Premio mundial por contar la física cuántica
La Dra
La Dra. Carla Hermann Avigliano, del Departamento de Física de la U. de Chile, aterriza mañana desde Dubái. En su maleta trae una escultura: el gran premio internacional como educadora cuántica.
Lo ganó durante los "FemTum Leap Awards 2026" que destaca a mujeres líderes en difusión de la física cuántica, durante el Quantum Innovation Summit (https://bit.ly/4xTuTJz).
No resulta fácil entender y, más difícil, explicar, la física cuántica. Sobre todo, cuando hay personajes que hablan de "cuántico" y dicen cosas como que la mente transforma físicamente la realidad. En Instagram (@quantumcarla) un episodio, "La doble rendija y el mito para el fraude cuántico", desarrolla esa idea.
En sus mensajes, sistemáticamente ella descorre el telón de la cuántica para que los legos podamos ver esta intimidad de la materia. Porque no estamos en la física clásica, sino de ese mundo mínimo que ella y sus colegas del grupo persiguen en el MIRO: Instituto Milenio de Investigación en Óptica (https://bit.ly/4yrhlFX).
Lucha por resultados en el laboratorio. Pero, observando a sus hijos de 6, 4 y 1 año, urdió un libro que agotó su primera edición: "El mundo invisible", disponible hoy.
Esta y otras aventuras de difusión por redes sociales la llevaron al estrellato en Dubái. El jurado debe haberse encantado ante su pasión.
Y, si sus hijos pequeños pueden seguirla, los mayores también.
Ella agradece que la U. de Chile y el grupo MIRO la impulsen a detonar este mensaje sobre las realidades íntimas de la materia. Desde el saber eso desarrolla a la gente, a la sociedad, dice.
La cuántica azota el cerebro. Pregunta "¿puede el vacío estar realmente vacío?".
"No es que los niños salgan sabiendo mecánica cuántica; pretendo que se maravillen, que amplíen su intuición y que terminen con más preguntas que respuestas".
En una entrevista con los periodistas Cata Muñoz e Iván Guerrero en radio Concierto (https://bit.ly/4diM5k7) contó cuán intenso le resulta escribir. "El ritmo, las pausas, cada coma tiene un sentido, acompañan el descubrimiento", dijo.
Le pregunté. Desde pequeña leyó mucho, siempre le gustó escribir. También poemas. "Encontrar palabras para lo que me pasaba por dentro". Y luego: "Creo que escribo por esas ganas de compartir el asombro (...), que otras personas también puedan maravillarse con ellas".
Clasificó al Dr. Carlos Saavedra, exrector de la U. de Concepción, como "mi papá académico". En sus clases se topó por primera vez con la relatividad especial y la física cuántica. Salió furiosa. "!Me han estafado¡ ¿Cómo nadie me había contado antes que esto existía? (...). Ese curso cambió mi vida". Y hoy escribe:
"Me despierto sabiendo que tenemos la posibilidad de aprender algo que todavía nadie sabe. Estamos explorando la frontera (...), esa posibilidad me llena el corazón y el alma (...); estudiar el universo es una manera de maravillarme ante la creación y tratar de comprender las reglas fundamentales que la gobiernan".
"Y la luz ocupa un lugar muy especial... a través de ella podemos conocer tanto de lo más pequeño y de lo más lejano".
Un merecido bulto asoma en su maleta.