Conceptos para un ciudadano ilustrado
¿Cuáles serían los conceptos que toda persona ilustrada debe necesariamente asimilar?
La verdad es que el nivel del debate público hace pensar seriamente en qué está entregando la educación hoy y cuán compatibles son esas obvias deficiencias con el mundo en que vivimos y, más aún, con el que se viene. Todo ello me lleva a reflexionar acerca de cómo debemos formar a nuestros estudiantes del siglo XXI para que adquieran las capacidades que requerirán para adaptarse a los cambios y cuáles deben ser los conceptos mínimos que deben incorporar a su bagaje intelectual.
Lo primero es que la educación no podrá seguir centrada en la transmisión de conocimientos, que el cerebro humano retiene, como se sabe, por muy poco tiempo y que probablemente queden obsoletos a poco andar. Más aún, la inteligencia artificial ya nos supera ampliamente en acumulación de contenidos, y el conocimiento está hoy disponible universalmente -como nunca- en los medios tecnológicos.
En este contexto, el verdadero desafío es desarrollar habilidades intelectuales que permitan aprender distintas maneras de indagar el conocimiento y de razonar; identificar problemas y buscar vías de solución; diferenciar entre lo esencial y lo accesorio; interpretar y evaluar la información existente, y no perder la capacidad de comunicación verbal y escrita. Se trata, entonces, de formar personas aptas para enfrentar la complejidad, la diversidad y el cambio; para aplicar los conocimientos en distintas circunstancias y para neutralizar los sesgos, la parcialidad y los prejuicios. Necesitamos ciudadanos capaces de pensar en forma ordenada; de formular, analizar, integrar y aplicar argumentos y datos; de dominar principios básicos de la lógica e incorporar información, ideas y conceptos nuevos, aprendiendo a evaluar, jerarquizar, asociar, comparar y criticar la información, para así -cuando surgen nuevas evidencias- poder reconsiderar, con mentes abiertas a la innovación, aquello que se da por sentado.
¿Cuáles serían los conceptos que toda persona ilustrada debe necesariamente asimilar? En primer lugar, comprender la conjeturalidad del conocimiento humano sobre temas terrenales como primer paso para eliminar el dogmatismo y la convicción, tan presente entre nosotros, de ser poseedores de una verdad única e irrefutable y de tener, por lo tanto, el derecho inalienable a imponer, incluso coercitivamente, soluciones únicas al resto.
Igualmente importante que aquello es saber distinguir entre lo que son los datos objetivos y sus interpretaciones; entre los hechos y las opiniones; como así también la diferencia entre opiniones bien fundamentadas y otras arbitrarias, basadas exclusivamente en prejuicios personales.
Otra deficiencia por superar dice relación con la incapacidad para diferenciar entre lo que son meras coincidencias de sucesos que se producen simultáneamente, por una parte, y la existencia de relaciones entre causas y efectos entre ellos, por la otra. Para que un resultado se pueda vincular a una causa hay que establecer esa relación causal en un análisis riguroso. Así, por ejemplo, es una simplificación indebida atribuir el aumento del desempleo al actual gobierno, pues sus causas son diversas, complicadas y difíciles de resolver.
Finalmente, hay otras dos nociones que se deberían incorporar. Una, que la riqueza no existe a priori , lista para ser distribuida, pues desde la Revolución Industrial su naturaleza pasó de ser estática, basada principalmente en la tierra, a ser dinámica; por lo tanto, debe ser creada permanentemente por el ingenio humano. Dos, que naturalmente el ser humano tiene expectativas de progreso ilimitado, acentuadas hoy por la tendencia a construir la identidad a partir del consumo material, pero al mismo tiempo hay que saber que los recursos son limitados y necesariamente ello exige elegir y priorizar.