El actor sueco que interpretó al temible villano de "Rocky IV" estudió ingeniería química, fue becado al MIT, y ahora conduce una serie de History Channel sobre las grandes máquinas de la historia.
El actor sueco Dolph Lundgren pasó buena parte de su carrera cinematográfica interpretando personajes capaces de resolver las cosas a los golpes. Fue el mítico Ivan Drago, el boxeador soviético que se enfrentó a Rocky Balboa en Rocky IV (y volvió para Creed 2, ahora como entrenador); participó en películas de acción como Soldado universal, Amos del Universo, Aquaman, y el rejunte de testosterona ochentera: la saga Los indestructibles. Pero detrás de esa imagen de tipo recio y duro hay otra historia: antes de llegar a Hollywood, estudió ingeniería química, obtuvo un máster y siguió sus estudios en el prestigiosos MIT.
A esa faceta poco conocida se le suma una nueva: conductor de televisión, con Grandes máquinas de la historia con Dolph Lundgren, la nueva serie de History que se estrena el viernes a las 21.00.
A lo largo de ocho episodios, el actor asume los roles de conductor y productor ejecutivo para recorrer algunas de las creaciones más extraordinarias de la ingeniería: desde el cohete Saturn V, que llevó al hombre a la Luna, hasta el tren de levitación magnética de Shanghái, el avión supersónico Concorde y las primeras computadoras personales.
La propuesta también le permite unir dos intereses que lo acompañan desde la infancia. Su padre era ingeniero y oficial de las Fuerzas Armadas suecas, y la historia militar fue uno de sus grandes intereses. Por eso, cuando le ofrecieron participar en el proyecto, encontró una oportunidad salir de sus habituales papeles en la pantalla grande.
"Quería hacer algo diferente, no solamente actuar, sino hacer algo que reflejara un poco más mi vida privada", contó Lundgren durante un encuentro virtual con periodistas de América Latina, entre los que estaba El País.
En la serie de History, el actor se acerca a las máquinas no solo desde el asombro que provocan, sino también desde las preguntas que explican su existencia: qué problemas buscaban resolver, qué desafíos debieron superar sus creadores y cómo terminaron modificando la vida de las personas. Con material de archivo, recreaciones y la participación de especialistas, el programa recorre inventos que nacieron de necesidades militares, de la exploración espacial o del deseo de viajar más rápido y vivir con mayor comodidad.
"Muchas de estas máquinas, de hecho, fueron desarrolladas con fines bélicos", señaló Lundgren, que también hizo el servicio militar en Suecia y estudió historia de la guerra en la universidad. Su formación, aseguró, le permite comprender el funcionamiento de buena parte de las tecnologías que aparecen en pantalla. "Estudié Ingeniería Química durante cinco años en la universidad. Obtuve un máster. Así que comprendo, especialmente en el caso de algunas de las máquinas, cómo funcionan y demás, gracias a mi formación".
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Entre el pasado y la inteligencia artificial
Para Lundgren, mirar hacia atrás es también una forma de entender el presente. En una época en la que las redes sociales privilegian los contenidos cortos y la atención parece durar cada vez menos, considera importante recordar el trabajo que hay detrás de los inventos que hoy se dan por sentados.
"No estoy seguro de que las generaciones jóvenes estén tan interesadas en la historia como quizás nosotros teníamos que estarlo", dijo. Y agregó: "Las cosas no aparecen mágicamente de un día para otro. Hubo muchísimo trabajo, esfuerzo y creatividad detrás de la creación de estas máquinas".
El actor también observa con interés los cambios que traerán la inteligencia artificial y la robótica. Cree que ambas tecnologías pueden transformar tanto la industria del entretenimiento como la vida cotidiana, y que en el futuro los robots podrían asumir algunas tareas que hoy realizan las personas.
"Creo que lo que está ocurriendo con la inteligencia artificial y la robótica es bastante revolucionario", afirmó. Para ilustrarlo, recordó que internet existe desde hace relativamente poco tiempo y ya cambió la forma de comunicarse. Da como ejemplo que está en Los Ángeles hablando con periodistas latinoamericanos.
Sin embargo, su entusiasmo por los avances tecnológicos convive con una preocupación sobre el comportamiento humano. Lundgren considera que las máquinas pueden facilitar la vida, pero no resolver por sí solas los problemas que las personas generan.
"Mi opinión personal es que la humanidad es una especie muy inteligente, pero también muy peligrosa para sí misma y para el planeta", sostuvo. "Lo más importante es que encontremos una manera de descubrir la bondad que hay en nosotros. Y no creo que las máquinas puedan hacer eso".
Su propia filmografía le ofrece ejemplos de cómo algunas tecnologías imaginadas para el cine terminan pareciéndose a las del mundo real. En Rocky IV, el entrenamiento de Ivan Drago incluía máquinas y equipamientos que representaban la vanguardia. Cuatro décadas después, algunos de esos dispositivos están en gimnasios de todo el mundo.
"Cuando filmamos la película, Stallone consiguió todo ese equipamiento y era tecnología de vanguardia en aquel momento", recordó.
El País: Estudiaste Ingeniería Química, obtuviste un máster e incluso recibiste una beca Fulbright para continuar tus estudios en el MIT. Después, tras convertirte en Ivan Drago en Rocky IV, construiste una carrera completamente diferente en Hollywood. ¿Cómo creés que habría sido tu vida si nunca hubieras descubierto el mundo del cine? Lundgren: Bueno, creo que habría tenido menos lesiones, pero quizás me habría aburrido un poco más. Tuve una vida muy agradable en el cine y muchísimas aventuras. Aprendí mucho sobre mí mismo, sobre el mundo, sobre las emociones, sobre la humanidad, a través de la actuación. Como ingeniero químico, no creo que hubiera aprendido todo eso. Creo que la vida tiene que ver con crecer, con encontrarnos a nosotros mismos, con descubrir quiénes somos realmente. Y para eso existe un proceso de crecimiento. En mi caso, el mundo del espectáculo y la actuación me ayudaron bastante en ese sentido. Y también las personas con las que tuve el placer de trabajar y conversar, los periodistas como ustedes. Como ingeniero químico probablemente habría pasado muchos años en un laboratorio y después quizás habría creado una empresa o algo así. Tal vez perforando en busca de petróleo, quién sabe. Pero creo que habría sido una historia diferente y no era lo que estaba destinado para mí.