Geotermia: la evolución del gas y el petróleo
La industria del gas y del petróleo cuenta con una posición privilegiada para liderar el desarrollo de la energía geotérmica, ya que ambas actividades comparten principios operativos fundamentales basados en la exploración y extracción de recursos en el subsuelo
La industria del gas y del petróleo cuenta con una posición privilegiada para liderar el desarrollo de la energía geotérmica, ya que ambas actividades comparten principios operativos fundamentales basados en la exploración y extracción de recursos en el subsuelo. Al aprovechar el vasto conocimiento geológico y la infraestructura de perforación ya existente en el sector hidrocarburífero, es posible extraer el calor almacenado en el interior de la Tierra de manera eficiente. En las fases iniciales o de baja profundidad, hasta los 200 metros, las perforaciones aprovechan temperaturas inferiores a los 30 °C mediante bombas de calor integradas a rocas y acuíferos para climatizar viviendas. Sin embargo, el verdadero punto de encuentro con la ingeniería petrolera y gasífera se da en proyectos de mayor envergadura, donde se ejecutan pozos de hasta 1.500 metros de profundidad. En este nivel, con temperaturas de entre 30 °C y 150 °C, se extrae el agua de lluvia filtrada en el subsuelo que se ha calentado al fluir por rocas porosas, un comportamiento de fluidos equivalente al de los yacimientos de gas y crudo. Para la generación eléctrica masiva, la industria aplica sus técnicas de perforación más avanzadas superando los 1.500 metros de profundidad, donde se alcanzan temperaturas superiores a los 150 °C. Además, a diferencia de la energía solar y la eólica, la geotérmica ofrece la gran ventaja de ser continua y predecible las 24 horas del día. Esta convergencia técnica no solo ofrece a las empresas petroleras y gasíferas la oportunidad de reconvertir pozos maduros e inactivós, sino también de maximizar su capital técnico para impulsar una alternativa renovable y constante frente a los combustibles fósiles. Más allá de la infraestructura física, este modelo de reconversión representa un ahorro estratégico significativo en los costos de abandono de pozos inactivos y permite trasladar todo un capital humano altamente especializado —ingenieros de yacimientos, geólogos y personal de perforación— hacia una nueva frontera energética sin necesidad de reentrenamientos desde cero. La curva de aprendizaje de la industria hidrocarburífera, curtida en décadas de gestión de riesgos complejos bajo la superficie, reduce considerablemente los tiempos de ejecución y los márgenes de error operativo frente a los desarrollos de actores novatos.