Domingo, 04 de Octubre de 2026

Democracia y dignidad

ColombiaEl Tiempo, Colombia 4 de octubre de 2026

La democracia debe garantizar el usufructo de los derechos fundamentales de las personas en su cotidianidad, y nada es más sagrado que el derecho a la vida digna

La democracia debe garantizar el usufructo de los derechos fundamentales de las personas en su cotidianidad, y nada es más sagrado que el derecho a la vida digna. En cualquier democracia que avanza hacia la consolidación de garantías para su ciudadanía, la muerte de un ciudadano bajo custodia del Estado sacude los cimientos de la opinión pública. La violencia policial o la vulneración de derechos desata movilizaciones multitudinarias, altera la agenda política y abre un debate público. Ocurre en Europa y en Estados Unidos, donde la movilización en contra de las violencias es permanente. En Colombia, no. Aquí, la tragedia humana se normaliza, se diluye con pasmosa rapidez, sepultada como un hecho anecdótico. Esa indolencia sistemática se refleja con crudeza en el caso de Donovan Balanta, el joven afrodescendiente que murió tras un procedimiento violento en su contra a manos de miembros de la Policía Nacional en el sur de Bogotá. Lamentablemente hay otros casos, como el de Luis Alfredo Echeverry, en el Cauca, Ricardo Andrés Martínez, en Magdalena, o los jóvenes asesinados en Quibdó y Buenaventura por grupos al margen de la ley. Esta es toda una tragedia. A veces hay titulares. En el triste caso de Donovan hubo registro de prensa, algunas reacciones de sectores políticos y sociales y ya. La Defensoría del Pueblo y la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos pidieron investigar lo ocurrido. Pero lamentablemente este es un caso más, entre muchos, que afectan a poblaciones en situación de marginalidad y bajo prejuicios y estereotipos: afrodescendientes, indígenas, mujeres, campesinos, estudiantes e integrantes de la comunidad LGBTIQ+. El silencio del Gobierno y de funcionarios del Estado al más alto nivel, frente a casos tan alarmantes como este, no contribuye a la apertura de un debate público sobre este tipo de violencia y cómo erradicarla. El diálogo directo con las comunidades es muy importante; sin embargo, en el caso de Donovan Balanta no hubo pronunciamiento alguno, después de una reunión del Presidente de la República con líderes afrodescendientes en la Casa de Nariño. Ese silencio alimenta la idea de sectores que aplauden el linchamiento. El alto Gobierno debe ser intencional en manifestar enérgicamente su rechazo y su indignación. La garantía de la seguridad y de los derechos humanos no puede medirse únicamente en el cumplimiento de metas o en la reducción fría de cifras en un informe oficial. Se trata, en esencia, de priorizar efectivamente la vida como un imperativo ético indiscutible. Hablando de simbolismos, la exhibición pública de cuerpos en bolsas reduce la estatura moral del accionar de las instituciones de la democracia y sus formas de comunicar esa escala de valores. Debemos recordar que la seguridad sin derechos humanos y respeto a la dignidad de cualquier persona no es orden, sino tiranía. Una democracia no exhibe cadáveres, no tolera la muerte violenta bajo custodia de personas privadas de la libertad, ni justifica como "daño colateral" la caída de sus ciudadanos inocentes en nombre de la patria. Debemos entender como sociedad que la vida no es simplemente un dato más y que la indignación debe tener igual rigor ante la muerte violenta de cualquier ciudadano. Es responsabilidad del Estado proteger la vida por encima de cualquier consideración política. La seguridad legitima requiere de confianza y cumplimiento de estándares de derechos humanos en la cotidianidad. Como lo dijo su santidad el papa León XIV: "La democracia se mantiene sana solamente cuando está arraigada en la ley moral y en una verdadera visión de la persona humana. Sin este fundamento corre el riesgo de convertirse en una tiranía de la mayoría o en una máscara para el dominio de las élites económicas y tecnológicas". En un hecho muy destacado, nosotros dejamos a Colombia instalada como miembro del Consejo de Seguridad y el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, precisamente para defender con convicción posturas como la expresada por el Papa.
el caso

de Donovan

Balanta
Luis Gilberto Murillo
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