Domingo, 04 de Octubre de 2026

Fue sin querer queriendo

ChileEl Mercurio, Chile 4 de octubre de 2026

Difícil explicárselo al casi millón de desempleados.

¿Cuál es el mejor personaje del Chavo del 8? Sin duda: Don Ramón. Quizás por estar siempre debiendo el arriendo, sin una "chamba" estable, algunos lo catalogan de flojo y chanta. Pero hay que entender el México de los 70 antes de vilipendiarlo: la migración del campo a la ciudad sacudió el mercado laboral. Sin empleos formales suficientes, la precariedad laboral explotó. Don Ramón no captura la viveza del mexicano, sino que es una víctima de la informalidad y la inestabilidad laboral. De hecho, realizó más de 20 oficios distintos en la serie.
Hablando de precarización laboral y víctimas, lo que está viviendo Chile podría dar para varias series. Le doy cinco datos que ponen los pelos de punta: desde 2022 (oct-dic), el desempleo no baja del 8%; en los últimos cuatro años los desempleados que llevan un año o más buscando trabajo aumentaron un 51%; el tramo 25-34 perdió 119 mil empleos en el último año; más de 1,5 millones trabajan hoy en puestos por debajo de su calificación (subempleo); y 60 mil mujeres entraron a la fuerza laboral en el último año, pero solo se crearon 9 mil empleos femeninos (en el neto, todos informales).
¿Qué pasó? La cosa está clara y uno pensaría que no hace falta insistir. Pero como Chespirito demostró una y otra vez en el Chavo, la mejor forma de que no olvidemos algo es repetirlo ("!Acúsalo con tu mamá, Quico¡"... pobre Don Ramón), así que acá va una vez más.
Hay al menos dos factores que han puesto al mercado laboral chileno en jaque. El primero es local y autoinfligido. Nació entre quienes, allá por el 2014, daban el crecimiento por asegurado, y evolucionó hacia ideas como que reducir la jornada aumentaría automáticamente la productividad. Así, sobre la base de buenas intenciones y poco sustento empírico, una y otra vez políticas públicas encarecieron el empleo formal. Y tanto va el cántaro al agua, que al final se rompe. Buena parte de las malas cifras actuales es resultado de esas equivocaciones. Es que "fue sin querer queriendo". Difícil explicárselo al casi millón de desempleados.
El segundo factor es noticia en desarrollo, pero viene como avión. Desde fines del 2022, la tecnología cambia el mundo del trabajo: la automatización es una realidad. En mercados laborales flexibles, eso puede ser virtuoso. En aquellos vestidos con camisas de fuerza, un desastre total. ¿Dónde está Chile en esto? Los números comienzan a preocupar: los desocupados con título universitario crecieron un 17,6% en doce meses, el mayor aumento por nivel de educación.
¿Qué hacer entonces? ¿Cómo evitar que los Don Ramón se multipliquen en nuestra vecindad? Doblar la apuesta por el crecimiento es esencial y ya se hace. El plan pro empleo también es bienvenido. Pero quedan peleas difíciles que hay que dar. Desde modernizar la indemnización por años de servicio hasta revertir algunas malas ideas de la década pasada. Frente a las cifras, evadir con un "con permisito dijo Monchito, y se fue a tomar un cafecito" no va a funcionar.
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