Recordar el 7 de octubre para no repetirlo
Rafael
Herz
Hay fechas que la humanidad no debería olvidar
Rafael
Herz
Hay fechas que la humanidad no debería olvidar. El 7 de octubre de 2023 es una de ellas. Aquel día, los ataques perpetrados por Hamás contra Israel dejaron una herida profunda con cientos de civiles asesinados, muchas personas tomadas como rehenes y comunidades enteras viviendo horas de terror. Recordarlo no significa alimentar el odio, ni mucho menos justificar nuevas violencias. Significa reconocer que el asesinato deliberado de civiles, el secuestro y el terror deben ser rechazados sin ambigüedades. Recordar exige mirar más allá de un solo día. La tragedia del 7 de octubre no puede convertirse en una justificación permanente para una espiral de sufrimiento que, desde entonces, ha cobrado un enorme costo humano entre la población palestina de Gaza. La seguridad de Israel es legítima y necesaria, pero la seguridad no puede construirse sobre la ausencia de derechos, de libertad y de un horizonte político para el pueblo palestino. Es necesario, cuestionar las decisiones del gobierno de Benjamin Netanyahu cuando estas dificultan la posibilidad de alcanzar una solución política duradera. Criticar a un gobierno no significa atacar a un pueblo, ni desconocer el derecho indudable de la existencia del estado de Israel, del mismo modo que defender los derechos de los palestinos no significa justificar los crímenes atroces de Hamás. La historia demuestra que ninguna sociedad puede vivir indefinidamente bajo el miedo y que ningún pueblo puede ser privado indefinidamente de la esperanza. Israel necesita seguridad y el derecho de sus habitantes a vivir sin estar expuestos al fanatismo de un grupo minoritario de sus vecinos. A la vez, los palestinos necesitan libertad, dignidad y un Estado propio. Ambas aspiraciones no deberían presentarse como incompatibles. Por eso, el recuerdo del 7 de octubre debería servir también para preguntarnos qué futuro se debe construir después de tanta destrucción. Una posibilidad ampliamente discutida durante décadas es la solución de dos Estados. Israel y Palestina, viviendo uno junto al otro, con fronteras acordadas, garantías de seguridad, reconocimiento mutuo y derechos políticos para sus ciudadanos. No será sencillo. Pero la alternativa —la perpetuación indefinida del conflicto— tampoco ofrece una salida, y significa dolor y la falta de esperanza de las respectivas juventudes. Recordar el 7 de octubre significa honrar a las víctimas israelíes y condenar los crímenes cometidos contra civiles. Significa recordar que las acciones del gobierno de Nethanyahu generaron miles de víctimas civiles palestinas y limitaron su derecho a vivir con dignidad. Ambas memorias pueden coexistir y deben propender por un futuro mejor y diferente. No olvidar debe significar algo más que conservar una fecha en la memoria. Debe significar rechazar el terrorismo, rechazar el odio y rechazar también la idea de que la violencia es el único lenguaje posible. Si el 7 de octubre deja alguna lección, debería ser que la seguridad de unos es indispensable, pero no puede ser duradera negando el futuro digno de otros.
Analista Internacional.