Domingo, 18 de Octubre de 2026

Juan Antonio Bayona vuelve a Los Andes: "Sentíamos que quedaban muchas historias por contar

UruguayEl País, Uruguay 18 de octubre de 2026

El director español produjo "Más allá de la sociedad", una serie documental de tres capítulos para Netflix, en la que cuenta la historia familiar y barrial que siguió a la tragedia que ficcionalizó en "La sociedad de la nieve"

Como es costumbre, y algo que lamenta, el director español Juan Antonio Bayona hizo otra visita fugaz a Montevideo, una ciudad a la que viene siempre a las corridas, pero que le han alcanzado para identificar que hay muchas librerías y visitar la Feria de Tristán Narvaja a por un vermú, aunque quizás se esté refiriendo al Mercado del Puerto.

Esta vez, estuvo un rato a comienzos de setiembre para presentar para la prensa y las familias involucradas Más allá de la sociedad, la miniserie que produjo para Netflix y que puede ser vista como una secuela impensable que se termina descubriendo necesaria de La sociedad de la nieve.

Ahora, en tres episodios, escritos y dirigidos por el también español Carlos Torres, cuenta una historia que "empezó cuando los supervivientes regresaron al barrio donde les esperaban las familias de quienes no volvieron", de acuerdo a la sinopsis oficial. Para eso, la serie "recorre medio siglo de una comunidad marcada por la grieta entre vivos y muertos y descubre cómo volver a contar una historia puede cambiar la manera de afrontarla". Algo así como el efecto que tuvo en la vida de los involucrados La sociedad de la nieve: Más allá de la sociedad es la crónica de un proceso de reconciliación.

Lo hace con una serie luminosa que subraya un aspecto no siempre transitado de una historia que todos creemos conocer al detalle. Es, también, sobre el poder del cine. El relato incluye un removedor viaje de todo el elenco de La sociedad de la nieve al lugar del accidente y entrevistas a los escritores Piers Paul Read autor de ¡Viven! y Pablo Vierci; al director Frank Marshall, que filmó la versión de Hollywood del suceso, y al propio Bayona. Hay, además imágenes de archivo inéditas.


https://www.youtube.com/watch?v=0BQSmuRX7IYEn otra de esas fugaces visitas a Montevideo, Bayona tuvo un rato para El País.


¿Qué poder tiene la historia de los Andes?
Gustavo Zerbino lo define muy bien en el documental: es una historia que funciona como un espejo de nosotros mismos y, a medida que vamos cambiando, encontramos versiones diferentes de la misma historia.


¿Y por qué vuelve usted a ella?
En el origen de este proyecto está la sensación de que quedaban muchas historias por contar. Uno no sabía muy bien dónde acabar la película porque siempre quedaban cosas interesantes fuera. Además, habíamos generado muchísimo material para documentarnos: casi 50 horas de entrevistas y mucho material filmado. También existía, por mi parte, el deseo de visitar la montaña con los actores. Excepto Enzo Vogrincic, que fue a rodar una sola escena, ninguno había estado en el Valle de las Lágrimas. Así que empezamos a plantearnos la posibilidad de volver a la montaña con ellos y entrevistar nuevamente a las personas que tuvieron que ver con esta historia, tanto a los sobrevivientes como a los familiares de los fallecidos.

El documental pone la mirada en las diferencias entre los sobrevivientes y las familias de aquellos que no regresaron. ¿Por qué?
Nos impactó la proyección con los sobrevivientes, sus familiares y los familiares de los fallecidos. Ahí también había una razón para volver a la montaña y contar aquello que habíamos vivido, así como mostrar cómo la ficción había servido para encontrar cierto alivio o terminar de explicar cosas que uno pensaría que ya estaban más que explicadas. Ese fue uno de los puntos de partida y, sobre todo, es el punto en el que finaliza la historia. Estábamos convencidos de que esta historia se va a seguir contando y va a seguir encontrando nuevas vetas por las que avanzar. Pero, de alguna forma, esta era la que nosotros habíamos encontrado. Al preparar la película, nos dirigíamos claramente a dos grupos por separado. Después de la proyección, esa grieta, de alguna forma, se borró.

¿Cómo fue el reencuentro con algunas de las personas con las que habían hablado y por qué no están algunos de ellos?
Siempre nos dirigimos a todo el mundo con el mayor respeto y la mayor delicadeza. Invitamos a todos a participar. Algunos no quisieron hacerlo, por las razones que fueran. A muchos todavía les cuesta mucho hablar del tema. Otros, lamentablemente, ya no estaban o estaban muy enfermos. También hubo quienes no quisieron participar. Más allá de que conocieran el contenido de la serie, no hubo ninguna razón relacionada con él para no participar.

Es muy interesante el uso de los primeros planos, que recuerda a los documentales de Errol Morris cuando pone a hablar a la gente. ¿Fue una búsqueda deliberada, porque también revela el paso del tiempo?
Sí, es muy bonito. Hemos hecho un trabajo excelente de recuperación de imagen, pero sobre todo de sonido. Me fascinaba pensar cómo podíamos recuperar los diálogos de tomas rodadas hace 50 años. Hay un momento en el que aparece la madre de Roberto Canessa durante la rueda de prensa en el Stella Maris. Es muy impresionante. Teníamos tanto material y habían pasado 50 años. Esa es otra de las cosas que teníamos claro que debía contar el documental: el paso del tiempo. De alguna forma, nos permite limar asperezas y dirigirnos a los sobrevivientes y a las familias de los fallecidos. También permite que puedan ser escuchados. Gracias al paso del tiempo, nosotros tuvimos esa posibilidad que otros no tuvieron.

Hay algo muy revelador en toda la parte de los familiares, que es muy interesante y también muy conmovedora, porque uno se da cuenta de todo lo que estaba en juego dentro de las familias.
Algunas cosas que ocurrieron quizá hoy podrían considerarse errores, aunque surgieron de las mejores intenciones. Está el silencio que se impusieron los propios sobrevivientes y las familias de los fallecidos, que en algunos casos agrandó el aislamiento y la soledad. Hay algo interesante en reflexionar sobre el duelo. Es algo que estaba en el libro de Vierci. Allí se habla del dolor como una cuestión muy subjetiva. Yo lo aplicaba al duelo: es una emoción, un estado de ánimo muy subjetivo, y todas las opciones me parecían perdonables y aceptables, porque cada uno lo vive a su manera. En ese sentido, creo que hay una reflexión sobre el duelo y sobre las diferentes actitudes que surgieron después de la tragedia.

Es una serie llena de empatía.
Sobre todo, de generosidad y de amor por el otro. Y eso ocurre en un momento como el actual, en el que es muy difícil reconocer al otro y marcamos diferencias, ya sean raciales, sexuales o de cualquier otro tipo. Aquí hay un trabajo de ponerse en la piel del otro. Creo que ahí entra la ficción. Me resultaba muy interesante reflexionar no solo sobre cómo se sobrevive a una situación así o a la muerte de un ser querido, sino también sobre el papel que pueden desempeñar las historias y sobre cómo aprender a contarnos una historia para encontrarle sentido.

¿La sociedad de la nieve le cambió la mirada sobre las historias que quiere contar?
No lo sé. Sí creo que el papel de la ficción y el tipo de historias que me atraen pasan por ponerse en los zapatos de quien está enfrente e intentar entenderlo. Siempre he tenido esa visión humanista, que cree en el ser humano e intenta buscar luz en la oscuridad. En ese sentido, sí, las historias se parecen. Intento buscar esa parte de la historia que me permite entender aquello que no entendía y aprender cosas, incluso sobre mí mismo.

¿Y el realismo le interesa más en esta etapa de su carrera?
Hay un concepto que es la verosimilitud y la idea de un realismo psicológico. Eso se trabaja en todos los proyectos, independientemente de su naturaleza, sean más fantásticos o más realistas. Siempre intento partir de historias cuyos personajes me permitan empatizar psicológicamente con ellos.

¿Cómo fue trabajar en un formato de serie para Netflix y volver al documental?
Por suerte, encontramos a Carlos Torres, que es quien dirige y escribe, y que está mucho más bregado que yo en el terreno del documental. Me dejé apoyar mucho por él. Ha sido un proceso de búsqueda de la historia. Cuando empezamos a filmar las entrevistas, todavía no sabíamos muy bien qué íbamos a contar. Me parece interesante ese proceso de búsqueda. Nos dimos cuenta de que no tenía demasiado interés volver a contar lo que había sucedido en la montaña. También aprendimos a utilizar a los actores como vehículo, de la misma forma en que se utilizan en una ficción. Los utilizamos para que enriquecieran nuestra visión de los personajes que habían interpretado y de su relación con ellos. También queríamos mostrar cómo el trabajo de interpretación es, una vez más, un trabajo de generosidad, de entregarse al otro. En el caso de los muertos, de entregarse a personas a las que ni siquiera has conocido.

¿Cómo vivió todo lo que generó La sociedad de la nieve?
Fue un proyecto emocionalmente muy intenso. Lo fueron la forma en que rodamos la película, la manera en que los actores prepararon los papeles, el rodaje y todo lo que vino después. Me sabía muy mal que hubiéramos hecho ese viaje sin que los actores hubieran estado nunca en el lugar del accidente. Decidimos regresar todos y fue muy interesante el trabajo que hicimos allí durante cinco días. Cada uno pudo abrirse, soltar cosas y hacer una especie de duelo, cerrar el libro en la montaña. Era muy impresionante ver a los actores frente a la tumba, emocionándose por personas a las que nunca habían conocido realmente. Es también una forma de dejar ir al personaje. Y, como director, eso me fascina mucho.


¿Qué se ha mantenido de aquel que hacía Mis vacaciones, su primer corto, o de quien hacía los vídeos de Alaska?
Cuando echas la vista atrás, es interesante no fijarse tanto en lo que has cambiado como en lo que has mantenido. Ahí está la esencia. En Mis vacaciones está muy claro el papel de la ficción para intentar darle sentido a la realidad. En esa película, el niño viajaba a Xanadú, la película de Olivia Newton-John, para poder ligarse a la niña que le gustaba del colegio. Ahí ya se establece esa necesidad de la ficción para entender la realidad. Y eso estaba también en La sociedad de la nieve, donde finalmente le dábamos voz a un muerto para hablar de cómo se sentían los sobrevivientes al final de esa aventura.

¿Sigue teniendo un pie en Hollywood?
Hollywood es un privilegio que me puedo permitir. Tengo un pie en España, que es donde vivo y donde desarrollo mis proyectos, pero es verdad que también tengo un pie en Hollywood y sigo valorando proyectos para realizar allí. Las experiencias que he tenido en Hollywood han sido positivas. Tengo muy buenos amigos y muy buenas relaciones allí.

¿Qué tipo de proyectos le ofrecen?
Como en todas partes, los hay mejores y peores. Creo que es una suerte recibir proyectos de Hollywood y que el nivel es parecido al del resto del mundo. En el caso de Jurassic World, me habían ofrecido la primera película, pero no me comprometí porque no había guion, había que rodar en muy pocos meses y no me vi preparado para hacerlo. Spielberg volvió a ofrecerme la segunda y ahí no quise decir que no, porque había crecido viendo sus películas y hacer una con él era algo que me apetecía mucho. La verdad es que la relación con él fue extraordinaria.

¿Se pone nervioso cuando está con alguien a quien admira o cuyas películas ha visto?
Sí, al principio siempre hay muchos nervios. Pero, en cuanto empiezas a hablar de la película, de la historia y de los personajes, eso desaparece. Lo importante son las escenas que tienes delante. El momento de fan dura muy poquito; en cuanto empiezas a hablar de trabajo, cambia todo.

Hace tiempo que viene a Uruguay. ¿Tiene alguna rutina adquirida aquí? ¿Hay algún lugar al que le guste ir?
El problema es que siempre vengo corriendo. Cuando rodé aquí fue diferente y pude disfrutar más, pero ahora llego hoy y me voy mañana, porque tenemos que presentar la película y mañana vamos a Buenos Aires. Pero sí, si estoy aquí un domingo, me gusta ir a Tristán Narvaja y tomar el vermut por allí. Me encanta que haya tantas librerías.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela