Feria de Cantón
Qué diferente esta feria donde se dan cita concreciones, de las ferias de palabras que reúnen a políticos y burócratas, donde nadie se detiene a escuchar y todos se concentran en sonidos vacuos.
Es probablemente la feria más grande del mundo. Miles de expositores con miles de productos que se ofrecen. Miles de compradores y visitantes, todos ávidos y sorprendidos: infinidad de naciones y culturas. Todas las lenguas imaginables. Es el mundo el que se da cita en esta feria. No solo bienes que se ofrecen y transacciones que se realizan; allí se manifiestan todas las necesidades, anhelos e ilusiones terrenas que mueven nuestra vida material.
Una feria es el lugar de las concreciones. Nada allí es vano. Todo tiene valor y todo capta la atención: lo preexistente está mejorado y lo nuevo no pasa desapercibido. Lo que se ofrece expresa un largo trabajo: no solo de producción y de ventas, sino muy especialmente de estudio de necesidades específicas para personas muy determinadas en actividades claramente definidas. Y la feria tiene por objeto producir el encuentro entre el que produce y el que necesita, reuniéndolos en torno a realidades precisas para bien de ambos y de la sociedad a que pertenecen.
No obstante su novedad, esta feria es la continuidad de una actividad humana manifestada a lo largo de los milenios. La historia está llena de estos encuentros donde, además de los intercambios materiales, se van generando imperceptibles intercambios culturales que solo se manifiestan al cabo de un largo tiempo enriqueciendo a la humanidad.
Qué diferente esta feria donde se dan cita concreciones, de las ferias de palabras que reúnen a políticos y burócratas, donde nadie se detiene a escuchar y todos se concentran en los sonidos vacuos con que cada uno pretende levantar su propio ego. La Asamblea Anual de las Naciones Unidas constituye el punto alto de la vaciedad y la inoperancia. Allí las palabras valen solo porque suenan bonitas sin que se les exija que muestren algún camino factible. Los que participan se dicen conductores de pueblos, cuando, en realidad, no son más que seguidores de modas intelectuales que ven a las sociedades como estereotipos preconcebidos. Y, sin embargo, !cómo goza de buena prensa¡ Es el mundo al revés.