Loboa, la nueva estrella de la Selección femenina
Su mamá se lo dijo
Su mamá se lo dijo. Y a las mamás hay que creerles. Ellas saben más y mejor que cualquiera, tienen eso que llaman corazonada, ese latido que suena a premonición. "Vale -así la llama-, vas a hacer gol". Valerin lo soñaba, dormida y despierta: que iba a anotar gol en el Mundial Sub-20 con Colombia. Estaba decidida, solo le faltaba un empujón anímico, el de su madre. Cuando vio venir la pelota, el pase certero, y se vio de frente al arco, Valerin debió recordar esas palabras, justo en el momento en el que pateó… Valerin Loboa, 1,75 de estatura, su cabello largo de trenzas, su sonrisa enorme y contagiosa, su carrera de tranco largo, su velocidad y destreza, y el 9 en su espalda, el número que designa a las goleadoras. Así llegó al Mundial Sub-20, para ser la jugadora más destacada de la Selección, con un gol inolvidable en cuartos de final. El partido iba 0-0. El extratiempo se aproximaba. La jueza estaba por levantar la mano. Juana Ortegón vio a Valerin, se miraron a la distancia, como dos cómplices del gol, y le tiró el pase al vacío, segura de que Valerin, con su potencia y velocidad, no perdería el esférico. Valerin corrió al encuentro del balón, lo capturó, avanzó con el mentón en alto, entró al área con paso decidido, vio a la portera salir, le pateó, hubo rebote, el balón fue a su abdomen y de nuevo hacia adelante, se iba a ir afuera, como pelota rebelde, y fue cuando Valerin aceleró, se lanzó y empujó el balón para que tomara el camino correcto. La jugadora chocó en su esfuerzo contra el palo, pero no había tiempo para lamentarse, era gol, gol, golazo, y Colombia pasaba a la semifinal del Mundial. Y Valerin cumplía. Y su madre, la señora Francia Vásquez, en la tribuna, solo podía pensar: "Yo lo sabía". Al final del partido se abrazaron, lloraron: eran lágrimas de felicidad. "En medio de su humildad, ella entrega todo, esto es lo que le gusta y le apasiona. Todos los días se levanta con esa mentalidad, dice: ‘vivo el presente y mi presente es jugar donde esté con todo el alma y con Dios por delante’", cuenta su mamá. La historia de Valerin Valerin, nacida en el municipio de Villa Rica, Cauca, tiene 19 años, es decir, tiene todo un futuro por delante, pero desde ya empieza a asegurar sus sueños. Arrancó en el fútbol muy pequeña, cuando le picó el gusanito del balón con apenas 5 años, cuando lanzó su primera gran consigna: "Quiero jugar fútbol". Su mamá la apoyó de inmediato. "No era com antes que se pensaba que era un deporte solo para hombres, La apoyamos". Así que la metió en una escuela satélite del Deportivo Cali, donde tenía que jugar con niños, de lo que fuera, incluso fue arquera: la goleadora de hoy ya conocía los secretos del arco. A los 12 ya estaba en la Academia del club vallecaucano y a los 14 debutó como profesional. Desde entonces su carrera ha sido productiva. Ya fue campeona con las verdiblancas en 2024. Ya estuvo con la Selección Colombia de mayores en la Copa América, siendo la menor del equipo. A su corta edad también ha conocido los sinsabores de la carrera que eligió, cuando sufrió una lesión de ligamento cruzado anterior que la sacó del Mundial Sub-20. Su mamá destaca que su hija logró superar como guerrera ese obstáculo y regresó para seguir triunfando, con su disciplina y amor por el fútbol. Valerin, según su mamá, es feliz, comprometida, de pocos amigos. ¿Le gusta algo más? "Qué les digo, esa hija mía... Solo fútbol, fútbol, fútbol, je je". Estando en el Cali, ya era una amenaza para las defensas rivales. Era el referente del gol en el equipo que fue campeón de la liga local, entonces se le abrieron las puertas. El Portland Thorns de Estados Unidos se fijo en ella y la fichó hasta 2028. Estando allí recibió el llamado para ir al Mundial y el resto es la historia a la que estamos asistiendo: la de la jugadora que más se destacó en la Selección durante el torneo. Cuando empujó la pelota hacia la red tuvo la certeza de que le daba a todo el país una gran satisfacción. "Yo le dije, no te apresures, el tiempo de Dios es perfecto y es hoy", le dijo su mamá antes del partido. La madre que todo lo presiente tenía razón. Valerin llegó a ilusionarse tanto, mientras toda la prensa deportiva colombiana ya hablaba de ella, que se mentalizó en ser campeona del mundo, lo veía probable porque ella es guerrera. Pero no pudo. Colombia perdió la semifinal contra Corea del Norte, una potencia, un rival muy superior, y ahí acabó el sueño de Valerin y sus compañeras. Ayer, Colombia jugaba por el tercer puesto contra Italia. Valerin, sin embargo, se va del Mundial con aprendizajes, con esa frustración, pero con deseos de seguir dejando huella en el fútbol. "Es muy doloroso porque queríamos jugar la final del mundo. A eso le apuntamos antes de llegar aquí, pero las cosas de Dios...", dijo al final del partido semifinal. Su mamá solo siente orgullo. "Ellas hicieron mucho, competir con 23 equipos y estar entre las cuatro mejores, son unas duras, unas berracas", dice Francia, con la voz de mamá orgullosa. La historia de Valerin sigue. Su mamá dice que ella no piensa en el futuro, solo en el presente: estudiar inglés y afianzarse con goles en su nuevo equipo. Cada que salta a la cancha, con las canilleras que llevan el rostro del abuelo paterno que perdió cuando era muy niña, Valerin quiere seguir haciendo historia. Eso le dice su mamá, y si una mamá lo dice, hay que creerle...