Miércoles, 21 de Octubre de 2026

Carlos Lazzarino, candidato de Peñarol: No soy un soberbio que no quiere alianzas, pero no por cargos políticos

UruguayEl País, Uruguay 21 de octubre de 2026

Es la novedad de las elecciones en Peñarol, fue dirigente del contador Damiani en el Quinquenio, es director de una escuela de gestión deportiva y las encuestas lo posicionan cerca de Ruglio y Damiani.

Nieto de un inmigrante italiano que llegó a Uruguay en barco en 1911, eligió quedarse por devoción a Peñarol y encontró el amor alentando al entonces CURCC, Carlos Lazzarino sostiene un legado aurinegro que trascendió generaciones y acompaña su vida desde el inicio.

Su abuelo Juan fue testigo de la transición sociológica del CURCC a Peñarol y así lo recuerda: "Solamente cuestionan quienes tienen resentimiento o desconocimiento de su propio origen. Nosotros tenemos claro nuestro origen: obrero, popular, del gremio del Ferrocarril, en una Villa... Todo pasó porque prendieron fuego el vagón de un tren y fue la gota que derramó el vaso. Yo lo sé porque mi abuelo estaba en ese vagón. Se armó un lío bárbaro, ya había habido otros problemas, entonces la empresa del Ferrocarril quiso desprenderse del fútbol. Pero Peñarol se mantuvo en la Liga, con los mismos jugadores y la misma hinchada... Peñarol es del 28 de setiembre de 1891 y entonces nadie lo objetó".

Lazzarino nació en diciembre de 1960, cuando Peñarol era por primera vez campeón de América. Su primer recuerdo en el estadio es de un partido contra Defensor, y tiempo después del "segundo clásico de la fuga". Fue por la Copa Montevideo en febrero de 1971 y según recuerda: "Peñarol ganó 2-0 con goles de (Ermindo) Onega y (Raúl) Castronovo, Nacional había quedado con siete jugadores por expulsiones y se hizo echar uno más (a los 55') porque se venía una goleada histórica. En el primer tiempo ellos quebraron al yugoslavo (Ilija) Petkovic, no echaron al jugador de Nacional, pero se armó un lío bárbaro".

Años más tarde, Lazzarino llegó a la mesa chica de Peñarol, bajo la figura de José Pedro Damiani: "En 1992 fue campeón Nacional y habían pasado seis años que no ganábamos. Con un grupo de amigos y compañeros fuimos al Banco República a plantearle al contador que vuelva, que había un grupo que lo quería acompañar y porque el club venía complicado. Se presentó y fue ahí que entramos, primero fui secretario del Palacio Peñarol y después entré al Consejo Directivo. Estuve del '93 al '97, los cinco años del Quinquenio".

Luego de coronar cinco campeonatos uruguayos consecutivos, Lazzarino renunció: "Por desgaste. El Quinquenio fue bravo y, si bien el contador fue el epicentro, tuvo muchos dirigentes que trabajamos en silencio. Hoy muchos no me conocen, pero ese era el secreto: que no supieran de nosotros y trabajar hasta el cansancio por el club".

Fue justamente Peñarol lo que lo acercó a la profesión que marcó su vida: es director de Milenium, una escuela de negocios y de gestión deportiva, además de docente, escritor, planner de Sport Marketing y presidente de la Cámara de Comercio Uruguay Corea, según se presenta en Twitter (X).

"En 2008 empecé y en 2012 traje a Uruguay la capacitación en gerencia deportiva y dirección deportiva; y de acá para toda Sudamérica. Está basada en las licencias FIFA, creadas en 2008 y reconocidas por la Conmebol en 2016. Ahí generé los programas de capacitación y también el 'job description' de un director deportivo y un gerente deportivo, y todas las estructuras que FIFA exige hoy a los clubes profesionales", explica.

¿Esa experiencia sirve para conducir a Peñarol?

"El dirigente debe gestionar y por lo tanto conocer de gestión deportiva, marketing deportivo, estructuras, negociación, gobernanza, administración de infraestructuras deportivas y modelos del siglo XXI. Basado en la famosa licencia FIFA, que tiene cinco criterios: deportivos, de infraestructura, de administración, financieros y jurídicos".




"¿Qué es ser político: un mentiroso, un chanta?"


El "Espacio Aurinegro 135" nació en las redes sociales: "En espacios de Twitter que armaban los chicos de Padre y Decano, cuando dejaron de hacerlos los arrancaba yo mismo. Ahí aparecieron Sergio y Ruben Pose (ingeniero agrónomo, su compañero de fórmula), y por eso llegamos a tanta gente joven. Somos más de 50 personas en el equipo, es gente que quiere un cambio en la conducción del club".

Lazzarino admitió que no confía en las encuestas, pese a que algunas le son favorables: "En una elección de un país, el 98% de los encuestados va a votar. Para definir al presidente de Peñarol, las encuestas son muy volátiles".

En ese sentido, es escéptico sobre la bipolarización en las elecciones, con dos bloques que lideran Juan Pedro Damiani e Ignacio Ruglio, pero reconoce que sus nombres sobresalen: "Uno pesado, con apellido histórico por lo que significó el contador José Pedro Damiani, y otro que es el actual presidente, con el peso que habitualmente tiene el oficialismo".

Pero insiste en que, con casi dos meses de campaña por delante, hay un abanico de posibilidades: "Lo bueno sería que los socios elijan en función del proyecto: lo que se juega acá no es quién es presidente, sino cuál va a ser el Peñarol del futuro".

Usted dice no ser político. ¿Es una falencia que su equipo no tenga experiencia en gestión política? Hablar con la prensa, los representantes, la barra...

"Para los contratistas, para la barra, para la AUF, para lo que sea, un buen negociador impacta más que un buen político. Hay que cambiar el paradigma de lo que es ser político. A mí me gustaría que alguien me definiera qué es ser político: ¿un mentiroso, un chanta?".




"No soy un soberbio que no quiere alianzas"


Días atrás, Lazzarino expresó públicamente que "las alianzas de siempre son con las mismas caras y negociaciones por cargos". Pero la reflexión lo llevó a una interesante precisión: "No estoy cerrado. No digo 'el único que sirve soy yo' ni soy un soberbio que no quiere alianzas. Al contrario, toda mi vida las hice, soy docente de una materia que se llama 'Alianza Estratégica'. Pero las alianzas tienen que tener contenido: lo que me preocupa es si nos juntamos para sacar a una persona, o nos unimos para ir todos detrás de un proyecto. Esa es la diferencia entre alianzas políticas y alianzas de proyecto. Me puedo juntar con tres o cuatro para sacar a Ruglio, ¿y después qué hacemos?".

En ese sentido explica que no debe ser una cuestión de prometer cargos, sino de estar alineados: "Prefiero perder con dignidad que aliarme con alguien que después me obligue a levantar la mano en algo con lo que no estoy de acuerdo. Si vamos todos detrás de un mismo proyecto, vamos a levantar la mano juntos".

En esa línea, considera que dentro del club "hay profesionales muy capaces", pero "perdidos en la estructura y absorbidos por ese presidencialismo, o mesianismo, que practicó el presidente", Ruglio. Por ejemplo: "Un grupo que me parecía interesante es el de Guillermo Varela, teníamos varios puntos en común. Santiago Sánchez (candidato) hizo un muy buen trabajo en el básquetbol, ganó nuestra primera Liga". Quedan varias semanas hasta las elecciones y si se abre una puerta, sostiene: "Tienen que coincidir los proyectos y hay que dejar de lado los egos".

Sobre la posición de Peñarol con la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), explica que el club no solo necesita alguien para el Comité Ejecutivo, sino que necesita por lo menos 23 personas para los "tribunales, comisiones y otra cantidad de rincones" en los que el club no tiene representación.

Por eso también propone un cambio estatutario: "Si Peñarol fuera un país, los estatutos son la Constitución. Primero, solidificar los mandos medios porque son los profesionales que sostienen los embates de dirigentes que no entienden nada de una empresa".

Pero sobre todo, sentencia: "Una decisión como irse de la AUF no es ni siquiera una decisión del Consejo Directivo: es una decisión institucional, de la Asamblea Representativa. No puede ser que el presidente tenga decisiones casi totales sobre la institución: el poder total, en cualquier ámbito, genera caos, crisis y daño. Como creo que nos ha generado".

Su programa resalta una agenda para "los primeros 100 días": auditoría económica, reorganización deportiva, accesibilidad y seguridad en el Campeón del Siglo, y beneficios y reclutamiento de socios, lo que él denomina "fan engagement".

Un último mensaje: ¿por qué los socios deberían votar a Lazzarino?

"Al socio no le voy a prometer nada que no pueda cumplir, lo primero es el proyecto. Creo que todo lo que está dentro es cumplible (tiene 76 páginas y está disponible en su web). No en los primeros tres años, porque es imposible, pero si el proyecto se instala en Peñarol, no necesariamente conmigo, en los tres, seis y nueve años siguientes puede seguir vivo y ajustándose.

Es decir, no me voten como persona ni como un ser mitológico que viene a salvar a Peñarol. Soy alguien terrenal, que conoce cómo funciona la institución deportiva y que presenta un proyecto serio, ordenado, que abarca todo. Con gente joven y con ganas de trabajar por Peñarol. Un Peñarol multidisciplinario, multifacético, metido en la sociedad, y por sobre todas las cosas competitivo y avanzando.

No hay que pensar en el resultado del domingo que viene, hay que pensar en el Peñarol de aquí a tres, seis, nueve años. Eso es lo que le va a dar vida al club. Los que me voten están votando un proyecto que se puede hacer, no promesas electorales que después no sé si podré cumplir en la mesa directiva".


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