Martes, 06 de Octubre de 2026

"Mis muertos tristes": Inusual y agobiante

ChileEl Mercurio, Chile 6 de octubre de 2026

Es difícil definir "Mis muertos tristes", la nueva aventura del cineasta Pablo Larraín en televisión, que debutó a fines de septiembre en Netflix

Es difícil definir "Mis muertos tristes", la nueva aventura del cineasta Pablo Larraín en televisión, que debutó a fines de septiembre en Netflix. Es, quizás, uno de los puntos a favor de la producción de cuatro episodios: en un mercado televisivo tan abarrotado de ofertas, que a menudo se asemejan entre ellas, esta apuesta del chileno resulta inusual y original.
Basada en los cuentos de la escritora argentina Mariana Enríquez, quien participó en la escritura de los guiones junto a Larraín, Guillermo Calderón y Anastasia Ayazi, la historia se ambienta en el dilapidado barrio de Piedrabuena, en los suburbios de Buenos Aires, un lugar marcado por la pobreza y el crimen, que ha sido olvidado por las autoridades. Ahí ha llegado Ema (Mercedes Morán), una doctora recién jubilada, y no por decisión propia, a la casa de su madre (Luz Jiménez), quien acaba de morir. Ema tiene desde niña la facultad de ver fantasmas, un don que ha aceptado con resignación, pero que su entorno no comprende.
También se presentan en el lugar la hija de Ema (Dolores Fonzi), quien acaba de vivir una tragedia personal, y su hermana Lidia (Alejandra Fletchner), que junto a su marido (Carlos Portaluppi) han llegado a Argentina desde Estados Unidos para internar a su hija Julie (Carolina Sánchez Álvarez) en un hospital psiquiátrico. Al igual que su tía, Julie también tiene una conexión con los muertos, aunque la de ella es mucho más física, incluso sexual.
Un incidente causa que el agua del barrio se contamine y el resto de los habitantes empiecen a escuchar la presencia de los muertos con los que Ema está acostumbrada a convivir, lo que desencadena el resto de la trama.
"Mis muertos tristes" fue anunciada como una serie de terror, aunque nada hay aquí de las convenciones típicas del género que ha popularizado Hollywood. El principal terror de esta historia es el abandonado barrio en que se desarrolla, un lugar plagado de asesinatos, odio, drogas y decadencia humana, donde sus habitantes se han volcado a la desesperanza al saber que no son escuchados. Hay un paralelo con los muertos, que no quieren ser olvidados. Esa ambientación cruda y violenta, acompañada de colores apagados y un filtro rosa grisáceo, más los constantes sonidos de dolor, hacen que la serie sea inquietante, incómoda y a ratos agobiante, pero no necesariamente cautivadora.
El ritmo es bastante lento para una producción de solo cuatro capítulos y si bien es una historia que tiene mucho que decir, presenta su narrativa de tal manera que cuesta conectar con ella desde una perspectiva emocional, un problema sin duda para una ficción que habla de la muerte y de lo que no queremos escuchar. Una de las principales críticas que se le ha hecho a la ficción es la superficialidad con que toma los temas del material original y su dificultad para trasladar las sutilezas y reflexiones de la pluma de Enríquez a la pantalla.
Destacan, sí, los actores. Las escenas de tensión familiar son algunas de las mejor logradas en la ficción, y la actriz argentina Mercedes Morán, en particular, es convincente como una mujer que entiende lo que otros no, que se mueve entre la mordacidad, el cansancio y la empatía.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela