Domingo, 01 de Noviembre de 2026

" Si se va a ejercer una labor parlamentaria seria (...), nadie que diga que apoya al Gobierno podría votar a favor (de la AC)"

ChileEl Mercurio, Chile 1 de noviembre de 2026

El recién asumido vocero admite que al Gobierno le ha faltado "hacer política" y anticipa una relación más intensa con los partidos. Defiende la determinación de Kast de respaldar a Rabat y lanza un mensaje a quienes aspiran a sucederlo en 2030: no pueden estar "en las buenas" con el Ejecutivo y distanciarse "de las malas". "No todo es aumentar las tasas de crecimiento, sino que también hay que hacer mucha política. Y buena política". "No fue La Moneda, fue el Presidente el que decidió dar un paso al frente (en el caso Rabat) y avanzar en una solución definitiva".

Gonzalo Arenas asumió la vocería del Gobierno el miércoles 21, el mismo día en que estalló la crisis por las rebajas de penas a agresores sexuales. Desde entonces, su debut ha estado marcado por la defensa del ministro Fernando Rabat, una controversia que terminó involucrando directamente al Presidente Kast y abrió diferencias con los partidos oficialistas. Acá, Arenas aborda esas tensiones, reconoce déficits en la articulación política y explica el proyecto que busca impulsar más allá de 2030.
-El Presidente decidió respaldar personalmente a Fernando Rabat, pese a reconocer errores políticos y humanos, en un tono diferente de lo ocurrido con las exministras Steinert, Duco y Sedini. ¿Qué explica esa diferencia de criterio?
-Aquí tenemos un ministro que cumplió con la ley, cumplió con la Constitución y, por lo tanto, estaba ejerciendo sus funciones dentro del marco de lo que es su función como ministro de Justicia. Hay un tema muy importante para el Presidente: a los ministros y la acción de gobierno hay que juzgarlos por la realidad y no por las imágenes políticas que se construyen al fragor de los debates. Aquí se ha construido una imagen absolutamente injusta, de que existiría un ministro que anda liberando delincuentes, como una especie de gran dador de rebajas de penas. Pero despejado todo el bullicio político, encontramos que aplicó la ley, una mala ley, pero que tuvo que aplicarla y que está dispuesto a darle una solución de fondo.
-¿Por qué La Moneda optó por involucrar al Presidente en lugar de contener el conflicto en Justicia?
-No, ojo, no fue La Moneda, fue el Presidente el que decidió dar un paso al frente y avanzar en una solución definitiva.
-¿Y cómo se evaluaron las consecuencias políticas de esa decisión?
-Esas decisiones no se pueden evaluar por puntos más o menos de adhesión en las encuestas, porque son actitudes que reflejan coraje moral. Y el coraje moral no se mide por encuestas, sino por resultados. Yo creo que el resultado de esta actitud del Presidente va a ser una ley que solucionará de forma definitiva estos graves problemas que afectan a niños vulnerados con crímenes tan horrendos.
-¿Qué tendría que ocurrir para que Rabat dejara el gabinete?
-No tener la confianza del Presidente.
-¿El Presidente tiene todos los antecedentes para mantener esa confianza?
-Con todos los antecedentes que tiene el Presidente, el ministro cuenta con su confianza.
-Rabat también ha adquirido un papel más amplio dentro del Gobierno, como interlocutor en materias ajenas a Justicia. ¿Es así?
-Es correcto. El ministro Rabat ha tenido una participación en las discusiones legislativas en el Congreso muy destacada. Ha generado lazos de confianza con parlamentarios de todos los sectores, es muy estudioso y ha ayudado a muchos otros ministerios, por ejemplo, al de Seguridad, a avanzar en agendas legislativas. Ha tenido un valor para el Presidente mucho más allá del Ministerio de Justicia.
-¿Cuánto influyó ese papel en la decisión de mantenerlo?
-Yo creo que lo que más influye es si el ministro hizo lo que la Constitución y la ley establecían. Eso es lo fundamental, más allá de si un ministro puede servir para muchas actividades o incluso de las simpatías personales.
La salida de Silva: "No esperamos que cambie el fondo de la situación"
-El video en que Luis Silva explicó que firmó los decretos siguiendo el criterio establecido por Rabat. ¿Qué evaluación se hizo de esa intervención?
-Primero, el Gobierno no sabía de ese video. Nosotros consideramos que es un profundo error por parte del subsecretario Silva.
-¿Se lo representaron así?
-Se lo representamos así. Fue una imprudencia temeraria, porque somos un gobierno, actuamos en equipo y, por lo tanto, un tema que incluso ni siquiera el ministro sabía, me parece un profundo error que debe tener consecuencias.
-Finalmente, el Presidente decidió remover a Silva. ¿Cómo afecta esa decisión en la crisis que enfrenta el Ministerio de Justicia?
-No esperamos que la salida del subsecretario cambie el fondo de la situación. Su salida no se debe a la firma de los decretos. Se debe a que cometió un grave error con la publicación de ese video.
Frente a AC: "El Presidente pide lealtad a la Constitución"
-T13 dio cuenta de advertencias internas que habría recibido Rabat sobre los riesgos de las rebajas de condenas. ¿Qué ocurrió con esas informaciones?
-Cuando uno lo llama advertencias, suena como que hubo una porfía por parte del ministerio en no advertir algo que podía ser complejo. Hay que analizar cada una. Primero, lo que le dijo el exministro Gajardo, a lo cual Rabat hizo caso porque siguió aplicando la misma práctica de apelar los decretos que concedían rebajas de condenas. Después, las dos siguientes, más que advertencias son reuniones de trabajo para llegar a una convicción, donde se ponen en discusión los pros y los contras. Conociéndolos, tomó su decisión.
-Usted dijo que Kast busca mantener los partidos políticos "a raya". ¿Cómo se compatibiliza esa idea con la necesidad de construir una mayoría que respalde al Gobierno?
-Hay un sentido muy portaliano de entender el Gobierno. En Chile, la figura del Presidente de la República ha estado concebida como la gran autoridad independiente de los partidos políticos, de las facciones, de sectores de la sociedad y el principal garante del bien común. Los partidos políticos legítimamente tienen agendas sectoriales, que muchas veces no comprenden a toda la sociedad. El Presidente es quien tiene que dar esa garantía. Más que mantener a raya, lo que uno quiere decir es que los gobiernos mantienen su legitimidad democrática mientras den garantías a todos sus ciudadanos de que están abocados al bien común. Cuando se ve que un sector político se apropia del Estado, este funciona solamente para algunos y ahí viene la deslegitimidad y la debilidad de los gobiernos.
-Pero la crisis de Rabat ha generado diferencias entre La Moneda y Chile Vamos. ¿Hasta dónde llega la obligación de lealtad de los parlamentarios oficialistas frente a decisiones que no comparten?
-Aquí estamos hablando específicamente de una acusación constitucional. El Presidente no les está pidiendo lealtad a un gobierno, les está pidiendo lealtad a la Constitución, porque aquí no se configura ninguna de las causales que permiten una acusación constitucional. Si se va a ejercer una labor parlamentaria seria, con lealtad a la Constitución y a su espíritu, ningún diputado de los que dicen apoyar al Gobierno podría votar a favor de algo que tiene errores humanos grandes y errores políticos grandes, pero que desde el punto de vista jurídico-administrativo no configura ninguna causal de infracción a las leyes o a la Constitución.
-Parlamentarios de la UDI llegaron a preguntar si el Partido Republicano quería que abandonaran el Gobierno. ¿Cómo se resuelven esas diferencias?
-Los partidos siempre están en crisis, siempre viven en una situación de ansiedad, de preocupación, porque son quizás los grupos intermedios que más cerca están de las necesidades de la gente. Son muy susceptibles a los humores sociales y por eso son tan importantes para un gobierno, porque quizás son el cable a tierra que puede tener en el día a día. Yo creo que estas disputas tienen que ver más con la lucha política que se está dando con la oposición que con problemas de fondo. En muchos casos hay problemas de coordinación, más que problemas fundamentales en cuanto al apoyo al Gobierno.
-¿Qué lecciones deja esta crisis respecto de la relación que debe tener La Moneda con sus partidos?
-Que debemos tener una relación mucho más intensa con los partidos, especialmente a través de sus parlamentarios y las autoridades locales. Quizás, en el fragor del día a día, muchas veces nos olvidamos de que hay componentes políticos también en este proyecto, que no todo es aumentar las tasas de crecimiento, sino que también hay que hacer mucha política. Y buena política. Yo creo que ahí tenemos un déficit que tenemos que subsanar. Lo hemos conversado con el ministro y queremos tener una relación con los partidos políticos más intensa.
-¿Qué resultados han tenido las gestiones del Gobierno para conseguir apoyos parlamentarios frente a la acusación constitucional?
-Muy buenos. La mayoría de los parlamentarios con los que hemos hablado entienden que aquí no hay ninguna causal de acusación constitucional que se configure. Hasta el momento, hemos tenido apoyo de prácticamente todas las bancadas que apoyan al Gobierno, incluso de parlamentarios del PDG y de libertarios.
-El Gobierno ha intentado concentrar su agenda en crecimiento, empleo y seguridad, pero la crisis de Justicia domina la discusión pública. ¿Cómo pretende recuperar la iniciativa política?
-La iniciativa política siempre se recupera con buenos argumentos. Yo creo que, mientras pasen los días, se logre aprobar esta ley que resuelve definitivamente el problema y se adopten las medidas necesarias para que esto nunca más vuelva a ocurrir, la iniciativa política se va a ir trasladando a lo que realmente es el justo mérito de lo que se hizo, lo que se hace y lo que se debería hacer para que estas situaciones no vuelvan a ocurrir.
-¿Y cómo queda la agenda legislativa del Gobierno, especialmente en seguridad, donde el propio Rabat tiene participación?
-Hemos avanzado mucho en la agenda de seguridad, quizás es la agenda legislativa que más ha avanzado en el Congreso. Hay que distinguir las peleas políticas contingentes de aquellos proyectos de ley de largo plazo, que son políticas de Estado y que no deberían contaminarse unos con otros en las votaciones.
Dotar de contenido "más político" a la vocería
-Su llegada a la vocería buscaba reforzar las comunicaciones. ¿Qué sello quiere imprimirle?
-Darle un contenido quizás más político a la labor de la vocería. No solo el día a día, sino también una visión de un proyecto político del Gobierno. Estamos convencidos de que este Gobierno tiene un proyecto que quiere llegar más allá de 2030, y darle cuerpo a ese lenguaje político que queremos desarrollar es una de las partes de la vocería en que me gustaría marcar un sello.
-¿Cómo se planea ese objetivo más allá del actual mandato?
-Si bien el Presidente ha dicho que no somos una coalición de gobierno, sí queremos tener un proyecto político común y él espera que muchos partidos se sumen a ese proyecto. Hay que advertir, sobre todo en algunos sectores de la derecha, que cuando a un gobierno de un sector le va mal, el gobierno siguiente es del signo contrario. Si a este Gobierno le va mal, el próximo gobierno es de una izquierda más radical que la de Boric o de un populismo desatado. Por eso, aquellos que creen que se puede estar en las buenas con el Gobierno, tener todas las cosas buenas y distanciarse de las malas, están jugando a una ilusión que nunca ha existido. Cuando un sector político pierde, pierde todo ese sector, independientemente del apellido que tenga el grupo de derecha determinado. Si hay algún candidato de derecha, centroderecha o de centro, que pretenda suceder al Presidente Kast en 2030, su primera preocupación debe ser que a este Gobierno le vaya muy bien.
-El Gobierno se ha definido como uno de emergencia. ¿En qué momento debería cambiar ese relato por uno centrado en resultados?
-No nos vamos a desembarazar nunca del gobierno de emergencia, porque seguimos sintiendo que este es un gobierno de emergencia y que tenemos esas tres prioridades: crecimiento económico, delincuencia y emergencia social. Son tres pilares que van a servir para construir un proyecto político que vaya más allá de 2030.
-Pero el Gobierno enfrenta una caída en las encuestas y señales de desesperanza. ¿Por qué su mensaje no ha logrado permear?
-La esperanza es fundamental. Me gusta mucho un historiador alemán, Leopold von Ranke, que hablaba de que las sociedades progresan por energías espirituales más que por condiciones objetivas materiales. Entre esas energías está la esperanza y la confianza en el futuro del país. Sin esperanza de futuro, los países no se ponen de pie. Y es una de las cosas que el Presidente está tratando de impulsar. Cuando uno ve su optimismo, no es voluntarismo: está convencido de que esa esperanza de futuro es lo que tiene que transmitir el Gobierno.
-¿No cree que el propio diagnóstico de un país "postrado" contribuyó a ese clima?
-Yo creo que en muchos casos nos quedamos cortos con el diagnóstico. Pero la baja en las encuestas no se debe a ese diagnóstico, sino a circunstancias objetivas. Tenemos un problema de desempleo, de crecimiento y del precio de los combustibles. Es normal que tengamos estos niveles de aprobación. Los países son como los organismos vivos: cuando un cuerpo está sano, ninguna enfermedad lo afecta; cuando está enfermo, empiezan a aparecer síntomas de todas las cosas. Estamos en un período de recuperación, y estoy seguro de que en 2027 este enfermo que recibimos postrado va a estar de pie y sano.
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