El diagnóstico chileno ante la IA: temor por futuro del empleo, pero más optimismo que en Estados Unidos
Un 44% de los chilenos espera un impacto positivo de la IA en la sociedad durante los próximos 20 años, frente a 16% en Estados Unidos, según estudio del Centro de Reputación Corporativa del ESE Business School de la Universidad de los Andes.
La inteligencia artificial (IA) ya forma parte de la vida cotidiana de la mayoría de los chilenos: se usa constantemente y se le reconocen beneficios, pero al mismo tiempo existe temor por el futuro del trabajo de las personas y la percepción de que su incorporación va demasiado rápido. Ese es el diagnóstico que entrega la encuesta "Chile frente a la IA" del Centro de Reputación Corporativa del ESE Business School de la Universidad de los Andes, que aplicó un termómetro para medir cómo se vive en el país la "fiebre" por la expansión de la nueva tecnología.
"La percepción pública ha transitado desde la fascinación inicial por las herramientas digitales hacia una mirada más cauta, donde emergen interrogantes fundamentales sobre la privacidad de los datos, la estabilidad laboral y la transparencia de las decisiones automatizadas", plantean los autores del análisis Pablo Halpern y Josefina de Fuente.
Según los investigadores, la IA enfrenta hoy una batalla reputacional donde el desafío principal ya no es lo que la tecnología es capaz de hacer, sino la legitimidad social de sus usos y la confianza en quienes la implementan. De acuerdo con los resultados del sondeo, estos son algunos de los hitos en Chile:
1 Ya entró a la vida cotidiana.
El punto de partida es contundente: 84% de los encuestados con acceso a internet usa algún chatbot de IA. El uso llega a 96% de la Generación Z (18 a 29 años) y 91% entre los millennials (30 a 45 años); baja a 79% en la Generación X (46 a 61 años) y 66% en los Baby Boomers (62 a 79 años).
2 Avanza muy rápido.
La relación con la IA no es de entusiasmo sin matices. El 47% siente más entusiasmo que preocupación; 30% siente tanta preocupación como entusiasmo y 23% declara más preocupación que entusiasmo.
A la vez, 77% cree que la IA está avanzando "demasiado rápido". Además, un 58% siente que se le impone el uso de la IA, quiera o no
De la Fuente detalla que la idea de que la IA avanza demasiado rápido no es propia de una generación, pues inquieta por igual a jóvenes y mayores y algo más a las mujeres que a los hombres. "Una hipótesis es que las mujeres estén mirando la IA menos desde la fascinación tecnológica y más desde sus posibles consecuencias. No necesariamente hay un mayor rechazo a la tecnología, sino una mayor sensibilidad frente a la incertidumbre que genera: qué ocurrirá con el empleo, quién controla las decisiones y quién responde cuando la IA se equivoca", explica.
Halpern añade que la gente no confía porque siente que si un sistema de IA se equivoca, nadie asume el error. "No hay a quién reclamar por una falla de IA. Eso es algo que podría cambiar", plantea.
3 El futuro se ve mejor.
Al mirar los próximos 20 años, los encuestados son más optimistas respecto de su propia vida que respecto de la sociedad. El 58% espera un impacto positivo de la IA en su vida personal, mientras 44% anticipa un efecto positivo para la sociedad.
Entre los beneficios, 61% destaca que la IA hará más rápidas o fáciles tareas y transacciones; 26% menciona servicios más accesibles y 21%, menos errores humanos en la toma de decisiones.
4 El empleo concentra los temores.
El dato laboral es directo: 69% está muy o algo preocupado por la posibilidad de que la IA reemplace empleos de los que dependen ellos y sus familias. El 29% está muy preocupado y 40% algo preocupado.
El temor aparece en distintos tipos de trabajo y se mantiene en niveles similares entre grupos ocupacionales.
5 La mitad teme quedar atrás.
La inquietud laboral se conecta con una preocupación más amplia: quién podrá aprovechar realmente la tecnología. El 51% cree que personas como ellas quedarán excluidas y se quedarán atrás al obtener ventajas reales de la IA. El 49% piensa que conseguirá grandes ventajas.
6 No todo se percibe como una amenaza.
La encuesta no muestra una visión exclusivamente negativa. El 62% cree que la IA ayudará a resolver desafíos mundiales relacionados con energía y cambio climático, frente a 38% que piensa que los agravará. En el trabajo, las opiniones están divididas: 51% cree que la vida laboral de la mayoría mejorará gracias a la IA y 49% que empeorará.
En pobreza y desigualdad, el balance cambia: 45% cree que la IA sacará a personas de la pobreza y ayudará a cerrar la brecha de ingresos, mientras 55% considera que empujará a más personas a la pobreza y ampliará esa brecha.
"Si la percepción es que la IA mejora la vida de algunos y deja a otros atrás, la desconfianza en esta tecnología irá creciendo. La confianza social en una tecnología depende tanto de si funciona bien como de si parece justa", previene Halpern.
7 Si afecta a una persona, aumenta la necesidad de control humano.
El sondeo permite concluir que los chilenos no aceptan por igual que una IA tome decisiones sin supervisión humana. Hay mayor disposición a permitir autonomía en tareas comerciales u operativas. Por ejemplo, 44% la acepta para publicidad y 42% para recomendaciones de productos (ver gráficos).
La aprobación disminuye cuando la decisión puede afectar directamente a una persona: 24% acepta una IA sin supervisión humana para evaluar créditos y solo 21% para revisar postulaciones a empleos.
Halpern señala que se debe definir con claridad qué decisiones puede tomar la IA de forma autónoma y cuáles no. "No es lo mismo usar IA para clasificar correos o redactar textos internos que usarla para decidir si alguien pierde un beneficio, un crédito o un empleo", esgrime.
En ese contexto, el investigador postula que es necesario mantener una instancia de revisión humana. "Toda decisión relevante adoptada con apoyo de IA debería poder ser revisada por una persona cuando el afectado lo solicite. Esa posibilidad, aunque se ejerza pocas veces, es la que puede sostener la confianza en el conjunto del sistema", afirma.
8 Transparencia, regulación y confianza.
Para reducir la preocupación, la medida más mencionada a las empresas es transparentar cómo utilizan la IA (53%). Le siguen explicar cómo protegen la privacidad y los datos, con 39%, y explicar de dónde provienen los datos, con 36%.
La regulación genera otra tensión. El 61% teme que el Gobierno no regule suficientemente la IA, mientras 26% teme que lo haga demasiado.
Las empresas tampoco reciben una confianza amplia: 29% confía mucho en que las compañías chilenas desarrollarán y utilizarán la IA responsablemente, 52% confía poco y 10% no confía nada.
A Halpern le llama la atención que mientras en Estados Unidos la discusión acerca de la IA está "desatada", en Chile ese debate no se ha abierto. "Si bien es cierto esta tecnología se está desarrollando principalmente en EE.UU. y en China, eso no nos exime de abrir una conversación acerca de temas regulatorios. No quiero decir con esto que haya que regular o no. Pero la discusión la tenemos que hacer", argumenta.
9 Más optimismo que en Estados Unidos .
El contraste internacional es uno de los resultados más nítidos. En Chile, 47% declara sentir más entusiasmo que preocupación por la IA, frente a 10% en Estados Unidos. Además, 44% de los chilenos espera un impacto positivo de la IA en la sociedad durante los próximos 20 años, frente a 16% en Estados Unidos.
Para Halpern, la explicación de esta diferencia es que en la potencia estadounidense los medios de comunicación, los pódcasts más influyentes, los columnistas y el mundo académico discuten permanentemente los posibles efectos de la IA sobre el empleo, la educación, la política, las empresas y todos los ámbitos de la vida.
Desde su perspectiva, más que interpretar el mayor optimismo chileno como una evaluación necesariamente más favorable de la IA, estima que puede reflejar que en Chile la discusión sobre sus riesgos, costos y transformaciones está menos desarrollada.