Lunes, 02 de Noviembre de 2026

Educación para otra época

ChileEl Mercurio, Chile 1 de noviembre de 2026

A mi juicio, el tránsito del mundo industrial al digital, con la IA generativa a la vanguardia, traerá cambios de magnitud al menos comparables con los de la Revolución Industrial.

La inteligencia artificial (IA) representa, desde ya, una disrupción en el mundo del conocimiento experto. Encierra por igual la posibilidad de una enorme expansión de las capacidades humanas y serios riesgos que obligan a avanzar con resguardos. Por repetidas que sean las fórmulas, estamos ante un cambio epocal, civilizacional o evolutivo, o ante una nueva revolución posindustrial.
La gran Revolución Industrial del siglo XVIII transformó, desde entonces y hasta fines del siglo XX, todos los aspectos constitutivos de la sociedad (tecnoeconómicos, político-institucionales, normativo-culturales, de individuación y de agencia humana), con fuertes implicancias para la educación.
Su consecuencia fue una aguda conciencia de los desquiciamientos que afectaban al Antiguo Régimen y del alumbramiento de la moderna sociedad industrial, con su crecimiento urbano y su democratización, la lucha de clases, la escuela de masas, los incipientes Estados de bienestar, el imperialismo y el colonialismo. Lo muestra, a lo largo del siglo XIX, el nacimiento de la sociología clásica (Marx, Weber) y de la gran literatura social (Dickens, Zola, Hauptmann).
Pocos expresaron esa conciencia con mayor fuerza que Marx y Engels en el Manifiesto de 1848. La época de la burguesía, escriben, vive en perpetua agitación productiva y sacude sin tregua las relaciones sociales, de modo que lo heredado se derrumba y lo nuevo envejece antes de arraigar. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, y lo que se consideraba santo es profanado junto con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables.
En apenas un siglo, declaran, la burguesía había creado fuerzas productivas superiores a las de todas las generaciones pasadas juntas, y las enumeran con asombro de poetas: la maquinaria, el vapor, el ferrocarril y el telégrafo, la química industrial, poblaciones enteras surgidas de la nada. Se preguntan quién, en los siglos anteriores, pudo sospechar que tales energías dormían en el seno del trabajo humano. Y enseguida anotan el reverso: la sociedad burguesa se parecía al brujo que ya no puede dominar las fuerzas infernales que él mismo desató con sus conjuros.
Décadas más tarde, Weber advertiría que el mercado, abandonado a su propia legalidad, "no repara más que en la cosa, no en la persona", lo que, entre nosotros, el presidente Aylwin resumió en cuatro palabras: "el mercado es cruel".
A mi juicio, el tránsito del mundo industrial al digital, con la IA generativa a la vanguardia, traerá cambios de magnitud al menos comparables con los de la Revolución Industrial, y justificará un asombro parecido al de Marx y Engels. Si el Manifiesto se escribiera hoy, su catálogo de prodigios incluiría a AlphaFold, el sistema que predijo la estructura de casi todas las proteínas conocidas (unos doscientos millones) y cuyos creadores recibieron el Nobel de Química en 2024. Hoy, cualquier investigador puede encargar a un asistente la revisión de cientos de artículos en minutos, y cada estudiante podría tener el tutor personal que durante siglos fue privilegio de los príncipes.
¿Qué puede significar esto para la educación?
En un terreno ya conocido, avanzan la flexibilización y la modularización de los estudios, el acortamiento de los programas, la hibridación y la virtualización de la enseñanza, las microcertificaciones, la personalización, las simulaciones y las tutorías con IA. Paradójicamente, todo ello va en contra de la multiplicación de reglas y estándares, procedimientos de evaluación y control, y exigencias de desempeño y de cumplimiento burocrático que nuestro sistema impone hoy a las instituciones educativas.
En una fase más avanzada, asoman desafíos de mayor complejidad: tiempos de aprendizaje acelerados, múltiples agentes de producción de conocimiento, formación continua (formal y no formal) a lo largo de la vida, pérdida del monopolio académico sobre la certificación, desacoplamiento entre investigación y docencia, ambientes laborales de IA que redefinen los procesos formativos y ofertas educativas globales para adquirir y gestionar conocimiento.
Por último, en el terreno de las utopías y de sus reversos distópicos (aquello que, literalmente, no tiene lugar), se sitúan la supresión del trabajo humano, la fusión de mente y máquina, la hiperaceleración sin límites del conocimiento, una externalización cognitiva generalizada y el dominio del mundo por dispositivos superinteligentes. Frente a esas ambiciones sin límites, León XIV recordó en Magnifica humanitas (2026) que el ser humano "no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite".
El "Fausto" de Goethe ofrece una pista más cercana a la sala de clases. En el "Prólogo en el cielo" (1808), el Señor explica por qué tolera a Mefistófeles. La actividad del hombre, dice, decae con demasiada facilidad; pronto se entrega al reposo absoluto. Y por eso le asigna un compañero que lo aguijonee. La IA puede cumplir ese oficio o el contrario.
En Turquía, un experimento con casi mil alumnos de enseñanza media de matemáticas (Bastani y otros, PNAS, 2025) mostró que, con GPT-4, mejoraban sus notas en la práctica en un 48%, pero que, sin la herramienta, rendían un 17% menos que quienes nunca la habían utilizado. La habían usado como muleta. Una versión diseñada como tutor, que daba pistas en lugar de respuestas, mejoró en un 127% las notas de práctica y atenuó en buena medida ese daño. En El Salvador, un piloto de política con tutores de IA, apoyado por el Banco Mundial, logró acelerar las trayectorias de aprendizaje, alcanzando métricas de desempeño cognitivo en escuelas públicas equiparables a los promedios de sistemas educativos de naciones desarrolladas como Alemania y Suecia (World Bank Blogs, 2026).
" ¿Qué puede significar esto para la educación?
En un terreno ya conocido, avanzan la flexibilización y la modularización de los estudios, el acortamiento de los programas, la hibridación y la virtualización de la enseñanza, las microcertificaciones, la personalización, las simulaciones y las tutorías con IA".
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