Miércoles, 07 de Octubre de 2026

Caída en la producción de cobre

ChileEl Mercurio, Chile 7 de octubre de 2026

En un ambiente tan contrario a la inversión minera como el que vivió el país, no es extraño que ella no haya tenido el dinamismo que se esperaba.

No solo la producción anual de cobre del país se ha mantenido casi sin variaciones en los últimos 20 años -en alrededor de 5,4 millones de toneladas-, sino que, en los últimos meses, dicha producción ha caído respecto de los mismos meses del año anterior, llevando el Imacec a cifras negativas durante buena parte de lo que va corrido de 2026.
Eso ha generado un debate respecto de las causas de esa caída, especialmente considerando que Chile es el país con más reservas de cobre del mundo, que ocupa el primer lugar en la producción del metal y que, además, el precio internacional del mismo está en el nivel real más alto de las últimas décadas, por razones más estructurales que coyunturales.
A las causas ya conocidas de este declive, como la menor ley del mineral en yacimientos de cierta antigüedad, se suma la mayor dureza y profundidad de la roca que se está extrayendo, lo que disminuye la cantidad que puede ser removida por unidad de tiempo. Pero, adicionalmente, se agregan factores que durante un largo período estuvieron presentes sin que se les prestara la debida atención, que han dificultado la inversión en proyectos de ampliación de yacimientos actualmente en explotación y que, quizás con más fuerza, han disminuido el apetito inversor en proyectos nuevos ( greenfield ).
Se trata del ambiente que se fue construyendo en el país en contra de la actividad minera, a la que se calificó erróneamente de "extractivista", no solo en el sentido que el Premio Nobel de Economía Daron Acemoglu da al término -es decir, que permite que algunos se apropien de esas rentas sin que se creen las condiciones para que esos recursos se transformen en prosperidad compartida-, sino en un sentido más amplio aún, referido al supuesto abuso que dicha actividad haría de la naturaleza. A eso se agregaron los esfuerzos por instalar una legislación que impedía modificar "glaciares", entendiendo por ello trozos de hielo tan pequeños como una hectárea, la que, de haberse aprobado en su forma original, hubiese hecho imposible la explotación minera en gran parte del territorio. Asimismo, durante un largo tiempo se mantuvo una discusión respecto de la cuantía del royalty a aplicar, lo que inhibió a muchos inversionistas de abordar nuevos proyectos mientras eso no se aclarara (incidentalmente, cabe notar que la competencia existente y el royalty aplicado a la minería le quitan a esta el carácter "extractivista", en el sentido de Acemoglu). Finalmente, el Sistema de Evaluación Ambiental se hizo, de alguna manera, cómplice de la ideología contraria al crecimiento económico que se instaló en sectores de la Nueva Mayoría y luego de Apruebo-Dignidad, al atrasar, postergar y, en ocasiones, hostilizar, proyectos de inversión, demorando o impidiendo su despliegue. En un ambiente tan contrario a la inversión como el descrito, no resulta extraño que ella no haya tenido el dinamismo esperable en una industria como la del cobre, cuyo entorno ha sido particularmente favorable, por el positivo impacto que la universalización de la electrificación tiene en su demanda.
Tampoco debe olvidarse el fracaso que han tenido, hasta ahora, las inversiones en proyectos estructurales de Codelco, pues en vez de aumentar levemente o, al menos, mantener su producción de cobre, esta ha tenido una caída de casi 0,4 millones de toneladas desde su nivel más alto.
Ahora, cuando el descenso en la producción está impactando el Imacec y la ciudadanía ha constatado el daño que el país sufrió por las decisiones de quienes prefirieron sustituir el crecimiento económico por la "justicia social", se dan las condiciones para volver a impulsar las inversiones mineras sin complejos, como lo demuestra la carpeta de más de 95 mil millones de dólares de proyectos ya identificados, algunos de los cuales están siendo llevados a cabo. Eso permitirá, a futuro, revertir la tendencia actual, y que las cifras de crecimiento retomen una senda positiva, muy superior a la que caracterizó a la última década.
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