Es una reedición ampliada con nuevos casos y corregida (para sacarle barroquismos, dice) de su libro publicado en 2012 y en el que comparte historia de su práctica clínica
Docente, escritor, artista plástico, columnista de radio y televisión y, claro, psicoanalista:
Jorge Bafico parece no saber quedarse quieto. Acaba de publicar, además,
Cosas que pasan, un libro que publicó en 2012 y que ahora vuelve a las librerías con seis nuevos casos clínicos convertidos en relatos de semificción.
"Los textos (...) se sitúan en un territorio intermedio donde la ficción no funciona como disfraz, sino como una forma de acceso a una versión posible de la experiencia", avisa desde la contratapa del libro.
Sobre Cosas que pasan, cómo ha cambiado su área en estos años y qué le pareció la
película de Netflix con Darín y Peretti, Bafico habló con El País.
Hace 20 años publicó su primer libro. ¿Cómo fue su ingreso a la escritura?Cuando tenía 16 años empecé una terapia y ahí ya dije que, en realidad, quería escribir libros. Y de hecho había elegido psicología social porque pensaba que me permitiría escribir sobre cosas cotidianas. La terapeuta me miró como diciendo que era difícil.
¿Y lo era?En los momentos más complicados de mi vida, la escritura me salvó y fue un refugio. Es una necesidad, algo natural. Recién en 2012, cuando publiqué Cosas que pasan, me acepté como escritor. Antes me daba vergüenza cuando me decían así.
¿Por?Era un prejuicio. Pero en 2012 entendí que lo que escribía, bueno o malo, era honesto: me salía de las entrañas. También era una necesidad ligada a la clínica, que es un lugar muy difícil. Puede generar una gran soledad narcisista, porque el psicólogo siempre tiene la palabra para el otro. Escribir me ayuda a salir de ese encierro.
¿Pero no hay algo narcisista también en un escritor?Sí, creo que toca algo de lo narcisista. También me han preguntado por qué me expongo cuando escribo, si podría escribir algo más técnico. Pero para mi es así.
¿Cómo separa al terapeuta del escritor? Cuando le están contando algo, ¿piensa ya que es una historia para escribir?Cuando hago arte, no pienso el cuadro: me sorprende, empiezo a hacerlo y lo construyo ahí. Con la escritura también arranco con una idea que me interesa, me gusta o necesito pensar. Cuando escribo, busco entender lo que pasa.
¿Y en qué está pensando ahora?En qué hace el psicólogo con el paciente, porque el psicólogo está en boca de todo el mundo. Y sobre, una cuestión clínica o la película de Darín, La dejamos acá empiezo a pensar una historia
¿Le gustó la de Darín? Sería de los pocos.Como producto comercial, quizá no es muy efectivo y el final es malo. Pero plantea un gran problema de la psicología actual: la idea de que el terapeuta cura con su presencia. Darín lleva eso al máximo. Es como una revindicación del psicoanálisis que hace otra cosa.Es como diciendo "ojo con esto" cuando el analista empieza a meterse con la realidad cotidiana del paciente. Lo veo como una parodia. El tipo queda muy mal parado como psicólogo.
¿Cómo cambió la percepción del psicólogo en estos 20 años desde su primer libro?Es otro psicólogo. Antes la gente tenía más espacios para hablar y confesarse porque el tiempo corría de otra manera: uno podía juntarse con un amigo, tomar un café, charlar. Hoy el tiempo es un bien demasiado preciado porque vivimos trabajando; te mandan un audio de WhatsApp de cuatro minutos y es un problema,nos ofuscamos por cosas mínimas. Y parte de la psicología empezó a ocupar el lugar de la religión. También se la piensa como ir al gimnasio: alguien dice que va al gimnasio dos veces por semana y quiere ir a terapia una vez por semana para que m ayude su salud mental. Así pierde su efecto. La psicología se metió en todos lados. Hace 20 años ibas al psicólogo y no lo decías porque decían que estabas loco. Hoy decir que vas al psicólogo parece una insignia. Por eso me preocupa que todo el mundo vaya al psicólogo.
¿Cuáles son hoy los dos grandes síntomas?La ansiedad y la depresión. La gente está deprimida, ansiosa y no sabe qué hacer con su cuerpo. Freud habla de un caso con ataques de pánico, aunque los llama neurosis de angustia. Pero no tenían la frecuencia que tienen hoy. Vivimos en un mundo muy complejo.
¿Cuánto agregó a esta reedición de Cosas que pasan?Mucho: seis casos nuevos y algunos reescritos. A veces la gente se toma mal que uno publique un caso clínico y es un riesgo. Acá, igual, algunos casos están ficcionados y cuando pueden tocar de cerca a alguien, se pide autorización y la persona de la que hablo está al tanto. Además, no tomo toda la vida de ese sujeto, sino una anécdota, algo puntual.
Hay toda una discusión sobre hablar de casos clínicos...Es importante hablar de la clínica. En este libro, en primer lugar, hablo de mí y me pongo como ejemplo en los errores. Sería fácil hacer un libro sobre los aciertos, porque uno también los tiene. Me parece más interesante hablar de los errores, porque enseñan.
Cuando volvió a leer los primeros relatos, ¿cómo los encontró?En esa época estaba muy influenciado por Sándor Márai. La escritura era pesada, muy barroca, con frases que mostraban cierta necesidad de exhibirse. Con los años solté un poco esa pomposidad. Sigo siendo algo pomposo, pero trato de escribir más minimalista.
Ha publicado Historia de elefantes, cercano a la autoficción, y expone su arte. Parecen mundos distintos.Está todo relacionado. Cuando en tres meses murieron mi padre, un hijo recién nacido y mi madre, entré en un estado de locura, en un duelo que no podía resolver: se me moría uno, después otro, mientras seguía trabajando porque no podía decirles a los pacientes lo que me pasaba. Y encima sostener todo ese entorno destruido. Entonces escribí dos libros. Es tan cerca de brillar fue como una catarsis: al día siguiente de la muerte de Benjamín empecé a escribirlo en el sanatorio y pasé una semana, escribiendo sin parar: era la única forma que encontraba de hacer algo con eso. Historia de elefantes es un libro con más aire, que parte de una metáfora: qué ocurre cuando el elefante viejo tiene que retirarse de la manada. Allí cuento la historia de mis padres. Pero eso no me alcanzó. Mi duelo era sobre todo por mi viejo, el primero en morir y de quien casi no pude despedirme. Para mí era muy importante verlo tocar la guitarra y cantar con sus amigos, porque entonces lo veía feliz. También lo vi pescar y bucear, y era feliz. Reconstruí eso como una especie de homenaje inconsciente.
Y lo transformó en arte...Desarmé y reconstruí la guitarra de mi viejo. Nunca había hecho nada parecido, aunque admiraba mucho a los artistas. Me di cuenta de que aquello me ayudaba a soportar el día a día. Empecé a hacer guitarras y peces, que tenían que ver con mi infancia en Punta Fría. No hice uno: hice 100, 200. No podía dejar de hacerlos. Entre paciente y paciente iba a pintar y pegar. Era una obra muy tomada por el duelo. Después empecé con los elefantes, como símbolo de la familia. El elefante no anda solo, porque si lo hace se muere: tienen que ir todos para todos lados. Entonces empecé a hacer cuadros de elefantes, muy cargados, con madera, metal y hierro. Cuando ya tenía mucha obra, hicimos una muestra para la Fundación Canguro. Después, Emilio Bolinches fue uno de los que me impulsó a seguir trabajando. Empecé a salir del duelo y los cuadros cambiaron de color: fsalieron de los hierros y aparecieron colores más fuertes, como el rojo. El duelo se fue yendo de la obra. Ahora aparece el rinoceronte.
¿Por qué?Tiene una característica que lo hace particular: es solitario, tiene la piel dura, pero es sensible, más sensible que el elefante. Y es mucho menos peligroso que el elefante, menos mortífero y ahí empezó a hacer volúmenes con el rinoceronte. La idea es que el rinoceronte sea el analista o el psicoanalista, y la piedra, el conflicto. Pero el rinoceronte también puede ser el paciente que carga la piedra y no sabe qué hacer con ella.
¿Ser un psicólogo que publica libros y aparece en los medios hace que la gente se acerque a usted de otra manera?Soy docente de Facultad desde hace 30 años y es un lugar que me gusta mucho. Todo eso genera cosas. Entre fines del año pasado y, sobre todo, este año, hubo una explosión en las redes: empezó a llamarme gente de otros lados para analizarse, algo que nunca me había pasado. También tiene que ver con escribir libros y con lo que se genera en el otro después de leerlos. Pero si uno se lo cree, está totalmente liquidado.