Más problemas en Codelco
Se confirma la necesidad de una profunda corrección de rumbo.
Nuevos accidentes fatales y otro grave error en su contabilidad productiva ha sumado Codelco en estos días. Ello aumenta la presión sobre la minera estatal, ya abrumada por disminuciones productivas y sobreendeudamiento. Además, ocurre cuando el metal rojo está pasando por un auge histórico, dado su alto precio y auspiciosas perspectivas, situación que la compañía no ha podido aprovechar como se hubiese esperado.
El pasado 1 de octubre se produjo el accidente fatal de un trabajador contratista en la mina Radomiro Tomic y, luego, el domingo pasado, otros dos trabajadores contratistas perdieron la vida por un alud en El Teniente, mismo mineral en que un estallido de roca había provocado la muerte de seis contratistas en julio del año pasado, multiplicando así las interrogantes sobre las condiciones de ese yacimiento, histórico pilar de la minería chilena.
A su vez, luego de la contabilización de cobre a medio procesar como producto terminado durante 2025 -lo que abultó la producción total de Chuquicamata y Ministro Hales en 27 mil toneladas, y dio lugar al incorrecto pago de bonos por US$ 14,1 millones-, se suma ahora el que, en 2024 y 2025, mineral procesado en las plantas de Ministro Hales y Salvador, pero proveniente de otras divisiones, se habría contabilizado dos veces. Este segundo caso de abultamiento es aún más grave que el anterior, porque en el primero el material a medio procesar, eventualmente iba a transformarse en producto final; en cambio, en el segundo, los inventarios de cobre incorrectamente contabilizados deberán ser reversados, lo que implica castigar el balance de la empresa en una cifra que excedería los US$ 100 millones.
La minería chilena opera con altos estándares de seguridad. Por esa razón, estos accidentes fatales constituyen, además de la penosa tragedia humana que desencadenan, un enorme desafío para la administración de la empresa. Esta, junto con identificar sus causas, debe tomar todas las medidas necesarias para evitar su ocurrencia futura, asumiendo además los costos que la obligada alteración de los procesos productivos implica.
Por su parte, los errores, negligencias o actos dolosos involucrados en las incorrectas contabilizaciones productivas -determinar a cuál de esas hipótesis corresponden efectivamente estos hallazgos es materia de una auditoría forense- son difíciles de entender. El que hayan ocurrido refleja desprolijidades que no pueden aceptarse en una compañía del tamaño, complejidad y sofisticación de Codelco. Más aún, el que fueran detectadas luego de una denuncia anónima o "soplo" sugiere que el denunciante pudo darse cuenta de su existencia y que, a pesar de eso, ello no fue resuelto oportunamente por quienes generaron el problema. Por el contrario, se lo dejó arrastrar en el tiempo, ya sea porque quienes habían cometido la falta tenían una segunda intención o, sencillamente, porque no quisieron revelar su propia incompetencia. En cualquier caso, esto habla de una compañía que requiere ajustar sus procedimientos, aumentar la rigurosidad de sus procesos y establecer una cultura que no admita ese tipo de laxitud en su trabajo.
Codelco se ha querido presentar a la ciudadanía como una empresa ejemplar, cuya excelencia operativa y el hecho de pertenecer totalmente al Estado, al que entrega importantes dividendos, constituirían un motivo de orgullo nacional. Sin embargo, sus actuales problemas productivos y de endeudamiento, y los abultamientos de cifras ahora conocidos dejan en grave entredicho ese relato. La empresa deberá hacer un profundo ejercicio de reflexión interna y de corrección de rumbo si pretende revalidarlo.