Los chilenos dan un uso básico a la IA, y esta genera desconfianza incluso entre los jóvenes
El 58% de las personas declara haberla utilizado, aunque casi la mitad lo hace de manera esporádica. Los que tienen entre 18 y 24 años son quienes más la emplean, pero también mantienen una mirada crítica sobre sus capacidades y consecuencias.
La inteligencia artificial (IA) es una tecnología que ya utiliza la mayoría de los chilenos, pero muchos todavía lo hacen de manera esporádica y básica, como si fuera un buscador potenciado. Y, si bien son los jóvenes quienes más la emplean, en ellos genera desconfianza.
Estos son algunos de los principales hallazgos de la Encuesta Nacional Bicentenario UC 2026 (ver recuadro). Este año, por primera vez, se incluyeron preguntas sobre la IA: cómo la usan los chilenos y su percepción de ella.
"Si bien la utiliza la mayoría, aún estamos lejos de que la inteligencia artificial se use en forma universal. No todos se están subiendo al carro de esta tecnología", dice Ignacio Cáceres, investigador del Centro de Políticas Públicas y académico de Sociología de la UC.
Según el estudio, el 58% de los encuestados declara haber utilizado herramientas de IA, como ChatGPT, Gemini o Claude. Entre quienes las han usado, solo un tercio (33%) las utiliza diariamente, un quinto (20%) declara usarlas varias veces por semana y casi la mitad (46%) lo hace con menos frecuencia.
En su uso "se están repitiendo los mismos sesgos, la misma desigualdad" que en la adopción de otras tecnologías, advierte Cáceres. Las diferencias son especialmente marcadas por edad: mientras el 94% de los jóvenes de 18 a 24 años declara haber usado IA, entre los de 55 años o más la proporción cae al 29%. También hay una brecha socioeconómica: el uso alcanza al 70% del segmento alto y al 47% en el segmento de más bajos ingresos.
La encuesta también indagó para qué se usan estas herramientas. Entre quienes han usado IA, el 35% declara recurrir a ella siempre o casi siempre para resolver dudas espontáneas y el 34% para informarse sobre algún tema de interés. Más atrás aparecen estudiar (29%) y realizar tareas laborales (27%).
Para Paula Aguirre, vicerrectora de Inteligencia Digital de la UC, estos resultados muestran que la IA funciona principalmente como un buscador conversacional. "En Chile estamos en una etapa de exploración, todavía lejos de una apropiación profunda de las herramientas de IA", dice. Y ejemplifica: las personas usan la IA para informarse, pero solo 17% confía en que la información que entrega sea fidedigna.
Una lectura que comparte Carlos Araos, doctor en Comunicación, especialista en ciberpsicología y rector del CFT de Arica. A su juicio, las personas están utilizando menos la tecnología en ámbitos donde podría tener un mayor potencial productivo, como el estudio y el trabajo.
Aunque el 50% considera que la IA ayudará a solucionar problemas complejos en diferentes áreas, solo el 32% piensa que los volverá mucho más productivos. "Esto implica que se reconoce su valor, pero aún no se conecta con la vida cotidiana", plantea Araos.
La mirada sobre las consecuencias de esta tecnología es crítica. El 76% cree que afectará la capacidad humana de imaginar y crear; el 68% anticipa que destruirá muchos empleos y el 63% considera que repercutirá negativamente en las relaciones humanas. Además, solo el 17% está de acuerdo con que entrega información fidedigna y verdadera en la que se puede confiar.
Cáceres destaca que las principales preocupaciones van más allá de los posibles errores de la tecnología o por cómo afecte los empleos. "Estamos sintiendo una amenaza fundamental y estructural por parte de la IA", afirma, aludiendo al temor "de que afecte capacidades que nos definen como seres humanos".
Un resultado que sorprendió a Cáceres fue que los jóvenes, pese a ser los principales usuarios de la IA, mantienen una percepción crítica de sus capacidades y riesgos.
Escépticos
Entre quienes tienen entre 18 y 24 años, solo el 19% está muy de acuerdo o de acuerdo con que la IA realiza tareas complejas mucho mejor que el ser humano. En cambio, entre las personas de 45 y 54 años esa proporción llega al 50%. Asimismo, el 73% de los más jóvenes considera que esta tecnología afectará la capacidad de imaginar y crear (el promedio en todas las edades es 76%).
Para Hugo Durney, académico de la U. Tecnológica Metropolitana, estos resultados reflejan que "los jóvenes son más escépticos de lo que creemos respecto de la capacidad de la IA para reemplazar al ser humano en labores de alta complejidad multidimensional".
No hay que suponer, dice, que "por aprovechar estas herramientas, los jóvenes sean incapaces de tener una visión crítica de sus alcances".
Araos plantea dos posibles explicaciones para ese escepticismo: que los jóvenes no hayan explorado las capacidades más avanzadas de la tecnología o que, precisamente por utilizarla más, también se enfrenten con mayor frecuencia a sus errores.
Aguirre agrega que la "familiaridad y el uso frecuente no están generado una fascinación ingenua, sino que ayudan a identificar sus limitaciones y desarrollar un juicio más calibrado sobre lo que esta tecnología puede o no puede hacer".
"El hallazgo más valioso es la brecha entre uso, expectativas y temor. Cerrarla es más un desafío de alfabetización y formación que de tecnología", concluye Araos.
MetodologíaEstudio cuantitativo con representatividad nacional, mediante entrevistas cara a cara a 1.594 personas, de 18 años o más que habitan zonas urbanas.