La actriz presenta su unipersonal "Frida, ¡viva la vida!" sobre la artista mexicana el 8 de octubre en el Teatro Stella de Montevideo. "Su mensaje tiene una vigencia arrolladora", sostiene.
La actriz Laura Azcurra llega a Montevideo con Frida, viva la vida un unipersonal sobre el legado de Frida Kahlo que viene de superar las 100 funciones en Argentina. En videollamada con El País, muestra orgullosa varios objetos en su casa vinculados a la artista, como un cuaderno que la tiene en su portada. "Acá está lleno de Fridas", señala para demostrar su devoción por esta figura histórica.
De amplia trayectoria en televisión y teatro, la actriz habla del desafío de componer este personaje, el recuerdo de su rol en la mítica tira Campeones, su participación en el colectivo de Actrices Argentinas y su decisión de involucrarse públicamente en debates sociales.
-¿Qué te interpela de la figura de Frida Kahlo?
-Siempre me interpeló el arte de Frida. Desde que tengo uso de razón sabía que esa mujer se llamaba Frida Kahlo, que era mexicana, que había tenido un accidente y que era la compañera de Diego Rivera. Creo que a todos los actores nos unen cosas con los personajes, incluso en las polaridades más extremas. En este caso, con Frida compartimos mucho: el amor por la naturaleza, la conciencia de clase, el amor por América Latina y por nuestra propia identidad, y el arte como espacio de catarsis, transformación y provocación.
-¿La iniciativa del espectáculo fue tuya?
-El proyecto llegó a mis manos a través de un productor que me acercó el material. Fue bárbaro porque creo que de otro modo no me hubiera animado a interpretar a Frida. Si bien todas las actrices sentimos un amor incondicional y transversal por ella, también hay mucho respeto. Yo nunca había interpretado a un personaje histórico. Que llegue Frida en este momento y en este contexto del mundo y de la región me parece muy significativo. Su mensaje siempre está vigente. Tiene una vigencia arrolladora, es perenne, no tiene vencimiento.
-La figura de Frida también se convirtió en un fenómeno comercial. ¿Te preocupa que se termine desdibujando lo que representa?
-Eso pasó desde siempre y tiene sus pros y sus contras. En México están un poco saturados de la "Fridamanía", pero al mismo tiempo digo: "No deja de ser una forma de difusión y de ampliar su mensaje". Si una nena ve una figura de Frida que le resulta atractiva porque tiene flores en la cabeza, después puede profundizar e interiorizarse en su vida. Me parece un disparador interesante. Sucede algo parecido con el Che Guevara. En un mundo globalizado es un poco inevitable que estas cosas pasen.
-Decías que Frida entendía el arte como un espacio de provocación. ¿Para vos el arte es siempre político?
-Es político desde las decisiones que tomamos a cada paso, no necesariamente político partidario. Somos sujetos políticos y cada acto nuestro es político. Yo por ejemplo no compro agua embotellada. Siempre estoy con mi botellita y cargo agua en los lugares a los que voy. Para mí, es un acto político. Y no tiene nada que ver con lo partidario. En el arte de Frida hay una exposición de lo que sentía y de lo que vivía. Era su espacio de catarsis, su espejo y su reflejo. Mostraba la vulnerabilidad de su alma y de su espíritu, fuera de lo hegemónico. En muchos cuadros aparecen huesos, niños muertos, cuestiones vinculadas con sus operaciones y con los abortos espontáneos que tuvo y con ese deseo profundo de ser madre que no pudo concretar porque tenía su cuerpo roto. Todo eso es provocación e interpela al otro.
-Muchas veces la industria parece castigar a los artistas que se pronuncian sobre determinados temas.
-Siempre hubo una tendencia a que el artista fuera dócil a quien lo convoca, pero también hay algunos que tienen una posición partidaria muy marcada y recorren el mundo llenando estadios y haciendo canciones increíbles. Hay una campaña de miedo y del silenciamiento a la que estamos sometidos en América Latina, sobre todo en un momento tan polarizado. Necesitan que todo esté etiquetado y, sobre todo, etiquetado desde afuera.
-En Argentina, por ejemplo, se ve que las figuras quedan etiquetadas políticamente al expresar alguna opinión.
-En Argentina enseguida necesitan decir: "Si pensás así, sos kirchnerista". No soy kirchnerista. Entonces te dicen "sos socialista". Y tampoco. Yo no estoy afiliada a ningún partido político. No quiero la etiqueta porque tiene más que ver con el prejuicio del otro que conmigo. Eso tranquiliza más al que está afuera que lo que me define a mí.
-¿Alguna vez exponer tus opiniones te perjudicó en lo laboral?
-No. Llevo 30 años trabajando y siempre estuve en el teatro, además de popularizar mi trabajo a través de la televisión. Después de la maternidad empecé a mirar el mundo de otra manera y a preguntarme, como artista y comunicadora, qué tenía ganas de contar. En 2018, cuando se debatía en Argentina la ley de interrupción voluntaria del embarazo, me pregunté si iba a quedarme callada cuando muchas colegas estaban tratando de poner el tema en discusión. ¿Por qué no íbamos a hablar de eso? Me pareció importante ser parte de una agrupación de mujeres, actrices y activistas que decidimos hablar del tema.
-Ese mismo año Actrices Argentinas comenzó a visibilizar situaciones de acoso y abuso dentro de la industria.
-Fue un antes y un después, no solamente en la industria sino en la sociedad. Después de acompañar la denuncia de Thelma (Fardin), hablando específicamente de nuestro rubro, entendimos que esto sucede en todos los espacios, principalmente en las familias. Hablar de un tema incómodo y terrible permitió que un montón de personas pudieran expresarse.
-¿Vos viviste situaciones de este estilo en primera persona?
-Siempre hubo abuso de poder y estaba naturalizado. Como también estaban naturalizados algunos chistes o determinadas formas de comportamiento. Una se reía de incomodidad y estaba instalado aquello de "no hables porque te vas a quedar sin trabajo". Eso estuvo muy presente en el siglo pasado y me parece que ahora es inadmisible.
-Por fuera de lo ideológico, ¿qué ficción recordás con más cariño?
-Campeones siempre va a estar en mi corazón. Cuando me convocaron, yo había terminado el secundario un viernes y el lunes empecé a las 7.30 de la mañana a trabajar. Grabábamos 12 horas por día. Ahí aprendí muchísimo: elementos audiovisuales que no conocía, cómo corregir un texto rápido, cómo improvisar con otros actores dentro de un marco y cómo una historia puede llegar al corazón de tanta gente.
Raw Html -¿Cómo ves la transformación de la industria audiovisual?
-Vi la agonía de la televisión en cámara lenta porque estaba siendo parte de esa televisión. Cuando empezó la movida neurótica y frenética del minuto a minuto, lo vi. Lo vi haciendo ficción y también haciendo conducción en televisión abierta. Me parecía una locura porque en las ficciones hay que dar un tiempo y un proceso para contar una historia. Pero también entiendo que el mundo estaba cambiando y que nos estábamos dirigiendo hacia donde estamos ahora: el scrolleo, no prestar atención durante más de 20 segundos, lo que dura una historia de Instagram. Ahora hay ficciones verticales que duran un minuto y algo por capítulo. Por suerte formé parte de una televisión hermosa, donde la gente se juntaba en su casa para ver una historia. En mi caso, el teatro siempre estuvo presente. No es que tuve que volver al teatro porque desapareció la ficción: mi corazón siempre estuvo arriba de las tablas.
-¿Cuál es el lugar que ocupa el teatro en ese contexto?
-Hoy es casi revolucionario. La liturgia de sacar una entrada, ir al teatro y saber que es ese día y a esa hora, que no podés verlo cuando quieras, me parece muy importante. Es una cita con el arte.
-¿Hay producciones que priorizan a personas con muchos seguidores por encima de actores con formación, por ejemplo?
-Eso me rompe un poco el corazón. Pareciera que un youtuber que tiene muchas vistas puede hacer igual un personaje en una ficción que un joven actor con mucha formación y talento pero que no tiene tantos seguidores. Entonces me pregunto: ¿qué estamos midiendo? ¿La llegada? ¿Qué queremos contar? Estamos en un momento muy exitista, en el que por ahí tener dos millones de seguidores parecería garantizar calidad. Yo quiero estar abierta a jugar con las diferentes modalidades que aparecen, pero sin perder la formación, el estudio y la calidad que uno necesita para interpretar.