Miércoles, 21 de Octubre de 2026

Selva Almada habla de su nueva novela, Una casa sola: Me interesa explorar distintas maneras de contar

UruguayEl País, Uruguay 21 de octubre de 2026

La escritora entrerriana estuvo en Montevideo y charló con El País para presentar su última nouvelle, un ejercicio que confirma su talento contado por una casa

fernán cisnero
Selva Almada estuvo en Montevideo con la excusa de siempre: la presentación de un nuevo libro.Esta vez se trata de Una casa sola, una nouvelle enterriana. Es otro de sus grandes libros, aunque ella desconfiara, como le contó a El País, de si iba a conectar con el público.

Está contada en primera persona por la casa del título, quien mira el mundo desde su lugar y ve como la vida y la historia pasa frente a sus ojos, en el monte, en el espinal. Hay una familia que se extraña, alguna muerte y, principalmente, una capacidad para contar y jugar con la estructura y las palabras que es bien de Almada.

Nacida en 1973 en Villa Elisa, a un ratito del RíoUruguay, Almada publicó su primera novela, El viento que arrasa (2012). Continuó con Ladrilleros (2013) y No es un río (2020), tres novelas que conforman una trilogía sobre varones. También publicó las coleccciones de relatos El desapego es una manera de querernos (2015) y Los inocentes (2019), la crónica de no ficción Chicas muertas (2014) y El mono en el remolino (2017), sus notas sobre el rodaje de Zama, de Lucrecia Martel.

El viento que arrasa tuvo una adaptación de ópera, con música de Luis Menacho y dirección de Beatriz Catani, en 2016, y una versión en cine de Paula Hernández, rodada en Uruguay estrenada en 2023. Ganó tantos premios que da pereza mencionarlos todos.

Sobre Una casa sola y otras cosas,Almada charló conEl País.

¿Cómo llegó a la idea de darle ojos y oídos a una casa?
Había empezado una novela con un narrador externo pero empezó a colarse una primera persona. Corrijo y cada vez que aparecía una primera persona, la corregía, hasta que en un momento me dije que quizá había algo ahí. Lo que más me interesaba era cuando aparecía la casa y lo que tenía que ver con ella y su vida. Así que la empecé de cero. Y decidí trabajar en ese sentido: si parecía que hablaba, que hablara la casa, a ver qué pasaba. Me gustó lo que salió.

¿Las formas se imponen en los textos? ¿Sus libros son, de algún modo, experimentos?
Que una historia sea para una novela, lo puedo decidir antes. Pero la forma, la encuentro trabajando. La forma de algún modo se impone de algún modo. No creo que sea un experimento novedoso que hable la casa, pero sí me interesa explorar distintas maneras de contar..

¿Hay una unidad en su obra, en ese sentido?
Cada uno de mis libros, incluso Chicas muertas, que es una crónica, tiene cosas que los relacionan entre sí. Se puede decir: esto lo escribió Selva Almada. Pero cada libro es, en sí mismo, una exploración. Experimentación de distintas cosas, generalmente relacionadas con el lenguaje, que es lo que más me interesa. La anécdota puede ser una casa abandonada, sola en medio del monte, pero la exploración es de qué manera me va a resultar atractivo escribir eso.

Hay cierto estoicismo en la casa. ¿Qué características humanas quería darle?
No sé si se me habíía ocurrido pensarlo como estoicismo pero sí como alguien que está muy plantado en un lugar, literalmente, porque es una casa. Si lo pienso como personalidad, sería alguien que tiene muy claras sus ideas, su historia, por qué está en ese lugar y por qué está en ese mundo.

También es una historia de la región, con la aparición, por ejemplo, de Urquiza.
La novela está ambientada en Entre Ríos, un territorio importante en la historia argentina del siglo XIX, con sus caudillos. No era mi primer plan abordar o merodear la historia de la provincia, pero también fue apareciendo. Cuando surgió contar el asesinato de Urquiza, ese acercamiento mpezó a formar parte de la novela.

Es una novela sobre una casa encantada.
Sí, en algún punto. Hace muchos años había empezado a escribir otra novela que quedó en unas pocas páginas. que sí tenía la idea de una casa encantada, porque había leído algunos relatos de ese tipo. Seguramente algo de aquel proyecto que no prosperó también vino a parar a esta novela.

¿Cuáles fueron sus primeras lecturas?
Para mi formación lectora fueron muy importante las historietas de la editorial Columba. Esas revistas circulaban mucho. Era una lectura muy popular y se canjeaban en los kioscos. En la escuela también había una biblioteca muy linda, con toda la literatura infantil y juvenil de la época. Vengo de un hogar obrero en el que no había una formación lectora que fuera más allá de eso, pero estaba bien visto que los niños leyéramos. Había un estímulo a la lectura: te regalaban libros. Leía un poco sin canon, lo que encontraba, lo que me gustaba o lo que me recomendaba la bibliotecaria del pueblo. Empecé a leer de una manera más canónica cuando fui a la universidad.

¿Cuál fue ese primer libro canónico?
Aunque parezca mentira, yo había sido muy lectora durante toda la adolescencia, pero no había leído a Cortázar, por ejemplo. Lo descubrí estudiando Comunicación Social. Con muchos escritores me pasó lo mismo. Conocíamos a Borges, por ejemplo, y habíamos leído alguna cosa en el liceo, pero yo leía muchos best sellers, lo que tenía a mano.

¿Rastrea algo de aquellas lecturas en sus novelas?
Seguro. En Ladrilleros me apoyé mucho en las revistas de Columba. No es que las tuviera a mano, sino que las recordaba. También me gustaba mucho el cine de Leonardo Favio.

Leonardo Favio podría haber hecho una gran película con alguno de sus libros.
No lo había pensado, pero hay un universo ahí. Para armar algunas escenas de Ladrilleros pensaba mucho en Favio, en, por ejemplo, Esa ensoñación que hay en la novela, en la que los personajes están vivos, están muertos o se están muriendo, aparecía mucho en Nazareno Cruz y el lobo.

¿Qué ganó y qué perdió como escritora con todo lo que pasó en su carrera?
Como escritora, gané mucho: que los libros circulen, que la gente los lea, tener muchos lectores que antes no tenía, que pasen cosas alrededor de los libros. Con todo eso también se pierde tiempo y espacio para escribir. Ir a una feria, a un festival, viajar mucho, dar entrevistas: son cosas que te quitan energía y tiempo para escribir. En algún momento hay que hacerse lugar, a los codazos, para dedicarle tiempo a un proyecto.

¿La expectativa que puede generar un nuevo libro suyo influye en su manera de escribir?
Trato de que no. De hecho, me sorprende que esta novela haya gustado tanto: pensaba que no le iba a gustar a nadie. Me parecía encantador todo eso de los espectros y de que hablara una casa, pero pensaba que quizá no iba a interesar demasiado a los lectores. Me importaba más que me gustara a mí, obviamente. Sé que, si termino una novela, es muy probable que la editorial quiera publicarla y que haya lectores. También puede haber detractores, o puede ser que la novela fracase o no le guste a alguien. Pero trato de no pensar en todo eso mientras estoy trabajando. Sería una pérdida de tiempo, porque tampoco sabés qué va a pasar. Siempre es impredecibleo. Lo que me deja tranquila es que trabajo mucho en cada libro y hago lo mejor que puedo. Después hay montones de ejemplos de textos excelentes que pasan desapercibidos en su momento y que más adelante alguien descubre y encuentran a sus lectores, o no.

¿Cómo es tu proceso de escritura? ¿Cómo empieza un proyecto?
Ahora no estoy escribiendo. La verdad es que este año tampoco habría podido hacerlo, con la promoción de la novela y todo eso. No tengo ningún plan por ahora. Escribo lento y me lleva bastante tiempo. Pasaron cinco o seis años entre el libro anterior y este, así que tampoco me pongo ansiosa. Cuando pase todo esto, cuando falte menos para que termine la promoción del libro, veré qué sucede. Seguramente algo va a aparecer. Siempre aparece algo.
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