Viernes, 30 de Octubre de 2026

Los mercados están alarmados por la sorpresiva victoria de Lula, y con razón

ChileEl Mercurio, Chile 30 de octubre de 2026

El Presidente reelecto de Brasil enfrenta la presión de evitar una recesión económica.

Lula estaba acabado, o al menos eso era lo que todos suponían. Sin embargo, Luiz Inácio Lula da Silva, el Presidente en ejercicio de Brasil, consiguió una victoria histórica. El líder de izquierda logró mantenerse en el cargo por un claro margen de casi cuatro puntos porcentuales en la segunda vuelta presidencial del 25 de octubre, pese a que tres semanas antes había quedado por detrás de su rival, Flávio Bolsonaro, en la primera vuelta. Nunca en la historia de Brasil alguien había remontado de esta manera para conquistar la Presidencia. En enero, Lula se convertirá en el primer Presidente elegido democráticamente en iniciar un cuarto mandato en el país.
Pero mientras los partidarios de Lula están eufóricos, otros están asustados. Uno de ellos es Flávio, quien buscó refugio en Estados Unidos alegando, sin fundamento, que él fue el verdadero vencedor de las elecciones. Desde hace algún tiempo, los investigadores examinan sus vínculos con un empresario acusado de lavar enormes sumas de dinero (ambos niegan haber cometido irregularidades). Al día siguiente de las elecciones, el ministro del Supremo Tribunal Federal a cargo de ese caso le ordenó entregar sus pasaportes. En lugar de hacerlo, Flávio huyó.
Más significativo aún es que los inversionistas también están huyendo de Brasil. Los mercados temen, con razón, una deriva económica y un gasto público excesivo que Brasil no puede permitirse. El real se desplomó un 8% frente al dólar al día siguiente del resultado electoral, su peor caída en una sola jornada en más de 25 años. El principal índice bursátil, el Bovespa, cerró con una baja del 14%, tras gatillar en su caída el circuit breaker , el mecanismo que suspende las operaciones. Si Lula quiere mejorar la situación de los brasileños pobres, evitar una crisis y proteger su legado, sus últimos cuatro años en el poder tendrán que ser muy distintos de los cuatro anteriores. Para empezar, deberá convencer a los inversionistas de que está dispuesto a cambiar de rumbo.
Los inversionistas querían que ganara Flávio, en buena medida porque confían aún menos en su adversario. Durante años, sucesivos gobiernos, incluido el de Lula, han gastado de manera descontrolada. Eso ha obligado al Banco Central a elevar la tasa de interés real, que hoy está en 9%. Solo un puñado de grandes países destina al pago de intereses de su deuda una proporción del PIB mayor que la de Brasil. Todo esto perjudica la inversión, presiona a las empresas y los hogares, y frena el crecimiento. Aunque Brasil cuenta con recursos naturales, entre ellos petróleo, extensas tierras agrícolas y enormes reservas de minerales críticos, durante décadas ha crecido más lentamente que otros países comparables.
Reducir el gasto público es fundamental para reactivar la economía. El gobierno de Lula registra un déficit fiscal superior al 9% del PIB. El FMI prevé que la deuda pública alcance este año el 97% del PIB, frente al 84% de 2022. Si Lula pretende cambiar su manera de actuar, primero deberá desmarcarse de sus declaraciones durante la campaña, cuando desestimó la necesidad de disciplina fiscal. También prometió nuevas y cuantiosas dádivas. Es probable que las nuevas políticas sociales que Lula ha anunciado este año le cuesten al fisco el equivalente a cerca de un 2% del PIB hacia fines de 2027.
Lula, que cumplió 81 años el 27 de octubre, ha desplegado una energía admirable en las semanas transcurridas desde que la primera vuelta electoral le dio una lección de humildad. Reorganizó su campaña y cambió de estrategia. Ahora necesita reunir ese mismo vigor para relanzar su programa de gobierno. Debería comenzar por nombrar a un ministro de Hacienda que inspire confianza a los inversionistas. Luego tendrá que anunciar un plan creíble de reforma fiscal.
Una tarea urgente es aprobar un límite al gasto público para estabilizar la deuda de Brasil. Lula necesita eliminar los numerosos beneficios tributarios que han proliferado y que favorecen a empresas ineficientes con lobistas bien conectados. El gasto público brasileño está aumentando, en parte por pensiones privilegiadas -en especial las de funcionarios públicos y militares-, que suben más que la inflación.
Durante su próximo mandato, Lula podrá cubrir un número inusualmente elevado de vacantes, entre ellas dos puestos en el directorio del Banco Central y cargos en el organismo de supervisión financiera de Brasil. Especialmente importantes serán las cuatro vacantes del Supremo Tribunal Federal, una institución politizada y salpicada por acusaciones de corrupción.
No hay tiempo que perder
Poco de esto será fácil, y por eso los mercados han entrado en pánico. Sin embargo, si el Presidente reelecto de Brasil considera que su victoria electoral es una excusa para redoblar la apuesta por las políticas que le permitieron derrotar a Flávio, provocará una crisis fiscal y una profunda recesión. Su brillante triunfo quedará reducido a cenizas.
Artículo traducido por Economía y Negocios.
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