Domingo, 18 de Octubre de 2026

"Si no se invierte en sus líderes, no se puede esperar tener un sistema de educación inicial sólido"

ChileEl Mercurio, Chile 18 de octubre de 2026

La académica explica que una buena dirección no solo garantiza el funcionamiento de los jardines infantiles, sino que también crea las condiciones para que los educadores mejoren sus prácticas. Solo centrarse en cumplir normas puede frenar los avances, advierte.

Enseñar a párvulos es una tarea altamente compleja, asegura Anne Douglass.
"Las primeras cinco cosas que uno intenta para enfrentar una situación con un niño en particular pueden no funcionar. Y hay que seguir intentando. Esa mentalidad de aprendizaje y mejora continua es clave", dice la académica de la U. de Massachusetts Boston, especialista en liderazgo en educación inicial.
Invitada a Chile para participar en el seminario "Liderazgo educativo en primera infancia: de la evidencia a la práctica en los jardines infantiles", organizado por Fundación Viento Sur, Fundación Ama+ y Ciled-UDD, la investigadora plantea que para que los educadores logren este mindset y así puedan mejorar continuamente sus prácticas, se necesitan ciertas condiciones. Es ahí donde el liderazgo adquiere un papel fundamental, indica.
"Los líderes crean las condiciones para que los profesores puedan implementar prácticas de enseñanza de alta calidad, que aseguren que todos los niños aprendan y se desarrollen", dice Douglass, profesora de educación inicial por dos décadas, magíster en Educación de la U. de Harvard y doctora en Política Social de la U. Brandeis.
Menor rotación
La especialista plantea que el liderazgo no solo tiene que ver con administrar un establecimiento y garantizar su buen funcionamiento: también supone que los educadores tengan tiempo para planificar, que puedan evaluar los avances de los niños y que logren aprender junto con otros colegas.
"Cuando los profesores trabajan en un ambiente laboral positivo, cuando su trabajo es valorado, hay menos rotación y su bienestar mejora", señala. Estas condiciones además se asocian con mejores resultados de aprendizaje.
De ahí que la especialista destaque la necesidad de prestar más atención a quienes están a cargo de los establecimientos. "Si no se invierte en sus líderes, no se puede esperar tener un sistema de educación inicial sólido", señala.
A su vez, esto debe ir de la mano con mejoras en los salarios, añade.
Douglass también plantea que fortalecer el liderazgo no significa concentrar todas las decisiones en un director. A lo largo de la conversación, la especialista habla sobre el liderazgo distribuido, que supone que los propios educadores identifiquen problemas, propongan soluciones y prueben nuevas estrategias. Según explica, la investigación también asocia estas prácticas con una mejor calidad de la enseñanza.
Siguiendo esta idea, la académica advierte que uno de los errores más frecuentes de los establecimientos es concentrarse excesivamente en el cumplimiento de reglas y estándares.
Aunque estas son importantes, Douglass cree que una gestión que solo se enfoca en verificar si se siguen o no las instrucciones puede limitar las oportunidades de innovación y mejora.
"En una cultura centrada en el cumplimiento de normas, las personas tienen miedo de arriesgarse y probar algo nuevo. Entonces, simplemente intentan hacer lo que se les dice", indica.
¿El problema? La enseñanza en primera infancia difícilmente puede reducirse a procedimientos establecidos de antemano, porque cada niño presenta necesidades y desafíos distintos, y las estrategias que funcionan en una situación pueden no resultar en otra.
Por eso -continúa- los equipos necesitan autonomía y oportunidades para buscar soluciones, dejando de lado solo reproducir prácticas.
Llamarlos por su nombre
La relación con las familias es otra área donde el buen liderazgo puede marcar diferencias, comenta.
Consultada por el alto ausentismo en la educación parvularia chilena -durante 2025 la asistencia promedio fue de 78,9%, según datos de la Subsecretaría de Educación Parvularia-, Douglass plantea que es fundamental entender las dificultades que viven los padres y construir vínculos que permitan buscar "soluciones compartidas".
Así, por ejemplo, menciona un jardín infantil donde las educadoras sentían que su trabajo era poco valorado. La dirección introdujo medidas para mejorar su bienestar y ellas, a su vez, comenzaron a impulsar cambios para acercarse a las familias. Uno de las más básicos fue aprenderse los nombres de los apoderados, a quienes antes identificaban únicamente como "la mamá o el papá de".
"Empezaron a saludarlos por sus nombres", explica Douglass, quien agrega que con ese "pequeño gesto" se fueron construyendo relaciones más personales y aumentó la participación de las familias en las actividades.
"A veces son estas cosas realmente pequeñas las que pueden marcar una gran diferencia", concluye.
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