tierra les brindaba, además de destacar por su compleja y sofisticada manera de tratar el cuerpo de sus difuntos.
En este paisaje prístino la vegetación y la fauna se adaptan a las condiciones áridas y salinas de la zona, proveen alimento y refugio a variadas especies, entre ellas el picaflor de Arica. Allí el equipo de la Corporación Chinchorro Marka, administradores del Sitio de Patrimonio Mundial "Asentamientos y Momificación Artificial de la Cultura Chinchorro" trabaja de manera innovadora para su conservación con una mirada hacia el turismo sostenible.
"Lo que buscamos es posicionar este sitio arqueológico en un entorno atractivo para distintos públicos de turismo, sin romper el espacio que se crea alrededor a las evidencias arqueológicas, medioambiente y paisaje del desierto costero", destaca Camila Castillo Fuentes, arqueóloga y secretaria ejecutiva de la Corporación Chinchorro Marka.
Cerca del sitio Camarones 14, donde se registró uno de los hallazgos más significativos de la Cultura Chinchorro, con más de 7.400 años de antigüedad, el equipo arqueológico de la Corporación ejecuta desde 2025 una Escuela de Campo, iniciativa que permite a estudiantes de arqueología de la Universidades de Tarapacá, Alberto Hurtado y Universidad Católica de Temuco formarse en metodología de excavación y vinculación patrimonial, con un enfoque que posteriormente favorezca el turismo y aporte herramientas para abordar desafíos de desarrollo local.
Este lugar donde confluye el río y el mar se transforma en un escenario ideal para el avistamiento de aves y diferentes tipos de vida marina, dotándolo de un importante valor no solo ecológico, sino también patrimonial. Ahí se preserva, en cierta medida, el mismo ambiente natural que habitaron y utilizaron las personas de la Cultura Chinchorro hace miles de años.