La izquierda homenajea a Bachelet
El carácter del acto confirma la impronta que marcó su postulación a la ONU.
Como un acto de desagravio luego de su fallida postulación a la Secretaría General de la ONU, los partidos de oposición homenajearon esta semana a la expresidenta Bachelet. El encuentro, en el teatro municipal de La Pintana, cerró el ciclo que se iniciara hace un año, cuando el Presidente Boric anunció la decisión de postularla, para luego lanzar oficialmente su candidatura en febrero pasado. Un cierre que volvió a poner en evidencia el sesgo político que marcó esta postulación. Y es que si Boric, más allá de haber declarado retóricamente que esta era una candidatura de Estado, nunca hizo mínimas consultas con la oposición de la época y ni siquiera con el Presidente electo, no es raro que el acto de esta semana haya sido, en definitiva, un encuentro partidista, una señal unitaria de la izquierda en torno a sus dos nombres más relevantes: Bachelet y el mismo Boric.
En este sentido, es curiosa la molestia hacia la actual administración que trasuntaron varios de los discursos, sin asumir que la forma en que se decidió la postulación excluyó desde un principio a todo un sector del país. Pero las contradicciones no paran ahí. No menos sin sentido es que el entonces Presidente Boric haya levantado a Bachelet como carta al mismo tiempo que lanzaba diatribas contra el Presidente de Estados Unidos, país con poder de veto en la nominación del secretario general. Resulta así hasta pueril que hoy algunos usen tono de denuncia para revelar que las autoridades norteamericanas nunca quisieron recibir a nuestra exmandataria.
Al margen de esas paradojas, el acto de esta semana confirmó el estatus de que goza Bachelet en la izquierda. Sin duda, se trata de una figura rutilante en nuestra política, la primera mujer en haber llegado a la más alta magistratura, una expresidenta que incluso fue reelegida y que despierta fervor entre sus adeptos. Ella, además, ha sido la histórica gestora de la unidad de la izquierda, al haberle puesto fin a la Concertación, para incorporar al Partido Comunista en la Nueva Mayoría. Más aún, pese a los iniciales desaires del frenteamplismo, bregó por acercarse a ellos, los mismos que hoy finalmente la reconocen y aplauden.
Justamente esos aplausos entusiasman a algunos en el Partido Socialista, añorantes de volver a tener una candidata presidencial propia y que suscita respaldos transversales en el sector. Sin embargo, el que exista esa tentación habla ante todo de la carencia de liderazgos en el PS. Aunque Bachelet prometió en La Pintana que no se irá "para la casa", es difícil imaginarla en nuevas aventuras electorales propias, y su experiencia en las campañas del Apruebo y de Jeannette Jara desgastó el aura imbatible que solía irradiar. Más probable parece que, como expresidenta y como inspiradora de la izquierda, siga ejerciendo influjo en un sector que continúa aferrado a su legado, negándose a cualquier revisión crítica.