Miércoles, 28 de Octubre de 2026

"Es difícil hallar hoy lugares más sectarios que la academia", dice el profesor argentino Alejandro Vigo

UruguayEl País, Uruguay 28 de octubre de 2026

Entrevistado por El País, el profesor de la Universidad de los Andes, en Chile, y doctor en Filosofía por la Universidad de Heidelberg, que visitó Uruguay invitado por la Licenciatura en Filosofía de la Universidad Católica, señala que hoy en día "hay una venta de estoicismo de segunda mano bastante rentable".

Es argentino, profesor de la Universidad de los Andes en Chile, y uno de los más reconocidos especialistas en Aristóteles, Kant y Heidegger en la región. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, y Doctor en Filosofía por la Universidad de Heidelberg, Vigo visitó Uruguay para dar una charla invitado por la Licenciatura en Filosofía de la Universidad Católica.

En esta entrevista habla de la IA y la cultura de la cancelación, pasando por el reverdecer del estoicismo y el futuro de las humanidades.

-¿Cuál es el rol de la filosofía hoy?

-Tratar de sobrevivir. La filosofía hoy sobrevive lastimosamente, pero si uno ve historia su existencia fue siempre agónica. Ya en Grecia. La filosofía nunca fue socialmente dominante. En el siglo V griego tampoco. Lo que pasa es que la visión neoclásica, cuando uno lee sobre el mundo antiguo, cree que en el siglo de Pericles todo el mundo andaba con libros filosóficos discutiendo. No, ese era un grupo casi insignificante de la población. Nadie entendía de qué se trataba esta profesión que no tenía ni nombre. Es una historia compleja, pero no creo que tengamos que tener mucha nostalgia.

-Vivimos en una época donde la capacidad de atención es cada vez más escasa. ¿Cómo se hace para estudiar filosofía en este contexto?

-Eso es tremendo. Ese es un problema pedagógico que tenemos independientemente de la filosofía, es un problema general. Hoy estamos en la época donde todo el mundo va al gimnasio, ¿no es cierto? Se entiende el entrenamiento solo respecto del físico. En cambio, la idea de que uno tiene que entrenarse en su capacidad de atender y de concentrarse no lo entiende casi nadie. Y lo que tenemos es una cultura donde el bombardeo de estímulos instantáneos es tal, desde una edad temprana, que las personas llegan a la universidad sin poder concentrarse 5 minutos. Pero no en filosofía, en cualquier materia. Eso se entrena. Cuando una persona no está habituada a concentrarse, a los 5 minutos dice que le duele la cabeza.

-Hay un tema extraño de estos tiempos que es esta nueva moda del estoicismo. ¿Cómo se explica eso?

-Hay ciertos motivos de la filosofía helenística que impactan mucho. Cuando el ideal de la polis griega colapsa, algunos decían que la libertad ya no pudo ser conseguida políticamente y tuvo que interiorizarse. En el ámbito del imperio lo que está en mi poder es mínimo, yo no puedo hacer mucho no tengo intervención en la cosa pública etcétera. Además estaba la filosofía de la naturaleza diciendo que el mundo está fatalmente determinado. Lo que queda es una libertad interior frente al determinismo. Eso sintoniza con mucha preocupación de hoy. Dicen, "Bueno, esto es un caos. ¿Cómo encuentro la tranquilidad yo en el caos que me presenta el mundo cuyo curso no depende en mí en nada?". Entonces, aparece esa vuelta sobre sí, que es una vuelta en la que se quiere lograr la impasibilidad. La ausencia de perturbación interior. Eso entronca con muchas visiones New Age y es la razón por la cual ahora hay una venta de estoicismo de segunda mano bastante rentable por
lo visto.



-Hoy en día parece que hay una amenaza de Apocalipsis cada seis meses. Si no es el cambio climático, es caída de la población, o la sobrepoblación. Ahora estamos con el "cuco" de la inteligencia artificial. ¿Cómo se ve eso desde la filosofía?

-El milenarismo es una constante antropológica. Hay un background teológico, que tiene que ver con la temática del fin del mundo. La gente muchas veces se distrae con escenarios catastrofistas respecto del fin colectivo. Si uno ve los escritos de Günther Anders, de Jaspers sobre la bomba atómica, el problema era la muerte colectiva, todos van a morir al mismo tiempo por un solo evento o algo así. Después vino el discurso verde que entronca con esa preocupación catastrofista milenarista. Y ahora es la inteligencia artificial. Pero con esto yo no estoy diciendo que sé cómo va a terminar esto. Digo que yo no le daría tanto énfasis a esa preocupación. Pongo ahí una pequeña corrección socrática: "Mire, puede ser, pero puede ser también lo contrario." Y mientras tanto, yo no sé qué hacer con mi tiempo que es finito, limitado.




-Parecería que las humanidades han perdido peso en el debate público. ¿Qué efecto tiene cuando este debate es dominado por los técnicos?

-El problema del saber de expertos, aunque parezca mentira, ya ocurrió en Grecia ese problema. Gran parte de la reflexión aristotélica sobre la ética tiene que ver con la diferencia entre la técnica y el saber prudencial, la sabiduría práctica. Por ejemplo, un médico es el más calificado en decir qué es lo que hay que hacer para proteger la salud de las personas. El problema, sin embargo, de qué hacer en una pandemia no es técnico, es político. Es como contrapesar eso con una cantidad de otras consideraciones, sobre las cuales el médico ya no tiene ninguna competencia especial. Por ejemplo, en Argentina durante la pandemia un presidente dijo: "Somos un gobierno de científicos." Bueno, esa sería la razón para renunciar en ese mismo instante. Cuando un mandatario dice, "aquí gobierna un científico", está diciendo: "yo no soy responsable".

-Hay otra cosa que está muy en boga que es este discurso de que no hay hechos y no hay interpretaciones. Esto se entronca mucho con las humanidades. ¿Se han vuelto muy militantes las humanidades?

-Yo estoy muy preocupado por el nivel de sectarismo y de incapacidad de convivencia que hay en el ámbito de las disciplinas humanísticas. Porque se supone que en ese ámbito justamente esto debería ser una auto refutación. Y sin embargo, es difícil encontrar en la sociedad lugares más sectarios que ciertos ámbitos de la academia. La política, la cancelación, todo ese tipo de cosas son productos académicos. En la sociedad si impregnan es porque viven de la academia. Y eso yo no lo había visto nunca en esa forma. En un ámbito académico se tiene que poder decir cualquier cosa, siempre que sea respetuosa y siempre que eso esté abierto a la posible réplica. Esas verdades elementales, sin embargo, están de facto abolidas en muchos lugares. En las nuevas generaciones hay una cosa, desde mi punto de vista muy grave, que es su absoluta incapacidad para tolerar aquello que no nos complace. Es decir, cualquier cosa la ven como una microagresión. Es como que hay una hipersensibilidad que es la mejor forma de disfrazar la imposibilidad de aprender nada, porque si a mí no me hubieran corregido muchísimas cosas, yo no hubiera enmendado un montón de cosas erróneas que yo hacía. Y que sigo haciendo.


La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela