Miércoles, 07 de Octubre de 2026

Elecciones, mentiras y bots

ChileEl Mercurio, Chile 6 de octubre de 2026

Persevera la izquierda en instalar el relato que le sea conveniente.

"La mentira como arma de acción política", es el nombre del seminario que realizará este jueves el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz (ICAL), tradicional centro de estudios (y también OTEC) vinculado al Partido Comunista. El nombre parecería prometedor. Basta una mirada a la historia del movimiento comunista internacional para concluir que, efectivamente, este tiene mucho que enseñar respecto del uso de la mentira como arma. Más aún cuando entre los expositores estará la exministra Camila Vallejo, quien durante los días del estallido, en su época de diputada, difundió diversas noticias falsas en sus redes sociales, sin hasta ahora haber hecho un mea culpa por ello.
Pero, claro, tratándose del ortodoxo PC chileno, conviene no hacerse expectativas: todo indica, a la luz de la convocatoria, que no habrá mayores revelaciones ni menos una revisión crítica de las conductas propias. Los objetivos parecen apuntar en la dirección opuesta. De hecho, el temario informado hace algunos días en el instagram del ICAL incluye materias como el caso Cerimedo y las denuncias de Evelyn Matthei sobre campañas de bots en su contra, asunto al que la izquierda intenta desde hace rato exprimirle réditos.
Sin embargo, también es parte del listado de temas uno cuya inclusión sí resulta inquietante: "cómo se intoxicó el plebiscito constitucional y la elección presidencial". Y es que el planteamiento que allí subyace da cuenta de cómo, cuatro años después del referendo de 2022, una parte de la izquierda sigue resistiéndose a aceptar su mayor derrota política desde el retorno a la democracia.
En efecto, la idea de que el triunfo del Rechazo no fue una genuina expresión de la voluntad democrática de los chilenos se ha pretendido levantar por algunos desde la noche misma de ese 4 de septiembre, con variaciones de todo tipo, desde burdas acusaciones de manipulación y engaño a la ciudadanía (las "granjas de bots", denunciadas por el diputado Bassa), hasta la explicación del expresidente Boric, en cuanto a que la lección sería que no se puede ir "más rápido que el pueblo". De distintas maneras, esas formulaciones tienen como elementos comunes tanto la incapacidad para reconocer el fracaso de un proyecto como la mirada condescendiente, henchida de superioridad, respecto de electores ineptos para apreciar lo que se les proponía. El que, bajo diversas formas, se siga hasta hoy insistiendo en ello, habla de la sorprendente perseverancia de la izquierda para intentar instalar un relato que convenga a sus intereses. Incluso, aunque eso obligue a fingir escándalo por acciones en las que esa izquierda difícilmente podría lanzar primeras piedras. Porque, si se trata de manipulaciones y mentiras, ¿no deberían figurar en cualquier temario el "centro de torturas" de la Estación Baquedano o los ejércitos de cuentas anónimas que insultaban a la policía y celebraban la violencia durante el estallido?
Contrastan con esa actitud -y deben, por lo mismo, ser valoradas- recientes afirmaciones del abogado Javier Couso, una de las figuras académicas más respetadas de la oposición. "Uno no puede decir que los bots deciden las elecciones, pero solo cuando pierde la izquierda si yo soy de izquierda", sostuvo, poniendo en evidencia -en entrevista con Reportajes, de "El Mercurio"- el absurdo de aquel doble estándar.
Por cierto, Couso no figura entre los expositores invitados por el ICAL para este jueves.
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