Racing pasó vergüenza, Vojvoda no renunció ni Milito lo echó: en las próximas horas se definirá su futuro
Racing dinamitó su año de la peor forma posible
Racing dinamitó su año de la peor forma posible. Lo que Boca celebra con épica, la Academia lo transita con vergüenza y con fantasmas de tiempos que parecían olvidados. Como en épocas pasadas, todo lo que puede salir mal, sale mal y de la peor manera que se pueda imaginar. Antes de entrar a octubre, Racing ya no compite por nada. Por eso, este lunes habrá una reunión en la que podría quedar sentenciado el ciclo del entrenador Juan Pablo Vojvoda, según pudo averiguar LA NACION. El orientador táctico, que sufrió su séptima derrota en 13 partidos dirigidos, se retiró del Gigante de Arroyito sin dar declaraciones.
En caso de que Vojvoda no continúe en el cargo y este lunes se formalice su salida, una de las posibilidades es que Sebastián Romero, entrenador de la Reserva, asuma hasta tanto la Academia consiga a un entrenador que genere consenso. Según pudo averiguar LA NACION, uno de los inconvenientes que afronta la dirigencia encabezada por Diego Milito es que dos de los potenciales sucesores no tienen en sus planes dirigir en la Argentina por el momento: Eduardo Coudet, de reciente paso por River, y Sebastián Beccacece, que condujo a Ecuador en el Mundial.
Sólo una remontada inimaginable que termine en una consagración en el Clausura, algo que resulta hasta ridículo plantear si se consideran las muestras que dio el equipo a lo largo de este año, le permitiría a Racing bordarse una estrella y disputar las copas internacionales del año que viene.
Vojvoda, el técnico institucional que eligió el presidente Diego Milito después de despedir a Gustavo Costas, se fue en silencio de Arroyito, donde la derrota resultó una herida gigante no sólo para su ciclo, también para todas las esferas de la institución. Sin declaraciones del entrenador, del presidente ni del director deportivo, Sebastián Saja, la única certeza por estas horas es que la Academia tocó fondo y que el tan mentado "salto de calidad" promovido durante la campaña ha resultado uno al vacío de la mediocridad deportiva en 2026.
En la previa a lo que fue esta dolorosa derrota con el Xeneize, todo el mundo Racing era consciente de la importancia que tenía su resultado: se jugaba el año (y la proyección del otro), en una temporada en la que los traspiés y las derrotas se convirtieron en la norma de una extraña y exasperante nueva normalidad.
Para el equipo, que la semana anterior había quebrado una serie de ocho partidos sin victorias y salido del último puesto del Clausura, salir airoso del mano a mano con Boca era una prueba de fuego. La Academia necesitaba imponerse en un encuentro de máxima importancia. El 2-0 parcial, con el golazo olímpico de Gastón Lodico y la certera aparición de Adrián Martínez, ilusionó a los fanáticos con una luz al final del túnel de esta temporada. Sin embargo, los tres cabezazos de Enner Valencia representaron un tiro de gracia en la sien de un equipo débil en la adversidad.
Para Juan Pablo Vojvoda, cuyas modificaciones tuvieron incidencia absoluta en la desmejora del equipo, la Copa Argentina era darle vida a un ciclo que de forma prematura empezó a estar en la mira. "No siento que no sirva como técnico, lo que pasa es que no gano", había confesado con mucha angustia en la conferencia posterior a la derrota con Huracán, cuando un hincha de la Academia que se había infiltrado en Parque Patricios llegó a gritarle "tenés que renunciar".
Con la derrota consumada ante los de Rodolfo Arruabarrena, que con las variantes sí le otorgó otro ímpetu a su equipo, Vojvoda cosechó su séptimo traspié en 13 partidos dirigidos, de los cuales apenas ganó cuatro. Más allá de la pobre efectividad del ciclo (sólo logró el 36 por ciento de las unidades en disputa), la manera en cómo cayó Racing en Rosario hace presagiar que el aire se volverá irrespirable si el entrenador aún deseara seguir al frente del plantel.
Otra de las cuestiones que quedó en evidencia otra vez durante el partido es que los errores de Vojvoda tuvieron relación directa con la pobre calidad del recambio de su plantel. En ese sentido, el contrapunto de enfrentar a Boca hizo aún más notoria la cantidad y calidad de los jugadores con los que contaba cada cuerpo técnico. Y la conformación del plantel no fue responsabilidad del entrenador, sino de Milito y Saja.
Para Diego Milito, el ídolo que se convirtió en presidente y consigo pasó de las ovaciones a los insultos de una parte de los hinchas, la eliminación sufrida en Rosario es un nuevo revés a su golpeada gestión (e imagen). Ubicado 23° en la tabla anual y fuera de la zona de playoffs en el Clausura, la Academia está al borde de mirar por televisión los certámenes internacionales por primera vez luego de 12 temporadas de asistencia perfecta: la última vez que no jugó la Sudamericana ni la Libertadores fue en 2014.
"De no clasificar a copas internacionales el año que viene, lamentablemente lo que más se resiente son las obras en infraestructura. Las obras pensadas en el Cilindro, Ezeiza y (el predio) Tita tendrán una demora. Esa será la primera válvula de ajuste", anticipó -en Racing Maníacos- el tesorero del club, Diego Cifarelli, respecto a cuánto impactaría en los planes institucionales que el equipo no consiga estar en el plano Conmebol durante el año que viene.
Por ende, la falta de un salto de calidad en el plano deportivo también decantará en golpear aquello por lo que hoy la dirigencia sacaba chapa: hacer obras. "Esta obra es un verdadero salto de calidad, ojalá pronto cortes la cinta", le había dicho Claudio Tapia, presidente de la AFA, a Milito, con quien se reunió el último miércoles en el nuevo predio que la Academia construye en Ezeiza.
El recorrido entre el presidente del fútbol argentino y el de Racing fue una señal de búsqueda de paz, luego de que Milito criticara con dureza a Tapia durante mayo, cuando Racing se quedó afuera del Apertura, perjudicado por el arbitraje de Darío Herrera en la derrota con Rosario Central, también en el Gigante de Arroyito. "El fútbol argentino está roto", había concluido Milito, quien cuatro meses después bajó las armas y mostró la bandera blanca ante un empoderado pope de la Casa Madre de la pelota.
"Fue un error haberle renovado a Gustavo por tres años", había dicho Milito a inicios de septiembre, cuando reconoció que no hizo una evaluación certera en diciembre de 2025, cuando le extendió el vínculo al ídolo hasta el final de su gestión como presidente. Un semestre después de aquella decisión, el propio Milito fue quien consideró que la continuidad de Costas era insostenible. Adentro y afuera de la cancha, decisiones demasiado sensibles con un margen de error demasiado grande.
El camino de Milito como presidente, sobre todo en este 2026, está plagado de problemas. El viaje, este fin de semana, fundamentalmente tampoco fue grato para los hinchas de la Academia, quienes por una disposición de la APreViDe (Agencia de Prevención de Violencia en el Deporte), tuvieron que recorrer la ruta más larga para ir hasta Rosario a ver un clásico que terminaría de la peor manera. Además de ir por el camino más largo, en el que tardaron aproximadamente 7 horas, conectando las rutas 7, 8 y 178 hasta llegar a Rosario (el público de Boca fue por Ruta 9, la más directa), los fanáticos contaron con menos tickets (13.500) y tampoco pudieron llevar banderas, por una sanción de Seguridad de Rosario.
Racing sigue en un camino sinuoso en este 2026, en el que las malas noticias son frecuentes, la gloria algo lejano y las decisiones erradas, un sello que hace que el futuro esté lleno de amenazas y pesadillas.