Miércoles, 21 de Octubre de 2026

De los autos voladores y los pedos de Elon Musk

UruguayEl País, Uruguay 21 de octubre de 2026

Elon Musk, Yann LeCun y el valor de dudar de los profetas tecnológicos.

Hoy voy a escribir sobre una cuestión que rara vez forma parte de un artículo periodístico y menos aún de uno que habla de tecnología: voy a hablar de pedos. Elon Musk publicó un video de un auto que se eleva unos segundos y ejecuta una maniobra espectacular. Receta de viralidad y excitación (hype) colectiva de hinchadas acríticas.

Pero Yann LeCun, nada más y nada menos que uno de los padres de la inteligencia artificial moderna, decidió no comprar la primera versión y ponerse a hacer las cuentas.

Primero, le preguntó si el vehículo utilizaba peróxido de hidrógeno. Después, al concluir que funcionaba con aire comprimido, calculó que el sistema difícilmente podría sostener el empuje durante más de unos pocos segundos. Su conclusión fue que se trataba de una demostración vistosa, pero de una tecnología completamente impráctica para construir verdaderos autos voladores.

Musk podría haber respondido con argumentos técnicos o podría haber explicado qué estaba equivocado en los cálculos o agregar algo que no había considerado LeCun. Sin embargo, su respuesta fue "Me tiro un pedo en tu dirección". LeCun se la devolvió explicando que un pedo a 700 bares de presión y con 600 litros de aire era, básicamente, el principio de funcionamiento de su vehículo.

Más allá de la referencia a Monty Phyton que le da unos puntos, la escena es un gran retrato de cómo se comportan y sobre todo cómo nos comportamos los demás frente a los anuncios de los líderes tecnológicos. Esta idea de que estamos no solo frente a un empresario o científico sino un visionario y un profeta. Seres que ven lo que los demás no somos capaces de imaginar.

En este esquema, que también se está dando en la política, la duda se presenta como un sacrilegio, como una traición, como la prueba del que duda es tonto y no entiende o que es un antitecnología con olor a viejo. Pero justo nada más lejos de esto que LeCun. Fue uno de los pioneros del aprendizaje profundo (deep learning) y de las redes neuronales convolucionales, fundamentales para que las computadoras aprendieran a reconocer imágenes y recibió el Premio Turing en 2018. Todo eso y además lideró el trabajo en IA en Meta hasta hace un tiempo.

Es, además, un científico conocido por discutir públicamente las afirmaciones más grandilocuentes de la propia industria de la inteligencia artificial, incluso cuando provienen de sus colegas. LeCun lleva años cuestionando las predicciones sobre la llegada inminente de una superinteligencia y los discursos apocalípticos que la acompañan. Y no es tampoco un ludita, es alguien que ha dedicado su vida a impulsar el desarrollo tecnológico.

LeCun duda y duda precisamente porque es un científico. Porque la ciencia y la ingeniería han avanzado hasta acá porque sus afirmaciones se pusieron a prueba.


Es triste, pero es necesario aclarar que el punto no es negar la genialidad de Musk ni que hacer saltar un automóvil con propulsores pueda ser un logro de ingeniería. La cuestión es que algo sea técnicamente impresionante no significa que demuestre lo que su creador dice que demuestra. Un automóvil capaz de elevarse unos segundos no es necesariamente un automóvil volador, del mismo modo que una demostración de inteligencia artificial no prueba que estemos a las puertas de una inteligencia sobrehumana.

Estos relatos no son inocentes. Construyen expectativas, movilizan inversiones, influyen en las valoraciones de las empresas y condicionan la conversación pública sobre qué tecnologías merecen nuestra atención y nuestros recursos.

Quizás uno de los problemas de esta etapa que vivimos es justamente que hemos construido una cultura que les concede a ciertos empresarios el estatus de genios visionarios mientras nos exige a cambio que suspendamos nuestro derecho a preguntarles cómo funcionan las cosas.

Es que si la respuesta a una duda termina siendo un pedo, el problema no está en el que hace las preguntas.
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