Los secretos de 20 escuelas que destacan por la buena comprensión lectora de sus alumnos
Ante bajos resultados a nivel nacional, especialistas de Por un Chile que Lee recorrieron establecimientos a lo largo del país para conocer prácticas efectivas. Así vieron que muchos acercan los libros a las familias, todos cuentan con metas claras desde la educación parvularia y promueven el trabajo coordinado de sus equipos. Estas experiencias pueden servir a otros colegios, dicen los expertos.
Durante meses, especialistas en educación recorrieron Chile buscando entender más sobre algo que en el país es difícil de conseguir: establecimientos que logran que al menos 70% de sus alumnos de 4° básico alcancen un nivel adecuado de comprensión lectora.
A nivel nacional, en ese nivel solo cuatro de cada 10 estudiantes logran este desempeño.
La investigación -impulsada por la red Por un Chile que Lee junto al Instituto Milenio Mistrall, el Ciae de la U. de Chile y Red Directiva- puso el foco en colegios de contextos socioeconómicos desafiantes, e identificó 20 establecimientos con buenos resultados en los últimos años.
Distribuidos en siete regiones (desde Coquimbo hasta Los Lagos), comparten una característica: el aprendizaje lector es una prioridad que involucra a toda la comunidad. "Hemos visto que sí hay conocimiento sobre cómo hacer esto", celebró Susana Claro, profesora de la Escuela de Gobierno de la U. Católica y directora del Instituto Mistrall, durante un encuentro en el que se reconoció a los colegios destacados y se presentaron los primeros hallazgos del análisis.
Para conocer sus experiencias, los investigadores entrevistaron a directivos, docentes y profesionales de apoyo, además de observar clases. El propósito fue identificar prácticas que pudieran servir de referencia para otras comunidades educativas.
Canciones y personajes
Entre los hallazgos está que no existe una receta única para enseñar a leer. Los establecimientos utilizan distintas estrategias, algunas desarrolladas por sus propios equipos, pero todos comparten una enseñanza planificada y sistemática. "Tienen métodos distintos, pero todas tienen un método. Nadie está improvisando", señaló Claro.
Con la meta de que los niños terminen 1° básico leyendo, la mayoría comienza a trabajar con vocales y consonantes desde kínder. Luego se establecen rutinas diarias y horarios protegidos para practicar la lectura. En varios colegios, Lenguaje ocupa hasta diez horas semanales.
Así, por ejemplo, en la Escuela Básica Santa Teresa del Carmelo de Colina, cada letra tiene una historia, una canción y un personaje asociado. "Nada es al azar", dice Scarlett Alcalde, profesora del establecimiento, quien explica que las actividades siguen una secuencia que comienza en kínder y continúa en básica.
Esta transición también se prepara con tiempo. Durante noviembre y diciembre, los niños visitan la sala de 1° básico y participan en actividades con su futura profesora. Además, docentes y profesionales de apoyo comparten información sobre sus avances y dificultades, mientras que las familias son convocadas en marzo para comprometerse con el proceso lector.
Nadie atrás
Otra característica compartida es que las escuelas no esperan los resultados del Simce para saber cómo están aprendiendo sus alumnos. Según Juan Pablo Valenzuela, director del Ciae, en muchos establecimientos se monitorean frecuentemente la fluidez y la comprensión lectora. "La gestión de los datos es a nivel individual, no es a nivel de los promedios", destaca. Esto permite detectar a quienes necesitan ayuda y organizar apoyos.
En el Colegio Corazón de Jesús de Quinta Normal, Katherinne Ramírez, coordinadora académica, explica que la identificación de necesidades comienza durante la matrícula y continúa con evaluaciones en marzo. Los estudiantes que presentan dificultades pueden recibir nivelación, incluso si no cuentan con un diagnóstico formal.
En esos casos, una profesora especialista trabaja con los niños fuera de la sala de clases para ayudarlos a alcanzar los aprendizajes esperados. Tras ese período de reforzamiento, la idea es que puedan retomar el ritmo de trabajo de sus compañeros.
La meta, resume Valenzuela, es disponer de mecanismos para que "nadie se nos quede atrás".
Analizando las escuelas destacadas, los investigadores también encontraron equipos estables, ambientes de cuidado y preocupación por la asistencia y la convivencia escolar. A ello se suman actividades deportivas y artísticas, bibliotecas de aula (incluso en espacios reducidos, a modo de rincones de lectura) y estrategias para acercar los libros a las familias, como hacer préstamos para la casa.
El objetivo es "que la lectura no duela, que la lectura sea un espacio entretenido, que no sea un castigo", indica Valenzuela. Por eso, en varias de las escuelas que fueron reconocidas, aprender a leer también se ha transformado en un hito que se celebra, a modo de fiesta, junto a los apoderados, explicó en el encuentro.
Los hallazgos cobran relevancia ante la meta nacional de que todos los niños lean comprensivamente al terminar 2° básico en 2030, compromiso que se renovó esta semana en La Moneda.
En el evento, la ministra de Educación, María Paz Arzola, destacó la importancia de aprender de estas experiencias y recordó la próxima aplicación de Impulso Lector, evaluación destinada a detectar tempranamente dificultades en 2° básico.
Siguiendo esta línea, el siguiente paso de la investigación será sistematizar y difundir las prácticas identificadas para que otros establecimientos puedan adaptarlas. "Somos aprendices los (académicos) que estamos en este lado de la mesa", reconoció Valenzuela, recordando que el conocimiento que se busca compartir viene de las propias escuelas.
SelecciónPara identificar a los establecimientos referentes, los investigadores analizaron los resultados de comprensión lectora de 4° básico, buscando colegios que hubieran logrado que al menos el 70% de sus estudiantes alcanzara el nivel adecuado de aprendizaje de manera sostenida en los últimos años.
La búsqueda se concentró en establecimientos de grupos socioeconómicos bajo, medio bajo y medio, con más de diez alumnos por generación y una participación de al menos el 80% en las evaluaciones consideradas.
Así se identificaron 20 escuelas, distribuidas en siete regiones: nueve en la Metropolitana, tres en el Maule, dos en O'Higgins, dos en Ñuble, dos en La Araucanía, una en Coquimbo y una en Los Lagos. De ellas, 18 son urbanas y dos rurales. Además, diez son municipales o de servicios locales de educación pública y las otras diez, particulares subvencionadas.