Respuesta ante fenómenos climáticos
Una estrategia robusta, con un plan de inversiones priorizado, permitiría evitar la tentación de supuestas "soluciones mágicas".
La conjunción del cambio climático con fenómenos naturales como El Niño ha dado lugar a situaciones inesperadas en Santiago y, también, en otros lugares del país. El aluvión en Las Condes y lo vivido algunos días después en las comunas de Ñuñoa y Providencia han generado enormes preocupaciones, pero también llamados a realizar todo tipo de inversiones para anticipar o atenuar su ocurrencia. Tal reacción es esperable, sobre todo cuando algunos estudios concluyen que Chile podría ser un lugar especialmente afectado por el cambio climático. Es innegable que enfrentar esto requiere de inversiones públicas y privadas. Hay iniciativas en este sentido que ya se han materializado como respuesta a situaciones específicas, pero se carece de un plan priorizado. Lo complejo es que el impacto de estos fenómenos tiende a motivar la formulación de exigencias sin atender a prioridades o retornos sociales claros, de modo que el riesgo de invertir de modo ineficiente crece.
En estos contextos, además, la asimetría de información que existe puede, a ojos de la ciudadanía, hacer plausibles decisiones que no tienen mayor sentido en un plan apropiadamente diseñado. Los llamados de los últimos días a aumentar el presupuesto para enfrentar estas situaciones e invertir en distintos instrumentos y obras sin detenerse a ponderar cómo se articulan con otras iniciativas pasadas, presentes o futuras dan cuenta de la inconveniencia de reaccionar sin el respaldo de una estrategia más acabada. La experiencia que ha ido acumulando el país en estos desastres ha posibilitado el desarrollo de algunos lineamientos interesantes que han permanecido en el tiempo, pero son aún insuficientes para constituirse en una estrategia robusta, con acciones de corto, mediano y largo plazo.
Afortunadamente, la institucionalidad se ha fortalecido -aunque en los eventos recientes apareció algo debilitada, requiriéndose algún ajuste en futuros despliegues- y hay capacidades instaladas en varias universidades que deberían permitirle al país desarrollar planes más precisos, respaldados técnicamente y con evaluaciones pertinentes, que contribuyan a definir las inversiones más adecuadas para enfrentar los impactos del cambio climático y su interacción con fenómenos naturales, descartando aquellas de bajo impacto esperado. De nuevo, hay iniciativas que van en la dirección correcta, llevadas adelante por distintos gobiernos, pero se carece de una estrategia más comprensiva que, además, permita visualizar un plan de inversiones claramente priorizado en el tiempo. Ello posibilitaría conocer con más claridad cómo el país está enfrentando estas situaciones y evitar las "soluciones mágicas", tan habituales en estas circunstancias y que muchas veces distraen el foco de una agenda efectiva. El Gobierno debiera llenar este vacío convocando las capacidades que puedan contribuir a desarrollar una estrategia ampliamente compartida en este ámbito.