Domingo, 04 de Octubre de 2026

Un recorrido por la Bienal de Venecia: tendencias y obras que marcan el pulso del arte hoy

ChileEl Mercurio, Chile 4 de octubre de 2026

El grueso de lo visto en esta Bienal está logrando posicionarse como un canto a la vida con una gran mayoría de propuestas y obras pacíficas, sutiles, poéticas, de mucha espiritualidad. La naturaleza -real o ficticia-, un énfasis en el arte textil y una fuerte presencia de la escultura protagonizan esta versión, cuyo llamado a volver la mirada hacia el ser humano parece ya instalarse.

Han pasado varios meses desde la polémica apertura de esta 61ª versión de la Bienal de Arte de Venecia, en mayo, cuando numerosos artistas y países rechazaron la participación de Rusia e Israel en el encuentro global del arte ("por las guerras y el genocidio en Gaza"); a tal punto que gran parte del jurado internacional dimitió. No se entregaron los premios tradicionales del León de Oro, que serán dados cuando culmine la bienal el próximo 22 de noviembre, en una votación esta vez solo del público. Hoy la situación es muy distinta al interior de la bienal. Es más: muchas de las obras de arte llaman aquí a la paz, se impregnan de poesía, de música, naturaleza y de profunda espiritualidad. Y surgen marcadas tendencias y nombres de interés en la escena. Numerosos países han seguido fielmente el llamado curatorial de la comisaria, de nacionalidad camerunesa y suiza Koyo Kouh, quien falleció repentinamente en 2025, pero se decidió mantener intacta su propuesta titulada "Tonos menores", que implica más silencio, poesía y un énfasis en el entorno natural que busca llevar al centro al ser humano.
Con un clima agradable, entre los 21 y 25 grados, sin humedad, la ciudad sigue recibiendo a numerosos visitantes que llegan expectantes a este encuentro de arte, junto a la Documenta, el más importante del mundo. Los pabellones están llenos de público. Y en las afueras de los antiguos arsenales, junto al Gran Canal -una de las dos sedes principales- hay filas de interesados por adquirir en un quiosco especial la entrada (40 euros solo por dos días). Los críticos, la prensa y la tercera edad pagan la mitad, pero si se quiere profundizar, hay que volver a mirar. Y en esta versión hay 100 países participantes, además de los 111 artistas -entre ellos, el chileno Alfredo Jaar-, invitados especialmente por la curaduría central.
En el inicio del recorrido por los viejos Arsenales ya se perciben las nuevas tendencias: numerosos volúmenes, esculturas y sobresale (como se ve ya en Chile) un impresionante despliegue de arte textil. La naturaleza predomina. Hay naturaleza real que interactúa con el arte contemporáneo: !árboles y jardines de verdad¡ Desde los inicios de la ciudad de los canales, contiguo a la Estación de Trenes, seduce el Jardín místico sonoro y contemporáneo que expone la representación del Vaticano como un oasis de poesía, música y espiritualidad. Uno de los puntos más altos de esta Bienal.
Jardín New age ; el olivo
En el enorme espacio expositivo interior y oscuro de los arsenales -a pocos metros de su acceso principal- encontramos una de las obras que tal vez mejor representa el llamado curatorial "En tonos menores". Es un árbol, un olivo real, silente, hermoso, que detiene a los visitantes. Proyecta un poético juego de sombras. La sutil iluminación de la instalación escultórica -junto a una imperceptible plataforma que mueve lentamente el olivo- alcanza su cima al escucharse una sonoridad. El artista Theo Eshetu con este proyecto, "El jardín de los corazones rotos", buscó reflexionar "sobre la melancolía, la ausencia, la espiritualidad y la frágil resistencia de la naturaleza ante la fugacidad".
Un cruce multidisciplinario entre la naturaleza y el arte contemporáneo, en tanto, se experimenta en el "Jardín Místico de las Carmelitas Descalzas", uno de las presentaciones más seductoras de la Bienal. El Vaticano participa con este proyecto que llama "El oído es el alma", en homenaje a la santa Hildegarda de Bingen, con la curaduría del reputado comisario Han Ulrich Obrist y Ben Vickers. Al hermoso y extenso jardín con parras y flores del convento, agregaron artes visuales, música, poesía y, por cierto, espiritualidad. Con tal fin, se disponen dispositivos sonoros en lugares del jardín que emiten los encargos de música y sonoridades que les pidieron a famosos artistas como Pati Smith, el legendario compositor Brian Eno, FKA Twigs, la organista y compositora Kali Malone, y artistas visuales como Otobong Nkanga y Precios Okoyoman, que se mueven entre la ecología y la poesía. El proyecto inmersivo entrega a cada visitante auriculares para ir recorriendo este jardín con sonoridades y música que parecen surgir en medio de plantas y flores. Algo así como un oasis de espiritualidad (el Vaticano suma otra propuesta en otro lugar también en honor a la santa Hildegarda).
Jaar, Magdalena Campos y Wangechi Mutu
El arte textil es una constante en volúmenes y tapices que se van sucediendo en la bienal. También está en instalaciones. En el Arsenale, la obra multisensorial "Susurro de huellas" del reconocido francoargelino Kader Attia, con flores y yerbas, espejos y arte textil, reflexiona sobre la memoria y la historia. El título cita al poeta español José Ángel Valente con su obra "No amanece el cantor". También sobresalen pinturas semiabstractas monumentales en apuestas muy cromáticas y matéricas de Kaloki Nyamai. La escultura en bronce de un árbol con pájaros, de Nick Cave, llama la atención.
La "pieza roja de tierras raras", de Alfredo Jaar, concita un enorme interés entre los visitantes que ingresan expectantes en este espacio bañado de color rojo en donde el artista vuelve a cuestionarse sobre los límites del extractivismo en las faenas mineras. El gran espacio iluminado con una penetrante luz roja y un efecto poético de neblina (como un cuadro de Richter) tiene en el centro una vitrina con un pequeño objeto que brilla y condensa minerales, se trata de las llamadas tierras raras. El color rojo de la instalación recuerda en algo también la emblemática instalación en rojo "Desvío a Vermelho", de Cildo Meirelles, que expuso en la Tate Modern remeciendo la escena del arte.
Hay, en cambio, una clara ausencia de la fotografía, que llegó a ser protagonista con notables autores contemporáneos, y una baja en los videos, que ahora son todos de una excelencia fílmica. Hay excepciones como es el caso de Alain Phelan, quien exploró los primeros colores que fotografió el irlandés John Joly, con un método pionero inventado en 1894. Se exhiben las experimentaciones en pequeños y estéticos paneles led retroiluminados.
En el Giardini -en el pabellón central de la curaduría de Koyo Kouh- hay un ambiente intenso y de mucho color. Fascina la hermosa gran instalación "Anatomía del árbol de la magnolia para Koyo Kouoh y Toni Morrison", de la cubana María Magdalena Campos Pons. La artista retrató a Koyo, por ser la primera mujer de África en dirigir la bienal y a Morrinson por ser la primera afrodescendiente en ganar un Nobel de Literatura. Al mismo tiempo, buscó devolverle a la flor de la magnolia su sentido original de emblema de fertilidad y memoria. Las sensuales esculturas orgánicas de la flor que atraen al público están hechas en vidrio, resina y cerámica. Y en medio de ellas se pueden escuchar sonoridades de bajos y sintetizadores de Kamaal Malak. Evoca un espacio entre jardín y altar.
La reconocida artista y pintora keniana, residente en Estados Unidos, Wangechi Mutu, sobresale en el pabellón con un poético gran montículo con formas corporales femeninas, inspirado en la estética de las máscaras Makonde. Evoca culturas y paisajes. Es uno los trabajos más genuinos y estéticos de la muestra central. La obra se enfrenta, a su vez, a un mural pictórico que contiene paisajes y mitologías de espíritus protectores del agua y habla de la relación entre el cuerpo y los ecosistemas. Hay que dedicarle un tiempo para disfrutar sus contenidos en capas de imágenes.
Fachadas de casas de arte textil
India es uno de los pabellones más notables. Explora el concepto de hogar como un espacio emocional, de memoria y de transformación a través de diversas materialidades. Produce admiración la belleza y excelencia de su arte textil que construyó siluetas de casas, ventanas, puertas y escaleras a tamaño monumental. Todo tejido en sedas y algodones de color blanco, que hablan de una estética y hacer milenarios, también contemporáneo. Nos internamos en medio de estas finas construcciones que van desde el cielo al suelo, en un recorrido libre y asombroso ante estos refinados textiles en blanco que contrastan en el espacio negro.
India, además, expone esculturas en arcilla y terracota en las que desarrolla el concepto de la fragilidad de la tierra. Y en el tercer gran espacio exhiben un jardín suspendido en el aire con materiales orgánicos... Casi vecino, está el pabellón de la República de Uzbekistan con "El mar auditivo". Pequeñas playas de arena, objetos y moluscos marinos en vidrio y resina, y textiles, abordan la región del mar de Aral, desde una perspectiva ecológica y mítica.
En el sector del Giardini, para el pabellón de Polonia sugerimos tenderse en una tarima central para ver los filmes que se proyectan simultáneamente en el techo y las paredes. Las sucesivas tomas de preparación e inmersión bajo el agua de personas sordomudas dan cuenta de un trabajo de investigación y arte notable, junto a artistas, cineastas y científicos. La alegría de decenas de bañistas, sus desplazamientos en el agua por comunicarse contagian. Polonia una vez más destaca en Venecia.
"¿Cuántos ángeles pueden danzar en la cabeza de un pin"?
Así se llama la monumental obra colaborativa de los países nórdicos: Finlandia, Noruega y Suecia. Realizan un cruce de personajes y seres de cuentos y fantasías. Desde el exterior se percibe que se vivirá una experiencia estética especial. Una monumental escultura de un personaje aparece en el exterior, mientras sus enormes zapatos y piernas descansan al interior del recinto. Frente a él, un gran volumen escultórico de un tronco horizontal tiene en su superficie seres fantasiosos como una gran rata plácida sentada, pájaros silvestres, ramas y hasta un pimentón. Otros seres surgen por rincones en la superficie textil del árbol. La historia continúa. Pero estos monumentales volúmenes con sus figuras conllevan una lectura más áspera: aborda el espacio como una condición de compresión y vivencia donde los cuerpos, los materiales, el sonido y la memoria coexisten bajo presión.
En el pabellón de Alemania, un muro pintado de color verde menta de la artista Henrike Naumann, fallecida a los 41 años poco antes de la apertura, explora "las ruinas del socialismo, de la República Democrática Alemana y las tensiones políticas posteriores a la reunificación". Hay muebles de esos años de Guerra Fría y en la pared exhiben objetos encontrados por Henrike, desde retratos, hasta objetos domésticos o militares... Los pabellones de Estados Unidos, Francia e Inglaterra tienen poco público al momento de nuestra visita. Las obras, para algunos, parecen de menos interés. Chile, en los arsenales, destaca por su originalidad y ello se comenta. Atrae la obra del reconocido artista Norton Maza, aunque se echa de menos tal vez un mayor formato (el espacio es grande) y más aberturas para ver el diorama en que se cruzan hermosos paisajes, la historia del arte y también realidades sociales.
Shock en pabellón de Austria
Hay que hacer una larga fila para ingresar al pabellón de Austria. Antes de entrar, nos prohíben sacar fotos. Dos piscinas a sus lados aún no inician la performance , pero como elemento protagónico encontramos en lo alto del patio central una suerte de "casa de vidrio" llena de agua y una mujer corpulenta desnuda dentro de ella: debe permanecer allí más de 10 horas. Pero explican que "está muy cómoda", que le entregan comida y hasta una cama para descansar (que se levanta y mueve). Y que respira muy bien. Bajo esa gran pecera hay dos baños químicos donde se invita al público a orinar para colaborar en el reciclaje de agua, la misma agua en que está la mujer de arriba. Y de todas las aguas del recinto, como aquella donde otras mujeres desnudas se ven como colgajos... Y harán el espectáculo con motos de agua...
La performance "Seaworld Venise", de Florentina Holzinger (conocida por sus instalaciones que causan shock ), se propuso abordar el colapso ecológico del agua y la resistencia feminista a través de la performance y el sonido. Pero el resultado, !para la mayoría¡, es una denostación de la mujer, una propuesta denigrante y agresiva. Y de mal gusto a pesar de los recursos implicados en ello. Hay muchas otras capas de lectura que van polemizando aun más la propuesta...
El pabellón de Japón, en cambio, parece muy amable con 208 muñecos bebés. Los espectadores son invitados a tomar uno y recorrer los pisos: mudarlo y hasta pasearlo en cochecitos. El artista Ai Arakawa Nash buscó alertar de la baja de natalidad, pero se percibe más una realidad alineante en donde varios parecen conformarse con solo un muñeco. Al escuchar costumbres de ese país en donde se paga por ir a un bar a acariciar un perro o ir a reírse, cambia aún más la mirada.... Con todo, y esas excepciones de lo visto, el grueso de esta Bienal está logrando posicionarse como un canto a la vida con una gran mayoría de propuestas y obras pacíficas, sutiles, poéticas, de mucha espiritualidad. Y lo reconocen escritos como el suplemento El Cultural. Además, hay buen arte, a diferencia de otras versiones en que se dibujó con fuerza la confrontación y hasta cancelaron la idea de invitar a artistas con trayectorias reconocidas o provenientes de determinados países. Hay aquí menos modas y más contenido ético-estético.
Hay aquí buen arte a diferencia de otras versiones en que se privilegió lo desconocido y la confrontación
El wokismo parece estar fuera de esta bienal impregnada de música y espiritualidades.
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