El meganiño en un país adolescente
Por Javier Díaz-albertini
Por lo acontecido la semana pasada, pareciera que nuestro actual gobierno apuesta por altisonantes anuncios, pero acotados logros
Por Javier Díaz-albertini
Por lo acontecido la semana pasada, pareciera que nuestro actual gobierno apuesta por altisonantes anuncios, pero acotados logros. En primer lugar, se le ocurrió rebautizar el fenómeno de El Niño (FEN) extraordinario como ?meganiño?, al mismo tiempo que ya comenzamos a ver la falta de preparación ante las lluvias e inundaciones. En segundo lugar, desde hace tiempo no veía un despliegue mediático tan grande del gobierno para anunciar unas insulsas reglas sobre las medidas disciplinarias en los colegios. Al parecer, el principal problema nacional es la mala conducta de nuestros adolescentes escolares y delincuenciales. Y, para solucionarlo, debemos dar más poder a los maestros y las autoridades escolares.De nuevo, es ignorar el hecho de que, sin cambios institucionales, no hay posibilidades de superar los problemas. No importa cuántas comisiones y comandos se inventen, son los mismos maestros y autoridades ?que las nuevas normas empoderan y las UGEL (Unidad de Gestión Educativa Local) amparan? los encargados de aplicar estas reglas. Y justamente son algunos de ellos, corruptos y mañosos, los más denunciados por hostigamiento.Por sí sola, la disciplina no soluciona el problema de la violencia ni del autoestima, y lo explico con una anécdota propia de mi niñez.Un día en el recreo del colegio, me puse un pañuelo en el cuello, como un vaquero. El nudo estaba muy ajustado para retirármelo y, cuando apenas sonó el timbre, el sacerdote me detuvo. Me llevó a un aula de alumnos mayores y, con la punta de un lápiz, desató el nudo y lo sacó de mi cabeza. Después, el ?profe? me avergonzó frente a todos. Todavía lo recuerdo. No creo que haya sido una experiencia que me llevó a respetar más las normas, sino todo lo contrario.Lo que necesitamos son normas de convivencia legítimas y aceptadas por todos. ¿Pero qué es lo legítimo? Para entenderlo, pongo de ejemplo a los deportistas escolares que juegan al fútbol respetando sus reglas. Claro, hay un árbitro y expulsiones, pero el juego sigue su curso, porque la mayoría acepta las normas de la convivencia-competencia. Para llegar a ello, se necesita madurez institucional y no un sistema político adolescente.Es importante recordar que, según la Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales (Enares) del 2024, más del 45 % de los niños y adolescentes afirmaron que sufrían violencia de compañeros y maestros. Cifras parecidas se dieron en el caso de la violencia familiar. Es decir, ya desde hace años, la escuela es un entorno violento.