Carmen Aldunate (1940-2026): Retratos de la condición femenina
Carmen Aldunate Salas (1940-2026) falleció este 25 de septiembre; no obstante, había cerrado su ciclo creativo hace ya unos años; aunque ella dibujó y pintó hasta el último minuto que su vista -que la aquejó- se lo permitió
Carmen Aldunate Salas (1940-2026) falleció este 25 de septiembre; no obstante, había cerrado su ciclo creativo hace ya unos años; aunque ella dibujó y pintó hasta el último minuto que su vista -que la aquejó- se lo permitió.
Miembro de Número de la Academia Chilena de Bellas Artes desde 2004, fue una artista muy prolífica y corresponde ahora reunir su obra en un catálogo razonado. En la última década realizó muchos grabados que después intervino a mano; también hizo pinturas y dibujos, aunque su problema a la vista le impedía trabajar con la pulcritud técnica que la caracterizaba. Al revisar internet, sorprende constatar que su obra gráfica y pictórica fechada entre 1967 y 1990 no está disponible para visualización; lástima, pues ello hace a algunos olvidar, e impide a otros conocer, su mejor producción.
Hoy se la asocia con obras bidimensionales y figuras de mujeres vestidas con elaborados trajes y cofias, envueltas en telas y/o amarradas con cuerdas; un arte, en apariencia, nostálgico y conservador. A propósito, la génesis de sus imágenes femeninas se encuentra en la serie "Monjas" (1967); óleos sobre papel donde se observan óvalos dentro de los cuales se distinguen rasgos faciales femeninos -ojos de expresión temerosa miran hacia el cielo-; el fondo negro contra el cual se recortan dichos óvalos evoca los hábitos de las religiosas; una estética expresionista que rememora obras de Lucas Johnson (EE.UU.,1940-2002). En 1969 Aldunate se anima a dibujar figuras de cuerpo entero, aunque esquemáticas. Sus pinturas experimentan un vuelco cuando viaja en 1971 a California, Estados Unidos: su paleta se llena de colores vibrantes y luminosos, e influenciada por su entorno, pinta mujeres desnudas o semidesnudas en escenarios naturales próximos al surrealismo y al pop; aquí comienza su exploración de lo erótico. Es un período en el que, además, investigó el collage con interesantes resultados.
De regreso a Chile en 1973, los intensos colores se apaciguan y las figuras, por lo general solitarias, "vuelven a vestirse". En este período se concentró en perfeccionar su técnica gráfica, tanto así que, en 1974, obtiene el Primer Premio de Dibujo del Salón Oficial por "Abracadabra"; un excelente trabajo a lápiz sobre papel (45 x 60 cm) donde dos figuras se entrelazan en diagonal y un ave se interpone entre ambas.
Hay períodos en que dejó de lado las figuras. En 1975, por ejemplo, se concentró en la serie "Paisajes interiores"; pinturas sobre papel que muestran fragmentos de objetos y variados materiales; la temática cambia, pero la impecable técnica persiste.
En 1976 retoma con fuerza la producción de figuras femeninas de perfil o tres cuartos, jóvenes de mirada hierática, a veces, con craqueladuras o máscaras sobre el rostro y siempre con su pelo cubierto; indicación de recato y sometimiento. Hay dibujos a lápiz de muy buena factura, "Réquiem" (1976), por ejemplo.
En 1980 descubre la madera como soporte, pues ese año se realiza el primer Encuentro Arte-Industria -proyecto gestionado por Lily Lanz, directora de Galería Época, que apoyó Sofofa-, cuya finalidad era que artistas visuales fueran apadrinados por una empresa que les facilitara sus materias primas para que crearan obras inéditas sin limitaciones económicas. A Aldunate le correspondió una industria de elaboración de madera, el resultado fue "Xilocromía"; una serie de seis ingeniosos rompecabezas donde es posible intercambiar piezas y, por ende, modificar las figuras.
Sus referentes más recurrentes fueron artistas del Renacimiento y del manierismo (Rafael Sanzio, Holbein, Cranach), y al respecto, comentó: "El que yo utilice los mismos caracteres de escritura que se usaron con anterioridad, no significa que repita lo ya dicho. Sería imposible debido a la diversidad de problemas que cada época supone"; añadiendo, "al igual que un escritor no entrega al público un manuscrito con signos que solo él o ella comprende, opté por exponer algo legible". A través de imágenes de jóvenes de apariencia calma, Carmen Aldunate manifestó su preocupación por una comunidad que exigía a las mujeres recato y beatitud, mientras que la publicidad las cosificaba y las presentaba como meros símbolos sexuales. En los setenta advirtió: "Es peligroso el despertar de la mujer, porque se la ha tenido demasiado tiempo oprimida"; recurrió a la cita y a la apropiación para señalar que las postergaciones de su género eran milenarias. Mediante semblantes agrietados alertó sobre la vejez; en tanto, decía que las máscaras ocultaban la verdadera piel; también deseos, frustraciones y angustias. En sus rostros de apariencia serena, las fisuras son reflejo de su propia ansiedad frente al deterioro y la posible muerte de sus seres queridos. Su obra es un continuo autorretrato donde, a veces, se ríe de sí misma o hace memoria biográfica. Eligió un lenguaje que le sirvió para llamar la atención sobre la condición femenina e ironizar respecto de una sociedad de rasgos pacatos e hipócritas.